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Loreto Socorro: “Intento contar de forma cercana, natural, como en una conversación”

“Traigo, muchas veces, los relatos a lo cotidiano, a lo nuestro, empleando canarismos”, comenta esta cuentacuentos

Loreto Socorro, cuentacuentos y pitera.

Loreto Socorro, cuentacuentos y pitera.

Loreto Socorro (Telde, 1968) se dedica a contar cuentos, pero también a mantener la tradición familiar del trabajo con el hilo de pita y con la lana. Lleva toda la vida contando historias porque, tanto en su familia materna como paterna, eran grandes narradores orales, por lo que aprendió de forma natural, aunque, en los últimos tiempos, ha recibido una mayor formación para poder dedicarse a ello de manera profesional. Acaba de subir su primer cuento a ‘youtube’ donde refleja esa manera tan próxima de llegar a los oyentes adaptando los relatos al entorno isleño y empleando los canarismos que tanto le gustan.

Loreto, ¿desde cuándo es usted cuentacuentos?

Ante gente desconocida, que no fueran familiares y amigos, comencé hace dos años coincidiendo con el Día del Libro en el Colegio Príncipe de Asturias donde empecé por una clase y acabé narrando para todo el colegio. Luego me atreví a participar en la maratón de cuentos de Gran Canaria. Al poco tiempo, en la Biblioteca de las Ranas, vi que se hacía un taller de narración oral. Conocí allí a Pep Bruno que al tercer día me colocó en la plaza de Santa Ana a contar para un grupo de escolares y otro de adolescentes y pensé que quería hacer eso toda la vida.

¿Anteriormente ya se dedicaba a la narración oral?

Toda la vida he estado contando historias. Crecí con ello. Tanto en mi familia materna como paterna había grandes contadores. Me gusta decir que soy mar y montaña porque mi padre se crio en Melenara y mi madre en unas cuevas en Pinosanto. En la zona de los marineros contaban más las mujeres que los hombres y en el campo mi abuela era de dichos e historias cortas. Sin embargo, mi abuelo materno era un gran contador. Crecí en una cultura muy oral donde solo había televisión los viernes y sábados al carecer de luz eléctrica y donde se escuchaba y contaba en cualquier ocasión, tanto regando los matos, como ordeñando las vacas o haciendo queso. Mi abuelo me transmitía las imágenes. Todavía veo cómo un compañero de la guerra disparaba y la bala volaba y atravesaba un vaso metálico… Aprendí de forma natural.

¿Es usted autodidacta?

Bueno, también me he formado. Acudí a varias sesiones a La Zafra, en Vecindario. Siempre que puedo voy a los Labrantes en Arucas. También, a un taller en las bibliotecas de Telde con María Buenadicha. Comencé a aprender con una narradora Argentina, Mariela de la Sota y me he formado en una escuela de cuentacuentos en Madrid, con Victoria Siedlecki. De modo online, con la pandemia, he realizado muchos cursos y escuchado a gente de todo el planeta. He leído mucha teoría y cuento popular. Me he puesto a escribir y a contar para mí misma en voz alta.

¿Por qué eligió este oficio?

Me dedico también a otros. Estoy intentando recuperar un trabajo artesanal de mis ancestros con el hilo de pita. Me gusta presumir de que soy pitera porque mi bisabuela hacía con el hilo las coyuntas, soga y cuerdas y yo he aprendido. Trabajo, asimismo, la lana, con la que creo muñecos que me ayudan en los cuentos. Ahora, durante la pandemia, he comenzado a grabar cuentos para los colegios a los que ya no podía ir y para maratones online. Me llegó una convocatoria para participar narrando con la Asociación Mano de narradores de Madrid, un proyecto llamado Cuentos para acompañarnos y que se emplea para estar cerca de gente en situación vulnerable, que está sola. Cuando se supere la Covid, me gustaría seguir haciendo este voluntariado. Durante media hora disfrutan de la compañía de la narración oral y les deja temas en que pensar después. Quiero fomentar esta idea en Canarias.

¿Cómo le está resultando subir los vídeos de las historias a youtube?

Acabo de subir el primero. Me parece una experiencia interesante. Las críticas están siendo buenas. Tengo también una pagina web en construcción. Cuando me quise convertir en emprendedora contacté con la Fulp, que tiene un programa que me ha ayudado en mi proyecto de la narración oral, de cuento tradicional e historias propias que escribo, así como historias que rescato, de vida. Hago cuentos personalizados. Tú me cuentas un relato y yo lo expongo en cumpleaños o aniversarios. El más hermoso ha sido para una boda. Una pareja contactó conmigo para pedir que le escribiera su historia de amor en un cuento. Luego se lo narré de viva voz y lo grabamos en un vídeo. Se trata de una sorpresa que esperan ofrecer a sus invitados el día en que se puedan casar.

Es decir, que las narraciones son suyas y de otros…

Me gusta mucho el cuento tradicional que lleva siglos contándose y que sobrevive por algo, pero también lo que yo escribo o las vivencias ajenas si me dejan transmitirlas.

¿Cuántos cuentos tiene en su repertorio y cuánto dura una sesión?

Unos 50. Las sesiones suelen durar, entre 40 minutos y una hora para adultos y público familiar. Para los más pequeños, 20 o 30 minutos como mucho, para que no se cansen. Recientemente, he podido hacer dos sesiones para la Asociación Atlas, con otros dos narradores, Orlando Santana y Cristina Cabrer y luego he acudido a la azotea de la Biblioteca Insular para narrar, siempre respetando el aforo limitado actual. He podido asistir también, hace poco, a varios institutos. A pesar de la pandemia, los cuentos se pueden narrar al aire libre y en aulas ventiladas con mascarilla.

Dígame cuáles son los relatos más interesantes y por qué...

Todos los que tienen que ver con los ancestros femeninos de mi familia. Persigo mantenerlas vivas. Eran mujeres poderosas. Como soy la mayor de cinco hermanas experimenté ciertas cosas del pasado, como eran ir a buscar agua a un pilón porque no había en casa de mi abuela. Tuve vivencias que ahora parecen muy lejanas, pero de las que aprendí en aquel momento y que realizaban estas mujeres.

¿Tienen moraleja sus narraciones? ¿Aportan algún aprendizaje?

Moraleja no, pero sí viajar en el tiempo y ver cómo era la vida entonces. Me gusta narrar experiencias propias que los demás puedan sentir en su imaginario, en su biografía.

¿Son solo historias canarias?

Me gusta aportar canariedad a las cosas. A lo mejor cojo un cuento que no tiene nada que ver con las Islas y al gigante de la historia lo sitúo en La Aldea y explico que vivía allí porque estos seres abundaban aquí. Sin llegar a ser nacionalista me gusta traer los relatos a lo cotidiano, a lo nuestro, utilizar los canarismos.

Tiene usted una manera muy especial de contar. ¿Cómo la considera con relación a otros cuentacuentos?

Intento contar de una forma cercana, natural, como si fuera una conversación que mantengo con quien me escucha. Pretendo que entiendan las imágenes que quiero expresar y aporto el toque de canariedad, pero también sé contar en inglés porque viví en Inglaterra y rescaté algunos cuentos de la abuela de una casa donde habité. En los colegios comencé con Grúfalo, un cuento de autor. Incluso fabriqué muñecos de lana con los personajes. También narré el cuento de Princess Moon y otros, mezclando castellano e inglés. He realizado algún curso de story telling para prepararme mejor. He apreciado que los estudiantes captan bien los relatos en la lengua británica.

¿Le gustaría añadir algo para próximas generaciones?

Pues me gustaría que los adolescentes aprendieran a contar historias, a escuchar y a recuperar de sus mayores los relatos, que en su entorno sigan vivas las historias contadas.

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