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Cantautor

Andrés Suárez: “Cuando uno lo arriesga todo, llora y sangra, salen los verdaderos versos”

El cantautor ferrolano Andrés Suárez, que actúa en el Auditorio Alfredo Kraus, con su disco homónimo, el 14 de marzo. | | LP/DLP

El cantautor ferrolano Andrés Suárez, que actúa en el Auditorio Alfredo Kraus, con su disco homónimo, el 14 de marzo. | | LP/DLP

El cantautor Andrés Suárez (Ferrol, Galicia, 1983) presenta, el 14 de marzo en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, su octavo álbum de estudio, ‘Andrés Suárez’, un trabajo homónimo de diez canciones lleno de luz en el que el artista se desnuda emocionalmente como nunca lo había hecho ante su público revelando historias personales con un mensaje universal, con el que todos podemos identificarnos. Talento, creatividad, constancia y una indiscutible calidad de música y letras son las claves de un éxito que muestra en un potente directo en acústico este artista de nueva generación. 

¿En qué se distingue este octavo álbum de estudio de los siete anteriores?

Es un disco homónimo por algo. Es el más personal, donde me atreví a contar absolutamente todo, lo que me trajo más de un problema porque cuando uno se desnuda tanto, a veces hace daño sin querer a protagonistas de la canción. No solo soy yo, hay más protagonistas siempre. Me atreví a contarme, a mirarme, a rendir homenaje en vida a mucha gente que me rodea y me hizo bien. Creo que los homenajes han de ser en vida y me sentó bien haberme sincerado con el público pero, sobre todo, conmigo mismo.

Se convirtió en número uno de ventas en su semana de lanzamiento...

Estoy muy agradecido porque había sacado discos, pero no en una pandemia mundial. Tengo un público tan maravilloso que convierten el disco en número uno en mitad de esta crisis. La gente salió de sus casas para comprar el álbum y agotarlo y eso hace que esté en deuda con ellos para siempre. Ha sido muy emocionante que en los días más horribles que todos recordamos la gente se haya acordado de la cultura, lo que al final, nos hace mucha falta para evadirnos de la realidad que tanto nos defrauda.

¿Qué contienen esas diez canciones “llenas de luz donde se desnuda emocionalmente”?

Contienen amor, desamor y rabia por momentos, melancolía o dolor. A las canciones les sienta bien esto. Cuanto más melancólicas, mejor. Yo cuando soy feliz, me dedico a ello, pero cuando a uno lo dejan y pierde su casa, lo arriesga todo y llora y sangra salen los verdaderos versos. Las canciones, cuando más pasadas por la realidad que, a veces llora, mejor.

¿Cuál es la más especial?

Es muy difícil responder. Dicen que la música es mujer, así que yo tengo hijas. Cada canción y cada disco son una hija. En este álbum hay temas muy especiales. Uno, en particular, me emociona mucho porque me atreví a cantarlo al que era mi mejor amigo en octavo de EGB. Murió de sobredosis de cocaína. Se titula Todavía puedo oírte y duele escribirlo y cantarlo. Sin embargo, me hace bien. Hay canciones que sanan.

Se trata de historias personales con un mensaje universal con las que todos podemos identificarnos. Explíqueme esto...

En estos tiempos cuando un grupo de amigos se reúne habla de despidos y fallecimientos. El lenguaje universal de las canciones es el amor, incluso cuando tratan de desamor. Necesitamos ver a gente llorar o reír, a madres abrazarse a sus hijos en los conciertos…

¿Cómo son sus directos? Se dice que tiene un potente directo acústico...

Soy muy intenso, pero creo que no es del todo malo. Necesito ser intenso, vivo al límite en todos los sentidos. Si quiero, lo hago hasta el final y si lloro es hasta que me quede sin lágrimas. Si me río será hasta que me duela el cuerpo. No sé ser de otra manera y en directome comporto igual. Me dejo la espalda, la garganta, la piel y la voz porque creo que alguien que paga una entrada para verte, y más en estos días, se lo merece todo. Trato de quedarme sin voz y agotado ya que si has hecho kilómetros para verme haré que cada metro valga la pena.

¿Refleja en sus temas la tan conocida nostalgia gallega? ¿Ese sentimiento algo melancólico de su tierra?

Los gallegos tenemos también sentido del humor, pero es verdad que uno es de donde nace y crece y yo lo hice con lluvia y agua de mar. Mi jardín fue de arena de playa con agua de mar en las paredes. Crecí en la playa de Pantín. Y eso me lo llevo a la tumba. Es mi acento, mi manera de pensar y de ser, esa suerte de recuerdo en el que vivo permanentemente de mi tierra. Si pudiera elegir el final de mis días sería en Galicia. Soy más gallego que cantante, aunque agradezco todos los lugares donde me quieren.

“Soy muy intenso, vivo al límite; si quiero lo hago hasta el final y si me río será hasta que me duela el cuerpo”

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¿Cómo le ha resultado, en solo una década, pasar de tocar en los bares de su Ferrol natal o en el metro de Madrid, a llenar el Wizink Center y abarrotar teatros y estadios?

Fue en más de una década. Puedo presumir de lentitud porque creo que las prisas en mi trabajo son horribles, es decir, el querer vender, abarcar, llenar y agradar al público. Pienso que es maravilloso cantar para tres personas y que dos sean los camareros, quiero decir con ello que, si sabes cantar para pocos y lo valoras, lo harás cuando cantes para cien. Es más, no creo que sepas lo que significa cantar para 5.000 si no lo has hecho antes para cinco. Ahora que tanto sufren los hosteleros y los garitos recuerdo con mucho cariño aquellos sitios donde éramos cuatro. Me acuerdo del Cholas, del Paper, del Cuasquías… lugares donde estábamos muy pocos y fui intensamente feliz.

Se considera cantautor, pero también transgresor. ¿Por qué pero? ¿No se pueden conjugar ambas cosas?

Utilizo el pero por la etiqueta, algo que detesto. Entiendo que a veces ha de emplearse, pero se piensa que el cantautor es una persona aburrida. Hay una etiqueta en este país nociva, denostada e hiriente hacia la palabra cantautor cuando pienso que en España están los mejores de la historia. Vivimos en el país de Aute, de Sabina, de Serrat, de Pedro Guerra y de Rosana. Parece que no se puede decir que eres cantautor para no ser aburrido. ¡Pues bendita palabra! Soy autor de mi música y mi letra, pero también me gusta el rock and roll, tengo una banda eléctrica y pego saltos en el escenario sin aburrir a nadie.

¿Cuál ha sido la evolución de su música desde sus primeros álbumes?

No soy el mismo de ayer, así que tampoco el de hace diez años o quince. La gente cambia, pero por suerte, cada vez que veo a mi madre me dice que estoy igual. No me importa lo que expresen las redes sociales sino mi familia y amigos. Sigo siendo igual de intenso y de enamorado y apasionado de mi trabajo, que es la música. Al evolucionar nacen discos nuevos.

¿Qué le han aportado autores tan diferentes entre sí como Juan Luis Guerra, Rosendo, José Afonso, Sabina o Milladoiro, entre otros?

Mi abuelo y mi madre cantaban muy bien. Mi padre era de escuchar, de poner los casetes en el coche. Le gustaba el folk gallego de Milladoiro, pero también Metálica, Extremoduro, Bethoveen, José Afonso, Franco Batiatto y Juan Luis Guerra… Al final lo que se oía era música. Volvemos a la palabra maldita. ¿Qué música hago? No tengo ni idea. Hago pop, rock, jazz, blues… Canciones, en definitiva. Si solo escuchas cantautores o jazz nunca vas a ser un músico. Lo serás muy específico. Es interesante oír de todo.

Se considera una mezcla de mar y de música, dice...

Estoy obsesionado con el mar. Soy una persona de costa, hijo de marinero, pero también soy música. En casa hay guitarras y pianos, pero hace tiempo que no veo el mar. Por eso cuando vaya a Canarias a dar el concierto lo primero que haré será visitar la playa.

He visto que tiene usted proyectados múltiples conciertos para este año. ¿Cómo es eso posible en estos tiempos de pandemia de coronavirus?

Defiendo la cultura segura, es decir que a mis conciertos vienen todo tipo de sanitarios que me dicen que no han visto tantas medidas en ningún lado. Establezco cuatro metros de separación entre personas. Algunas medidas son algo surrealistas. Por ejemplo, en la plaza de toros de Murcia, donde caben 14.800 espectadores ofrecí un concierto para 350. En mis eventos, con tanta separación, mascarilla, gel y lejía es imposible contagiarse. No me quejo de que el aforo sea tan reducido, mientras nos dejen trabajar a la gente de la cultura.

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