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Libres para ser dignas

Najat El Hachmi, Premio Nadal, describe en ‘El lunes nos querrán’ el caro precio de la libertad para las musulmanas

Libres para ser dignas

Libres para ser dignas

Hay muchas mujeres que ven su libertad muy lejos. Y hay otras, también muchas (hay que pensar/desear que en mayor cantidad ) y en número creciente, que ya la disfrutan; en algunos casos no sin haberse esforzado y sufrido bastante hasta alcanzarla.

A estas últimas, entre las que figura ella misma, ha dedicado Najat El Hachmi (Nador, Marruecos, 1979) el Premio Nadal 2021 obtenido con El lunes nos querrán, novela destinada a convencer a las primeras de que otra vida, sin yugos ni condicionantes de ningún tipo, existe y es posible.

“Querría decirles que, aunque parezca imposible, aunque a veces nos pueda el desánimo y parezca que no, sí hay posibilidades de tener una vida digna. Y no hay vida digna sin libertad”, proclamó al recoger el galardón el pasado 6 de enero, un estupendo regalo en el Día de Reyes para la autora, que cuenta en su haber con unas cuantas novelas y ensayos en la misma línea de denuncia y crítica social que la ha hecho merecedora del premio decano de las letras españolas. “Dedico mi novela a todas esas valientes que se salieron del camino recto para poder ser libres”, remató la decimosexta mujer en lograr el Nadal.

La protagonista de El lunes nos querrán se sale de ese camino recto, por lo que a veces paga un precio alto ante sus padres, sus vecinos, el amor... Lo tiene todo en su contra: mujer joven, emigrante, musulmana...

Ella y su amiga, esta última criada en una familia más abierta y menos preocupada por el que dirán y los mandatos de Mahoma (mejor dicho, capaces de hacer una lectura distinta del Islam a la radical que impera en la mayoría de los casos), deciden apostar por el cambio y con mayor o menor fortuna emprenden un viaje sin retorno, que las aleja de su barrio y de todo aquello a lo que estaban atadas y predestinadas: bodas tempranas con un chico elegido por todo el mundo menos por ellas; padres que las quieren en casa aprendiendo a cocinar, planchar y a honrar a sus maridos; madres sumisas que se desviven para que sus hijas no den ni tengan problemas (pero que en el fondo, muy en el fondo, disfrutan con verlas volar libres); maridos que las quieren como una réplica de sus madres, de sus abuelas y como quieren que sean sus futuras hijas...

Pese a ser una historia protagonizada por mujeres (y destinada principalmente a las jóvenes, tanto por su prosa, estilo y expresiones, como por el poderoso mensaje que les lanza El Hachmi), son los hombres musulmanes una parte esencial por todo lo culpables que pueden llegar a ser contribuyendo a mantener las ataduras sociales. Los mayores, por su empeño represor; las nuevas generaciones, por quedarse, en el mejor de los casos, parados y asumir como válida una situación en la que como poco están cómodos. ¿Para qué cambiarla? En El lunes nos querrán hay una crítica implícita (y merecida) a todos esos jóvenes “moros” que lejos de los pueblos de sus ancestros, en el mundo occidental y avanzado en el que han nacido, no mueven un dedo para que sus mujeres conquisten de una vez la libertad que les pertenece. Hay incluso hasta bromas, cuenta indignada en una ocasión la protagonista: “Un cómico en nuestra lengua decía que las mujeres en el extranjero te ponen en el plato todo los días pizza y cocacola”. Actitud cuanto menos “decepcionante”, en palabras de la escritora, que ha dicho: “Las mujeres hemos hecho el cambio porque nos sale a cuenta para ganar libertades, ellos podrían ganar mucho con una relación normalizada con las mujeres, pero temen que ese cambio les haga perder privilegios”.

Imposible no pensar en la vida de El Hachmi a la hora de leer una novela que guarda muchas similitudes con su biografía. La protagonista es una joven de diecisiete años que vive en “la periferia de la periferia” de una gran ciudad española en Cataluña, hija de emigrantes marroquíes, y quien desde bien temprano se da cuenta de que muchas cosas que le han enseñado y dicho en casa, que ha visto en su lejano pueblo, no encajan en su forma de ver la vida. No lo tendrá fácil, como tampoco lo ha tenido la escritora, que ha padecido ataques y críticas por decir en alto lo que piensa y declararse exmusulmana, no creyente.

Najat El Hachmi no tiene nada que temer ni que callar, pero sí que le queda mucho por decir. Muchas historias que contar y que sirvan para demostrar de lo que va su novela: de que una vida digna es posible, y que sin libertad no hay dignidad. Aunque el precio sea alto a veces.

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