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A propósito de la felicidad y el tiempo de la arquitectura

Tungestølen, un refugio cómodo y seguro rodeado de naturaleza en un glaciar de Noruega

Imagen de las cabañas refugio en el glaciar de Jostedalen, Noruega.

Imagen de las cabañas refugio en el glaciar de Jostedalen, Noruega.

Hace unos días celebrábamos como cada año, el 20 de marzo, el día internacional de la felicidad, y como siempre vimos publicada la lista de los países más felices, España está en el número 24, no está mal, pero me puse a mirar qué estaban haciendo en arquitectura los que están más arriba en el ranking y me encontré con una pequeña obra maravillosa en unas montañas de Noruega (número 8 en el ranking de la felicidad), diseñada por uno de los grandes equipos arquitectos actuales, Snøhetta.

Ubicado en Lustre, en la parte occidental de Noruega, en una pequeña meseta con vistas a un glaciar llamado Jostedalen, el proyecto, llamado Tungestølen parece como una constelación de pequeñas cabañas turísticas pentagonales diseñadas para la Asociación Nacional de Trekking de Noruega. Parecen, vistas en el paisaje, como una reacción arquitectónica a las condiciones climáticas cambiantes de este sitio montañoso, y son lo que todos necesitamos cuando visitamos un glaciar: un refugio cómodo y seguro rodeado de naturaleza.

En las Navidades de 2011, la cabaña turística Tungestølen original, que había servido como refugio para muchos excursionistas durante más de un siglo, fue completamente destruida por el ciclón Dagmar, que arrasó Noruega y los países vecinos. Decididos a reemplazar la vieja cabaña, Luster Turlag (que es la sucursal local de la Asociación Nacional de Trekking de Noruega) y el pequeño pueblo de Veitastrond, se movilizaron para recolectar fondos para la reconstrucción e iniciaron un concurso internacional de arquitectura que Snøhetta ganó en 2015.

Complejo Tungestølen, diseñado por el equipo de arquitectos Snøhetta.

Complejo Tungestølen, diseñado por el equipo de arquitectos Snøhetta.

Con la devastación de la cabaña Tungestølen original en mente, Snøhetta diseñó una nueva constelación de nueve cabañas pentagonales y oblicuas muy robustas y seguras, hechas principalmente con láminas de madera de CLT (un material natural superresistente) y revestidas con pino mineral. A las paredes exteriores de las cabañas les dieron forma de pico para frenar los fuertes vientos que soplan desde el fondo del valle. En el interior, la forma de las cabañas es muy lúdica, llenas de confort simple, y con ventanas panorámicas que enmarcan las montañas y los valles exteriores, añadiendo al goce del interior las vistas exteriores y luz natural a los espacios, al tiempo que fomentan la contemplación. Un lugar para un retiro en medio de la inmensidad de la naturaleza.

Crearon también una cabaña principal, mayor que las demás, un espacio acogedor ideal para comidas colectivas alrededor de generosas mesas de madera. Un lugar de encuentro social, espacioso y con vistas panorámicas al paisaje circundante. Esta cabaña también consta de un salón enmarcado por una gran chimenea revestida de piedra, que ofrece un refugio acogedor, seguro y lleno de confort.

Las cabañas restantes consisten en un dormitorio y una unidad privada más pequeña que ofrece a aproximadamente 30 visitantes la posibilidad de pasar la noche placenteramente.

A propósito de  la felicidad y el tiempo  de la arquitectura

A propósito de la felicidad y el tiempo de la arquitectura

Rodeado por un paisaje espectacular con montañas escarpadas por todos lados, Tungestølen sirve como un punto de partida perfecto para los excursionistas expertos que deseen conquistar los glaciares noruegos, pero también para familias con niños pequeños que desean realizar caminatas más cortas y menos avanzadas por los alrededores. Finalizó en 2020 (o sea, se ha requerido un proceso de nueve años para llegar a esta excelencia, porque la altura creativa requiere su tiempo), y a partir de junio de 2021 volverá a abrirse a todos los excursionistas que desean disfrutar de la naturaleza moldeada por la mano de unos hombres y mujeres (el equipo de Snøhetta) que saben respetar los paisajes sobre los que construyen su arquitectura aportando, a los ciudadanos que utilizan este sitio, un poco de felicidad. ¿Alguien ha sentido algo igual a la felicidad en la cabina del Teleférico? No se entiende muy bien que Teleférico, con todo el dinero que ha ganado a lo largo de su historia, no haya aprovechado la pandemia para hacer algo mejor con su arquitectura. Todavía están a tiempo de hacer a los canarios, y a todos los que visitan Tenerife, un poco más felices.

Dulce Xerach Pérez

Abogada y doctora en Arquitectura. Investigadora de la Universidad Europea

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