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Gran Wyoming: “El Intermedio’ es una constatación de que la gente quiere saber y no quiere milongas”

El presentador, humorista y músico regresa al Festival de Cine de la capital grancanaria para moderar las I Jornadas sobre el Oficio Cinematográfico

El Gran Wyoming en una imagen de archivo. | | LP/DLP

José Miguel Monzón Navarro (Madrid, 1955), más conocido como Gran Wyoming regresa al Festival de Cine para moderar las I Jornadas sobre el Oficio Cinematográfico, que se celebrarán en el Edificio Miller el 9 y 10 de abril. El presentador de ‘El Intermedio’ nos cuenta en esta entrevista cómo ve hoy el sector.

En 2018 acudió al Festival Internacional de Cine como presentador y ahora regresa con otra propuesta bien distinta, la de moderador de las I Jornadas sobre el Oficio cinematográfico ¿Qué tiene el festival de Las Palmas para volver?

Siempre es agradable que cuenten conmigo en este tipo de eventos de difusión de la cultura. El cine es un oficio que nació con el siglo XX y las personas que hemos nacido en él nos hemos criado con el cine y ha sido una parte muy importante de nuestras vidas. Para mi lo ha sido profesional y sentimentalmente. He tenido una relación profesional con el cine bien como guionista, actor, aunque ahora me es incompatible con el programa de televisión que hago a diario. Estoy encantado con volver, aunque en esta ocasión solo haré de moderador. Serán los ponentes los que llenen de actividad estas jornadas contando sus vivencias e intenciones creativas porque todos ellos son grandes figuras del cine español. Hay mucho talento en las jornadas, doy fe.

¿Cree que la pandemia del coronavirus ha puesto la puntilla al cine en las grandes salas?

Las salas ya estaban atravesando una crisis con motivo de la difusión de películas a través de Internet y los medios de comunicación, que son una gran competencia. No creo que el virus sea la puntilla a las salas, se recuperarán con otro público, con el consumidor potencial de cine, es decir los aficionados. Mientras que antes ir al cine era casi ocio obligatorio para todos, ahora será para la gente más especializada; es igual que lo que ocurría con el fútbol durante el Franquismo, que no se concebía a nadie que no siguiera el fútbol. Ahora, sin embargo, hay gente que le gusta y a otra que no. Pues con el cine pasa lo mismo.

¿Con qué dificultades se está encontrando el sector para una vuelta a la normalidad?

Fundamentalmente por las medidas sanitarias que impide la congregación de gente en los espacios. Todos confiamos en que se volverá a la normalidad, y que esto es una situación puntual. Aunque yo no soy un experto, siempre va a haber alguien que quiera contar historias y gente que las va a reclamar. Ahora hay un auge tremendo de las series pero no deja de ser lo mismo que una película, aunque contada en veinte horas en vez de en una. La técnica de narrar es la misma, la misma planificación para grabar y la misma intención creativa, aunque son dos productos diferentes. Pero al fin de cuentas todo es cine.

El modo de consumir y ver cine ha cambiado con las plataformas digitales ¿Visualiza algún cambio más tras la pandemia sanitaria en el sector?

Son ciclos. Con la aparición de Internet y los medios de comunicación hay nuevas vías de acceso para ver cine. Todo eso ha tambaleado sin duda el mercado. Aunque es muy difícil mantener la atención viendo una película en casa; lo mismo ocurre con un concierto a través de youtube o streaming. Pero como te dije antes, las salas están y volverán a abrirse. Es probable que haya hasta un movimiento de revival como ha ocurrido con los vinilos y los tocadiscos. Con el cine pasará lo mismo; una vez más se readaptará a las nuevas vías que imponga la industria de lo audiovisual, las salas se abrirán y el cine volverá a crecer. Lo ha hecho antes del coronavirus y lo volverá a hacer después.

¿Qué tipo de cine consume el Gran Wyoming?

Todo tipo de cine aunque, por resumirlo, el que le gusta al Gran Wyoming es el cine bueno. Para los de mi generación, tengo 66 años, el cine no solo era un espacio de evasión sino que a través de él nos llegaban muchas otras cosas, como el arte, donde el discurso cinematográfico en sí estaba por encima del guión; algo que los adolescentes de ahora podrían decir que se trata de un cine lento, de un coñazo. Pero para nosotros ver eso y lo otro, todo tipo de cine, incluso el más ecléctico era fantástico. Lo mismo ocurría con la música. Tu podías entrar en una casa y te encontrabas con un disco de Pink Floyd, otro de Serrat y de Leonard Cohen, que son muy distintos, y no pasaba nada. Había un espectro muy amplio, y en cuanto al cine que veías pasaba igual. Podías ir a ver una película de la nueva ola francesa, pero también otra de Woody Allen e incluso revisar el cine antiguo de Buster Keaton en una sala con música en directo. Ahora eso no ocurre, la gente está más polarizada. El cine tenía un público más extenso, no había además reproductores para visualizar cine en casa por lo que los cines se abarrotaban lo que hacía que la industria fuera muy fuerte y se trabajaba con mucho presupuesto. La tecnología ha ayudado a ver el cine de otra manera, pero también a rodar, ya no se usa el celuloide sino el vídeo por lo que también se han abaratado los costes de producción.

Celebra quince años con el ‘El Intermedio’ ¿Pensó que el programa llegaría tan lejos?

Ni yo ni nadie. Estamos ante un récord histórico. No recuerdo que lo haya logrado ningún programa en prime time salvo el Un, dos, tres... pero con paradas. Nosotros estamos en antena desde el primer día, ha sido increíble, una barbaridad, sobre todo por el tipo de contenido que hacemos. En televisión hay una ley no escrita que dice que cuando se aborda un proyecto y la gente no te ve tienes que trabajar con el paradigma de cómo perder una hora en una hora. Que esa es la base del éxito, ¡y nosotros hemos metido cada truño! como explicar, por ejemplo, qué es el Tribunal de Cuentas, algo insólito.

¿Cuál ha sido la clave?

Circunstancias y la magia mía (ríe). El programa nació con una cadena y no para imponerse desde el primer día en los primeros índices de audiencia; para petarlo en televisión hay que poner a dos personas separadas y que se peleen, eso sí tiene capacidad magnética. Hay programas que requieren un desarrollo, establecerse, cocinarse a fuego lento como una fabada o un puchero, que la gente se vaya incorporando. Si no hubiera sido esa la idea, nos hubieran despedido fulminantemente con el índice de audiencia que hicimos el primer día. Como la cadena también fue arrancando poco a poco fuimos los grandes beneficiados. El recorrido normal en televisión es que hubiéramos estado de 2 a 6 años pero el programa tardó más en implantarse y, una vez lo hizo, la relación afectiva con la audiencia ha sido como con la aspirina, sigue estando ahí aunque haya otros analgésicos. Por ejemplo, a nosotros no nos afecta el fútbol como a otros programas. Hay una gran fidelidad y tiran de la cadena hacia arriba.

Los políticos españoles se lo ponen fácil ¿no es así?

Nosotros contamos lo que nadie quiere contar. Es un programa desesperante porque es de mucha actualidad. Aznar dice que nos gusta castigar y, nosotros, que le damos más importancia a las cosas. En ningún país pasa lo que pasa en este: que dos expresidentes de gobierno [José María Aznar y Mariano Rajoy] comparezcan en una vista [el juicio de la caja B del PP] y den una versión tan delirante sobre la reforma de la sede de Génova. Este es el nivel que tenemos. Pero sí, nos dan mucho juego y así lo contamos. Se podía también escuchar en otros programas pero no es así. ‘El Intermedio’ es un programa muy extraño porque la gente lo ve para informarse. Damos mucho contenido y el guión parece una pastilla de Avecrem, algo que no se hace ni en un informativo si no hay una catástrofe. Es una barbaridad que con eso tengamos récord de audiencia, tan sólida y durante tanto tiempo. Al principio dudaba de si lo iba a ver alguien pero el programa es una contastación de que la gente quiere saber y no quiere que le cuenten milongas. Para que no sea un pelotazo en la cara, digo algún chiste y lubrico el contenido, que en ocasiones es de órdago. Hemos ido reconduciendo el programa a lo largo de este tiempo para que fuera consumible. Vamos dejando lo que interesa y quitando lo que no. Hemos llegado a un equilibrio con Sandra Sabates, como si fuera Matías Prat, y yo, que no doy noticias de verdad con comentarios de broma para reírnos un rato.

¿Tiene algún proyecto entre manos o el programa no le deja tiempo para nada?

No hago nada más, no me deja tiempo. Quería dejar el programa en junio pero llegó la pandemia y no me parecía bien despedirme, así que prorrogué hasta junio de 2022. Quince años es mucho para una persona como yo, que no soy periodista. A mi me ha cambiado como individuo. Yo venía del mundo del entretenimiento y ese contacto con la información diaria, con la realidad, me ha convertido psíquicamente. Es un shock, es como si a uno le meten en un quirófano de golpe a operar cánceres. Yo que fui médico en otra reencarnación y no me puso nunca tan malo con una realidad tan fuerte como la que vivimos en España. Todos los días, durante muchos años, topándose con eso, sin mantener la distancia, es muy duro, te afecta. Quiero tranquilidad, para escribir, aunque ya veremos.

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