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¡Que le corten la cabeza!

Joe Hill es el seudónimo que emplea uno de los hijos de Stephen King. Un tebeo arrollador

Viñeta de ‘Un cesto lleno de cabezas’. | | LP

Viñeta de ‘Un cesto lleno de cabezas’. | | LP

Le acompaña un dibujante en estado de gracia, un italiano de dibujo comunicativo y sabiduría clásica, que aporta la energía que un cómic como éste necesita. Gran diseño de personajes y perfectas actuaciones, con una puesta en escena muy cinematográfica. Leerlo es casi como asistir a la proyección de una película que, estoy seguro, no tardarán en realizar. Del dibujo me gustan hasta las imperfecciones, cuando permite que el realismo se relaje para favorecer momentos de un humor muy negro. Se nota su experiencia en el mercado italiano, en sus series realistas, populares y en blanco y negro. Todo es funcional y expresivo y eso es muy importante en una miniserie como ésta donde los giros de guión abundan y los saltos de género, del realismo policíaco al más puro terror fantástico, podrían despistar fácilmente al lector si el dibujante no tuviera la habilidad de mantener el rumbo, incluso en los momentos más locos del argumento. Aunque las sorpresas pueden llegar a ser abrumadoras, con versiones de unos hechos que ignoramos que van variando y se acumulan formando un collage embriagador, el dibujo nos ancla a una realidad que permite suponer que hay una lógica detrás de tanta locura.

Y vaya si la hay. Apenas puedo citar lo que pasa en la historia por temor a privarles del placer de la sorpresa y de los momentos inverosímiles que van a descubrir si la leen. Algo que les recomiendo encarecidamente. Este es el tebeo más divertido, entretenido, arrollador, salvaje y brillante que he visto en mucho tiempo. Una de esas obras modestas y perfectamente realizadas que nos reconcilian con el medio. En ocasiones, después de tragarme la enésima novela gráfica recomendada por los expertos, pienso ¿qué tenían los tebeos antes para gustarme tanto? ¡Pues ese algo que a menudo no encontramos en muchos comics actuales revive en esta obra de Hill y Leomacs, benditos sean! Da todo lo que promete y mucho más. Es un guión perfecto, con personajes interesantes, corrupción policial, asesinos, chicas-en-peligro-pero-no-tan-indefensas, ritmo frenético y el consabido rosario de situaciones impactantes que se van acumulando hasta el clímax final. Y todo ello contado a través de un dibujo excepcional, que vehicula muy bien el humor socarrón de una pieza por otro lado bastante truculenta. Una auténtica montaña rusa, como suele decirse. Pero de las buenas.

Un comentario final sobre la protagonista, esa atolondrada June Branch con quien descubrimos que no podemos fiarnos nunca de las apariencias. Al principio se nos presenta como otra rubia boba más, como tantas comparsas similares que hemos visto en cientos de tebeos anteriores. Pero paulatinamente va ocupando el centro de la escena hasta conducir el relato a otra dimensión. A través de sus ojos sentimos las dudas que muchas personas, hombres y mujeres, han sufrido en algún momento de sus vidas. ¿Es la persona con la que estoy digna de mi confianza? ¿Es realmente quien creo que es? No se preocupen, esos asuntos más graves no llegan nunca a saltar al primer plano, no estropean la diversión. Pero sí nos permiten comprobar que quien ha escrito esto es un maestro, alguien capaz de acumular capas hasta conseguir un producto redondo, un gran entretenimiento que no evita reflexionar sobre cuestiones que nos preocupan a todos. No se lo pierdan.

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