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Igualdad
Yolanda Domínguez Artista visual experta en comunicación y género

«La cultura visual debe valorar a las mujeres más allá del cuerpo»

La artista visual experta en comunicación y género Yolanda Domínguez. | | LP/DLP

La artista visual experta en comunicación y género Yolanda Domínguez. | | LP/DLP

Yolanda Domínguez (Madrid, 1977), artista visual experta en comunicación y género, protagoniza un doblete en Gran Canaria: esta tarde presenta su libro ‘Maldito estereotipo’ en la Biblioteca Pública del Estado y mañana ofrece una charla al abrigo del ciclo ‘Ciberfeminismo’ en la Casa-Museo León y Castillo.

Maldito estereotipo (Ediciones B, 2021) disecciona la irradiación de los estereotipos machistas que configuran nuestro imaginario visual -y social- y que perpetúan la desigualdad y el estigma. Esta ha sido su lucha desde hace más de una década, ¿por qué decide recapitularla por fin en un libro?

Efectivamente, desde hace años desarrollo distintas acciones y contenidos audiovisuales que intentan reflexionar sobre esa representación del género en los medios de comunicación. Sin embargo, me he dado cuenta de que una acción o un vídeo te permite plantear el problema o el conflicto, pero no concede el tiempo suficiente a profundizar, reflexionar, analizar y, sobre todo, proponer alternativas de mejora. Mi trabajo ha tenido siempre mucha repercusión en ámbitos educativos, cada vez me piden más conferencias, pero incluso ese formato se me queda corto para muchas cosas. Por tanto, tomé la decisión de plasmar estas líneas de investigación por escrito para que funcione como una especie de guía. Entonces, Maldito estereotipo reúne todo lo que he ido aprendiendo y recopilando a lo largo de toda mi trayectoria laboral, planteado de una manera muy didáctica; crítica, pero con humor; y donde, además, propongo otras alternativas para crear una cultura visual que nos permita ser un poco más libres.

¿Podría desgranar algunas de esas pautas para desencorsetar nuestra mirada de esa sobrecarga visual tan reduccionista, cosificadora y poco diversa con respecto a la representación de la realidad de las mujeres?

Yo siempre pongo el ejemplo de que tenemos que cuidar nuestra dieta visual de la misma manera que cuidamos la dieta alimenticia, de modo que, cuando veamos que sobra o falta algo, debemos tratar de equilibrarlo. Por ejemplo, si continuamente recibimos imágenes de mujeres representadas únicamente como cuerpos y, además, como cuerpos muy específicos, lo que necesita nuestra dieta visual es generar imágenes de mujeres valoradas por otros aspectos que no sean solo el corporal. La cultura visual debe valorar a las mujeres más allá del cuerpo y, además, reflejar más diversidad. Y esto debe aplicarse a todo tipo de desigualdades. De hecho, Maldito estereotipo no solo explora desigualdad de género, sino también las discriminaciones del racismo, la homofobia o el clasismo, cuya clave común es identificar qué falta, de qué carecemos, e intentar aportarlo. En este sentido, el conocimiento es un factor clave para poder cambiar las cosas: lo primero es detectar qué estereotipos hemos normalizado y que no necesariamente nos están beneficiando, pero eso, sin conocimiento y sin estudiar, es imposible.

«El cuerpo de la mujer es la última frontera del capitalismo», afirma la escritora y activista italo-estadounidense Silvia Federici. ¿Cómo influyen los códigos patriarcales de nuestra cultura visual en la relación con nuestro propio cuerpo?

Creo que hay grados de responsabilidad en todo este imaginario. A menudo se pone el foco de la culpa o de la responsabilidad en las mujeres, en el sentido de interpelarnos a que no nos dejemos llevar por todos estos mensajes, pero pedir esto es imposible, porque pedir esto es no vivir en esta sociedad. En mi opinión, a quien hay que dirigir la mayor responsabilidad es a los medios de comunicación, porque son quienes tienen más poder a la hora de cambiar el imaginario y subvertir el discurso dominante. Al fin y al cabo, una sola persona independiente tiene un campo de acción individual mucho menos amplio, y sí que creo que es mucho más efectivo que un anunciante, una marca o un medio de comunicación elija otras imágenes para representar a las mujeres y generar diversidad, que es lo que se corresponde con la realidad. Por otra parte, a día de hoy tenemos más acceso individual a las redes sociales, donde podemos encontrar un poco más de variedad de cuerpos pero, si los medios no cambian, es muy difícil no sentir esta presión y no sentir frustración con nuestro cuerpo.

«El arte solo es verdaderamente importante desde la libertad de poder ser críticos y críticas»

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Su libro advierte sobre una deriva peligrosa dentro del sector de la moda, que refuerza un modelo de violencia simbólica asociada a la figura femenina. ¿Cómo se manifiesta?

Así es, el sector de la moda normaliza cada vez más una violencia simbólica asociada a la figura femenina a través de imágenes completamente denigrantes, que impactan en nuestro imaginario y que, sin embargo, asociamos al glamour o a la seducción. Por supuesto, esto se da exclusivamente con respecto a la figura de las mujeres y refuerza esos códigos estructurales de las mujeres como seres débiles, sumisas o enfermas. Y lo peligroso es que esa violencia simbólica puede desembocar en una violencia real, tanto física como psicológica.

¿Cree en el poder transformador del arte para crear referentes visuales más igualitarios y sostenibles, así como una mayor reflexión y conciencia social en torno a la «responsabilidad de expresión»?

Por supuesto, el poder del arte y de la cultura es importantísimo. Precisamente, estamos hablando de que nos comportamos como nos comportamos debido a la cultura que hemos recibido, así que, desde este punto de partida, ya asumimos que la cultura es muy importante. No obstante, creo que el arte solo es verdaderamente importante desde la libertad de poder ser críticos y críticas ante esa realidad o comunicación que nos está perjudicando como mujeres y, en general, como sociedad. Por una parte, el arte nos permite ser críticas y reflexivas y, por otra parte, también nos permite crear y proyectar nuevas posibilidades, porque a través de la creatividad podemos pensar que el mundo puede ser de otra manera, que las personas podemos comportarnos de otra forma. La creación de nuevos referentes desde la diversidad es urgente y necesaria porque, si solo nos quedamos en la crítica contra los comportamientos de violencia o sumisión, pero no proponemos modelos referentes que nos permitan saber que podemos estar en ese lugar o en ese rol, no avanzamos. En definitiva, en el arte, la cultura y el feminismo es tan necesaria la crítica como la propuesta de alternativas.

Con todo, ¿qué aspectos abordará mañana en su charla sobre activismo feminista y redes sociales dentro del ciclo Ciberfeminismo?

Aunque esta charla tenga luchar paradójicamente en una casa-museo, lo que voy a plantear es cómo yo, como artista, me he salido del museo o de la galería para conectar con un tipo de público que está deseando participar en el proceso del arte y que no quiere ser espectador pasivo, sino agente activo. Para ello, utilizo las redes sociales para conectarme con todas esas energías y creatividades, que son el canal que, como artista, siempre he utilizado tanto para conectar como para difundir y comunicar. Además, a menudo, las redes sociales no solo sirven para crear una red de contactos o un grupo de trabajo, sino que también funcionan como un lugar muy democrático para hacer visible un mensaje, ya que es la gente quien elige compartirlo, quien le da voz y quien lo hace visible. En este sentido, es un canal muy diferente al espacio tradicional del arte. Y mañana quiero abordar tanto sus luces como sus sombras: las luces son la posibilidad de conectar y comunicar con personas que no necesariamente están en nuestro espacio físico, mientras que las sombras proceden de esa corriente de haters, trolls y todo este auge del odio que, lamentablemente, está en pleno apogeo.

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