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Crítica

Piotr Beczala, el tenor perfecto

El concierto del gran tenor polaco, ofrecido en el Pérez Galdós por la Fundación Auditorio Teatro deja en el público la huella permanente de los mejores artistas. Puestos de pie en varias ovaciones, los asistentes desbordaban de admiración y gratitud. Porque Beczala lo tiene todo: una voz muy bella de tenor lírico, que spinta con poder y grandeza en la intensidad de la emisión; un color privilegiado en todas las dinámicas, llenas o apianadas; un fraseo solar en el fortíssimo, acariciador en el centro y meloso en las frases tenues que redondea a mezza o en filados nada gratuitos; y una expresión creadora en cada frase. En suma, un cantante inspirado que ya se sitúa en la cima operística de nuestro tiempo con unos medios fonadores y persuasivos que son de primera luz en todas sus interpretaciones.

Así lo vimos en su recital de hace tres años, también en el Pérez Galdós, cuyo final prolongó con seis bises, buena prueba de que otra de sus virtudes es la generosidad. Nadie ha olvidado aquella apoteosis ni olvidará la de ahora. Un poco desconcertante, el programa, casi íntegramente dedicado a la música italiana de los siglos XIX y XX, comenzó con cuatro grupos de canciones muy diferentes entre sí aunque siempre con potencial atractivo. Sencillas y clasicistas las cuatro de Stefano Donaudy, más dramáticas e imaginativas las seis de Respighi, con títulos tan famosos como Lagrime, que las encabeza, Stornellatrice, y Nebbie; bien plasmado el estilo de transición de los cuatro Rispetti 0p.11 de Wolf-Ferrari; y espectacularmente sentimentales las tres napolitanas de Tosti.

Después de este conjunto lírico, luminoso en la voz de Beczala, llegaron las arias de ópera. Entre ellas, dos de Verdi, magistralmente interpretadas: Di tu se fedele, de Un ballo in maschera y Quando le sere al placido, de Luisa Miller. Dos caras del genio verdiano en el secreto del canto tenoril, que Beczala comprende a la perfección como símbolos de salida de las limitaciones belcantistas y gesto renovador de la escena europea del Romanticismo.

Empleando a fondo sus poderes expresivos, con una pureza de estilo intachable, el tenor elevó la temperatura de la sala en fervorosos “bravos”, que siguieron creciendo con la Recondita armonía, de la Tosca de Puccini, mucho más apasionada de lo que es costumbre sin salirse un milímetro del texto.

La culminación de la parte operística estuvo en Pour quoi me reveiller , del Werther de Massenet, una de las tres propinas de Beczala: ese momento memorable en que el intérprete nos mueve a preguntarnos si es posible cantar mejor. No el único momento estelar de la velada, pero sí el culminante para los presentes, entregados al artista sin condiciones. Piotr Beczala es, en definitiva, un tenor perfecto, de estilo traslúcido, honradez sin trucos efectistas en la manifestación de sus privilegios y generoso de su don. En todo el concierto le acompañó al piano, de manera muy competente la, profesora de la Universidad de las Artes de Berlín, Sarah Tysman.

Además de este regalo, es de agradecer a la FAT las condiciones especiales a los socios de ACO, que mantienen viva la Ópera de la ciudad contra viento, marea y virus. Ojalá que consigan para una de sus producciones a un artista como este tenor polaco, universal y en la cima de su carrera en los grandes teatros. Una sola función con aforo reducido ha dejado fuera a muchos conciudadanos..

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