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Elogio de lo primario

Robe Iniesta entrega a sus fans, desconcertados por la suspensión de la gira de Extremoduro, un álbum conceptual de sonoridad no tan rockera

Robe Iniesta.

Robe Iniesta.

Bonito lío el que ha organizado Robe Iniesta al cancelar la gira de despedida de Extremoduro sin contrastar su decisión ni con Live Nation ni con su colega de banda, Iñaki Antón. Suspensión que ambas partes tachan de «unilateral», mientras la promotora dice haber reprogramado todas las fechas para 2022, si bien no puede anunciarlas «sin la conformidad de Robe». Enrevesada situación, con 300.000 entradas en juego, que sus compradores no saben si devolver o conservar, de la que se desprende una idea clara: Robe va a su bola y su orden de prioridades lo encabeza su carrera en solitario, cuya nueva entrega, Mayéutica, paradójicamente mira hacia Extremoduro sin ser Extremoduro.

Es su tercer álbum a su nombre y el que más se acerca a la sonoridad del grupo madre. Si en los anteriores rebajaba la estridencia eléctrica a favor de los arreglos de violín y de metales, y los reflejos del rock andaluz más lírico de los 70, en este tiende a la simbiosis entre ese imaginario y la catarsis de Extremoduro. Robe lo presenta como una continuación de La ley innata (2008), lo cual se advierte desde el primer tema, ese Interludio que retoma el leitmotiv melódico de aquella Dulce introducción al caos.

Si La ley innata invocaba a Cicerón, y su igualación de los humanos con las bestias puenteando la educación, en Mayéutica el referente es Sócrates y su método a través del cual el maestro induce el conocimiento al discípulo tan solo haciéndole preguntas y despertando sus pulsiones latentes. Dos maneras de decir lo mismo y que apuntan al enaltecimiento del instinto como símbolo de pureza. Robe lo persigue y lo celebra a lo largo de este disco serpenteante, que habla de trascender límites, reencontrar estímulos primarios y celebrar el amor como principio y fin.

Tremendo río narrativo que, como La ley innata, presenta cuatro movimientos sin pausas. Robe comienza vislumbrando el camino entre violines encrespados y guitarras redobladas (nuevo fichaje, Woody Amores, de Sínkope). Señaliza luego un punto y aparte con su declaración de volver a lo primario, que estalla en un estribillo asilvestrado con original deriva funky. El tercer y cuarto movimiento, los más largos, sirven el tour de force a la plenitud metafísica entre aceleraciones vertiginosas, resoplidos de órgano Hammond y aparato sinfónico, con el trazo de violín imprimiendo carácter y la voz aguda de Lorenzo González dando profundidad.

Álbum denso y ultramontano de un Robe solista al que vemos, ahora sí, como continuador de Extremoduro y no tanto como vehículo paralelo o de entretiempo. Mayéutica es interiorista y épico a la vez, contiene las claves sónicas y textuales precisas para volver a excitar a los fans del grupo y desliza un final abierto, en Coda feliz, que solo él sabe adónde puede conducir.

Robe Iniesta entrega a sus fans, desconcertados por la suspensión de la gira de Extremoduro, un álbum conceptual en el que acorta distancias con la sonoridad rockera de la banda.

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