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De transmedias vintage y ensayos gráficos

Títulos con los que el dibujante acierta en un estilo que hibrida la delicada antigüedad con la modernidad fulgurante del siglo XXI

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En estos tiempos de transmedia rampante parece como si cualquier idea que saliera de una mente creativa tuviera que tener forma automática de blockbuster taquillero, serie televisiva rompedora y videojuego de infinitos skins. Y, si es posible, de cómic, claro. Ojo, que la idea tiene mucho potencial: las narrativas transmedia están aquí para quedarse y es indudable que el salto entre medios puede generar juegos sugerentes como Henry Jenkins preveía, pero es cierto que los ejecutivos buscan más la rentabilidad mercadotécnica urgente que el disfrute cultural. Afortunadamente, hay autores que se plantean esa traslación intermedial de forma reposada y mirando no solo a la actualidad más cercana, sino a la larga tradición de una cultura que ya dio muestras de estos trasvases en el pasado. Buen ejemplo es un clásico de la literatura de género, La torre de los siete jorobados, la novela de Emilio Carrere que llevara al cine Edgar Neville a mediados de los años 40 y que ahora vuelve recalando en el cómic gracias a David Lorenzo y la buena labor editorial de Desfiladero Ediciones. Transmedia vintage, si se quiere llamar así, que demuestra que el cambio de medio rejuvenece eficazmente el atractivo de la historia original sin perder su esencia de folletín decimonónico. El dibujante acierta en un estilo que hibrida el necesario aroma de delicada antigüedad con la modernidad fulgurante necesaria para el siglo XXI, pero con ese punto de sátira soterrada que no renuncia al terror tan propia de Neville.

‘Las tres vidas de Hannah Arendt’, ‘No siento nada’, ‘La torre de los siete jorobados’ y Crónicas de juventud’, cuatro novedades donde se mezclan los nuevos        intereses del cómic con un retorno, en algunos casos, a lo clásico, aunque retomado con una visión fresca.

‘Las tres vidas de Hannah Arendt’, ‘No siento nada’, ‘La torre de los siete jorobados’ y Crónicas de juventud’, cuatro novedades donde se mezclan los nuevos intereses del cómic con un retorno, en algunos casos, a lo clásico, aunque retomado con una visión fresca. Álvaro Pons

Pero ha sido semana también de ensayos gráficos variados y sugerentes: llega por fin la nueva obra de Liv Strömquist, No siento nada (Reservoir Books, traducción de Alba Pagán), una sugerente reflexión sobre el amor romántico desde la perspectiva de la cuarta ola feminista y la teoría queer. La autora sueca parte de los planteamientos de la socióloga Eva Illouz para hacer una disección del fin del amor en una época de narcisismo digital y masculinidades reinventadas, siempre desde un atrevido planteamiento que mezcla sin vergüenza la rigurosidad y las referencias filosóficas con la cultura popular, logrando que Kierkegaard, Fromm, Beyoncé y DiCaprio puedan convivir en un razonamiento y retroalimentarse para lograr conclusiones que rebasan la viñeta, dando lugar a una lectura reposada que obliga a parar y reflexionar por esas propuestas no exentas de agudo humor.

De transmedias vintage y ensayos gráficos

De transmedias vintage y ensayos gráficos Álvaro Pons

Por su parte Ken Krimstein aborda en Las tres vida de Hannah Arendt (Salamandra Graphic, traducción de Carlos Mayor) la complejidad poliédrica de la biografía de una de las filósofas más influyentes del pensamiento moderno, desde un contrastado minimalismo gráfico que sugiere al lector reflexiones sobre las ideas de Arendt que deberá ir desgranando desde la potencia de la denuncia de los totalitarismos de la autora de La condición humana. Y a caballo entre el ensayo gráfico y el periodismo en viñetas se encuentra siempre Guy Delisle, dotado notario de la cotidianeidad que abandona los escenarios exóticos para fijarse en una realidad bien diferente: su pasado. En Crónicas de juventud (Astiberri, traducción de María Serna) rememora sus veranos de trabajo en una fábrica de papel, inesperado andamiaje para reflexionar sobre los inicios, sobre esa lucha a muerte entre ilusiones y realidades que el autor va viendo pasar a su alrededor en sus compañeros, en un camino que tiene como final ineludible su nombre y apellido. ¿La mecánica rutina de la fábrica como refugio de una vida tranquila o como objetivo a evitar como sea en un futuro? Ambas opciones son posibles y Delisle desgrana cada opción desde una memoria que se permite proyectar ese dilema sobre sí mismo y su padre. Como siempre, Delisle brilla en su facilidad para explicar cualquier tema, pero también en esa habilidad para instilar la duda y la pregunta en el lector.

De transmedias vintage y ensayos gráficos

De transmedias vintage y ensayos gráficos Álvaro Pons

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