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Jorge Perdigón Director del Festival Internacional de Música de Canarias

Jorge Perdigón: «Creo que definitivamente el festival y yo nos entendemos»

| andrés gutiérrez

Andrés Gutiérrez

El Festival En Paralelo, una iniciativa que se puso en marcha entre enero y febrero de este año, ¿ha servido como campo de pruebas?

Fue una apuesta de la Viceconsejería de Cultura en la idea de invertir en el talento de los músicos canarios, hasta el punto de que el 97% de los participantes tenían raíz isleña, y ciertamente cosecharon un éxito fantástico. Fue una manera de demostrarnos que contamos con una cantidad de artistas de ramas como la música, la danza o el teatro con una enorme solvencia, además de escenarios con plenas garantías sanitarias.

¿Cree que la cultura está vacunada, que se mueve en un espacio seguro?

Totalmente, siempre y cuando se mantengan con rigor los protocolos. Así se puso de relieve en el Festival En Paralelo. Y ciertamente vivimos situaciones complicadas, como el hecho de que decidiéramos cancelar un concierto tan solo 45 minutos antes de su comienzo, si bien pudimos adoptar otra medida no tan drástica, pero entonces, como ahora, de cara al Festival Internacional de Música de Canarias (FIMC) prometemos y nos comprometemos a que todas las personas que asistan a los conciertos contarán con la plena seguridad de que van a disfrutar de la música con la máxima tranquilidad.

¿Es usted de esos que no le quita ojo al semáforo del covid?

El FIMC comienza a finales de junio y se desarrolla a lo largo del mes de julio y todo hace pensar que para entonces la situación de la pandemia será más positiva. Aunque no prevemos que sobrevengan cambios de fase, también estamos trabajando sobre la posibilidad de minimizar cualquier situación e inconveniente que surja. Es una tarea compleja, pero es lo que toca. Tengo fe en que todo va a sonar bien.

El FIMC pasa de invierno a verano. ¿Ese cambio en los tempos supone también alterar la mentalidad del público?

Del público no sé. Hay que tener en cuenta que vamos a disponer de aforos bastante ajustados. Por ejemplo, para un espacio limitado al 55% hay que realizar cálculos y acomodar a los abonados, con lo que realmente la capacidad real se reduce a un 40 o 45%. Los dos grandes auditorios tienen cabida para 1.600 plazas, lo que nos sitúa entre 600 a 700 personas. Esa es la mayor dificultad que tendremos.

Pero un festival de verano es diferente a uno de invierno...

Claro, aunque también eso representa un atractivo especial. Habitualmente el público ha estado integrado por foráneos, centroeuropeos básicamente, y ahora tendrá un carácter más nacional.

Y este cambio estacional ¿es una alternativa de futuro o se volverá al modelo tradicional?

Es ocasional. En el 2022 volveremos al calendario de enero y febrero. Además, de cara a los próximos años tenemos la intención de promocionar el FIMC primero en la Península y después en el extranjero, y sigo pensando que un festival de invierno es muchísimo más interesante para Canarias, coincidiendo además con época alta en el sector turístico.

En la época estival la competencia es enorme...

Tremenda, con festivales extraordinarios como los de Granada, Santander, Perelada, la Quincena Musical de San Sebastián... En enero y febrero tenemos la peculiaridad de que estamos prácticamente solos en el escenario. Además, las orquestas, las formaciones musicales y los solistas tienen sus agendas más disponibles, alejados de la vorágine veraniega, lo que nos ayuda a programar con calidad, que no otros consiguen ni en verano, y adaptando toda esa calidad a nuestro presupuesto.

¿Y se siente en la obligación de competir?

En absoluto. Ya presentamos nuestro festival y la acogida ha sido espectacular por parte de la prensa regional, pero también nacional e internacional. Nos han situado en un lugar que supone un compromiso. La repercusión ha sido mayor, acaso porque nos hemos atrevido a ser valientes.

¿Y cómo le ha sido posible programar bajo tanta incertidumbre y tantas limitaciones?

No todas las agencias, managers, orquestas, solistas o directores tenían ánimo de trabajar. Ha habido un temor latente que se ha reflejado en las empresas con las que contratamos. Para ellas resultaba peligroso invertir dinero en una producción y que en un momento determinado tuvieran que enfrentares a los costes de una cancelación. No ha sido fácil por la incertidumbre que existe en la calle, entre la ciudadanía, y que lógicamente se percibe también en las empresas, pero siempre aparece algún valiente que afronta la adversidad y eso anima mucho. Es más, ahora han cristalizado contratos que llevaba años intentando encajar. Hemos sabido revertir la situación en oportunidades.

¿Estima que el festival ha quedado completo?

Cuando nos vimos obligados a realizar el cambio del mes de enero al mes de julio, los auditorios ya estaban bastante comprometidos, con lo cual las fechas de los conciertos no son, en todos los casos ,las mejores. Pero considero que es un mal menor, teniendo en cuenta la dimensión de un festival con un mínimo de 44 conciertos en un espacio de cuatro semanas y media.

Con un calendario forzado, bajo las limitaciones de la pandemia, los aforos y los ingresos por venta de entradas no serán un objetivo prioritario.

Los abonados nos vienen acompañando desde hace treinta y siete años y a ellos nos debemos. Del 26 de abril al 21 de mayo se fijó el plazo para renovación de los abonos, y por razones de reducción de aforo, como consecuencia de la pandemia, no se admitieron nuevos abonados. Desde el 31 de mayo (hoy) se abre la venta de entradas y vamos a intentar sacar el mayor número de localidades posible, teniendo en cuenta que nos movemos en menos de la mitad de la capacidad total de los auditorios. En la edición anterior sobrepasamos los 32.000 espectadores y considero que esos valores ya son suficientes.

¿En algún momento llegó a plantearse que se debía suspender esta edición?

En ningún caso. La ciudadanía precisa el aliento de la cultura para seguir viviendo, ya sea literatura, teatro, cine, danza, música... Por supuesto que es complicado acometer la organización de un festival en estas condiciones, pero es nuestro trabajo y también nuestra responsabilidad. Representa una exigencia vital, como así se ha puesto de manifiesto y se ha visto reflejado en todas las actividades que se han impulsado en la Comunidad Autónoma. Es verdad que los aforos son muy ajustados, pero también lo es que se respira un ambiente y un deseo superior al que era habitual hasta ahora. Hay personas que nos llaman para inyectarnos ánimo y considero que ha llegado el momento de la cultura; mucha gente ha entendido que es algo imprescindible y lo ha sentido muy adentro, y tenemos que alimentar ese espíritu hambriento.

Aunque suene chauvinista, ¿cuántos canarios participan?

Me gustaría destacar ese detalle. La participación de canarios en esta edición se sitúa alrededor de unos 500, lo que equivale a que el 42% del total de artistas que pasarán por los distintos escenarios son isleños o bien residentes en el Archipiélago. Nos estamos acercando a los niveles de protagonismo que habíamos proyectado, entre un 40% de isleños y un 60% de foráneos, sin reducir en modo alguno la calidad del festival. Y los registros podrían haber sido superiores, porque tuvimos que cancelar a una formación y un coro canarios que habían preparado un oratorio para llevarlo a las iglesias de las Islas, pero todavía no estamos en eso.

¿Qué propuestas se le quedaron por el camino que le hubiera gustado traerse?

Muchísimas... La programación final de un festival nunca es la que quieres. Aunque es verdad que puede hasta ser mejor, pero depende de tantas cosas... El festival y yo nos entendemos, pero el resultado definitivo siempre es otro. Empiezas con una idea y no sabes dónde vas a terminar, pero la experiencia te ayuda a ir acompasando las pautas de creación.

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