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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Arte

El arte retrofeminista de Asiria Álvarez

La fotógrafa triunfa en la categoría de Mejor Videoclip por su pieza 'Orgullo de Barrio' en los Premios Canarios de la Música

Una imagen de Asiria Álvarez

La fotografía artística y feminista de Asiria Álvarez (Gran Canaria, 1992) reviste de una estética satírica retrovintage las rémoras y conductas machistas que todavía son contemporáneas en las sociedades del siglo XXI, como si cada imagen subiese los colores a una mentalidad en blanco y negro para canalizar un mensaje de igualdad sin filtros. «Yo utilizo la imagen de la mujer de antes para retratar a la mujer de ahora, porque mi objetivo es mostrar que se repiten los mismos patrones, problemas y desigualdades», manifiesta la fotógrafa y diseñadora gráfica.

Su arte político fue galardonado el pasado sábado por una batalla de visibilización social en otro frente: Orgullo de barrio, un proyecto creativo de participación social impulsado por el colectivo artístico PSJM, que aloja como pieza central la canción homónima compuesta e interpretada por el rapero Alberto Gekah, así como el videoclip rodado y editado por la propia Asiria Álvarez. 

Esta pieza audiovisual, que retrata el pulso diario del barrio capitalino de Las Rehoyas a través de los rostros y testimonios de sus vecinas y vecinos, se ha alzado con el reconocimiento en la categoría de Mejor Videoclip en la tercera edición de los Premios Canarios de la Música. También Gekah recogió el premio al Mejor Disco de Músicas Urbanas por su álbum Fuck: Foxtrot, Uniform, Charlie, Kilo.

«Este premio me hizo súper feliz porque el videoclip nace de un proyecto muy participativo para visibilizar la vida en los barrios, donde entrevistamos a muchísima gente de Las Rehoyas para llegar a esa letra y ese vídeo, así que no es un premio a un trabajo personal sino comunitario, y me parece muy bonito que eso se reconozca», expresa Álvarez. 

En el escenario, la fotógrafa reivindicó con el galardón entre sus manos la importancia de que «la palabra barrio no sea sinónimo de precariedad». «Queremos poner a los barrios en el lugar que se merecen, porque no solo están apartados en los márgenes de la ciudad, sino que la gente está fuera de las posibilidades laborales y sociales», expone la fotógrafa, quien defiende la urgencia de que las administraciones públicas dirijan «un trato igualitario» que conceda «las mismas oportunidades a todos los ciudadanos y ciudadanas para que puedan salir adelante como hemos hecho nosotros».

Formada en Diseño Gráfico en la Escuela de Arte y Superior de Diseño Gran Canaria, donde la fotografía se abrió paso en su corazón para quedarse, Álvarez entrecruza los caminos creativos del arte, la fotografía y el feminismo con un estilo propio en el que se proyecta y lee a sí misma -y nos leemos todas- a través de autorretratos y retratos femeninos. 

Desde la dictadura de los cánones irreales de belleza, a la que responde con una de las muchas imágenes que protagoniza bajo el eslogan «How to have a beach body: 1. Have a body, 2. Go to the beach» a realidades como el mansplaining, la utopía de la conciliación, el acoso por redes o la alargada sombra de la culpa judeocristiana, Álvarez colorea con tonalidades intensas y mucha ironía la verdad cotidiana y lacerante del machismo.

«La fotografía se ha convertido en la base de lo que hago y se centra en la vida de las mujeres porque se basa, sobre todo, en mis experiencias, así que termina siendo una especie de biografía, incluso, cuando colaboro con otras mujeres y, al final, son también las historias de todas», revela la artista. 

Y es que su universo artístico se abrió muchísimas ventanas de visibilidad a través de Instagram durante el paréntesis de la cuarentena, que le brindó el tiempo libre que tanto añoraba dentro de la dinámica acelerada del mundo real para poder crear. «Por fin pude contar lo que siempre quise contar, las anécdotas y los sentimientos que guardaba adentro», explica. «Y desde la cuarentena en adelante, me propuse centrarme en mí y en contar realmente lo que sé, pero hacerlo de una manera creativa e irónica que pudiera llamar la atención para que se me escuchara, porque, para mí, se trata de un proceso artístico, pero también político», manifiesta Álvarez. 

Si bien su imaginario engloba muchas otras ramas de la fotografía y el lenguaje audiovisual, desde álbumes para distintos eventos hasta portadas de disco o carteles de películas, el proyecto personal de Asiria Álvarez ha encontrado su lugar donde millones de mujeres buscaban un espejo en el que reconciliarse. «Esa acogida sí que no me la esperaba y estoy agradecidísima», confiesa, «sobre todo, por el apoyo de tantas mujeres a las que les ayuda lo que digo o cómo muestro los conflictos a los que nos enfrentamos las mujeres». «Y mi sueño es poder exponer algún día este proyecto y seguir contando nuestras historias», concluye.

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