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Letras

“Un cura me dijo que yo estaba condenado por leer a Pérez Galdós”

El nonagenario escritor Juan Pérez Navarro, autor de ‘Episodios personales’, presenta este libro con sus memorias en la Casa-Museo de Don Benito

Juan Pérez Navarro presenta una muestra de filatelia. La Provincia

Leer a Benito Pérez Galdós a mediados de los años cincuenta del pasado siglo era, en ocasiones, motivo de controversia alentada por el obispo Pildain porque lo consideraba peligroso, recuerda Juan Pérez Navarro, un ávido lector del escritor grancanario desde muy joven. «Muchas personas dejaron de hablarme porque, según el cura de Tamaraceite, yo estaba condenado por leerlo y quería que quemara todos sus libros», rememora el escritor de 93 años.

Algunas de estas anécdotas, además de su extensa trayectoria laboral, su afición por la filatelia y por Galdós, recoge este vecino de San Lorenzo en el libro de sus memorias, Episodios personales, que presenta mañana, a las 19.30 horas, en la Casa-Museo Pérez Galdós, un recinto del que reconoce que ha estado entrando y saliendo desde su inauguración.

Recuerda que durante la época del obispo Pildain, que instó a la excomunión a quienes leyeran a Galdós, «hasta mi familia se puso en mi contra». Y es que un día se presentó en su casa el cura de Tamaraceite y le dijo a su madre que tenía que quemar todos sus libros porque estaba condenado y ella le respondió que no los iba a quemar porque ya era mayor de edad.

El obispo Pildain instó a que se excomulgara a los que leyeran al autor grancanario

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Leer a Galdós casi hace que rompiera con su novia poco tiempo antes de casarse. «Por poco me rompe la felicidad», recuerda ahora. Su novia le insistía en que quemara los libros y él se negaba porque lo que decía Pildain era mentira. «Las mujeres en esa época creían que lo que decía el cura era palabra de Dios. Esa época fue terrible», rememora.

Devoción desde niño

Esta devoción especial por Galdós le viene porque tuvo un libro suyo en sus manos cuando apenas tenía siete u ocho años, y fue La de los tristes destinos, de los Episodios Nacionales, aunque no para leerlo. Pérez Navarro recuerda que tenía un tío con una amplia biblioteca en su casa, con una puerta cerrada con llave, donde, entre otros libros, tenía todos los Episodios Nacionales con la bandera republicana. «Yo tenía curiosidad porque desde muy pequeñito aprendí a leer y llegué al colegio con seis años ya leyendo. Fui precoz porque mi madre y mi tía me obligaban», relata entre risas.

Sin embargo, no fue Galdós lo primero que leyó, sino una pequeña selección de poemas de Tomás Morales que tenía su padre, un libro que ahora está en la Casa-Museo de este escritor, en Moya. También leyó una antología de José Martí que su padre había traído de Cuba.

Pero la biblioteca de su tío Pepe seguía siendo su obsesión y le pedía que le dejara libros, pero él siempre le respondía que se los daría cuando fuera mayor. Tiempo después se dio cuenta que era porque entre los libros que atesoraba, también tenía alguno «picante».

Una de las veces que se encontró la puerta con la llave puesta y entró a escondidas, sacó un libro con una mujer desnuda en la portada, y la siguiente vez que logró colarse en ese ansiado lugar se topó con La de los tristes destinos, hasta que lo encontró su tía y se lo quitó. «Ese nombre se me quedó grabado porque creía que era una novela erótica», recuerda ahora con humor. «Ese título se me quedó impreso. Aquella obsesión infantil me ha perseguido toda la vida», reconoce.

La primera vez que leyó este libro, su favorito a lo largo de toda su vida, fue cuando ya tenía 15 o 16 años y se hizo socio de la Sociedad de Tamaraceite porque le gustaba bailar. Cuando inspeccionó el local se topó con la ya desaparecida biblioteca, y vio los libros con la bandera republicana y volvió a encontrar ‘La de los tristes destinos’ y se lo llevó a su casa, todavía creyendo que era una novela erótica. Sin embargo, le gustó tanto el tema que leyó todos los Episodios Nacionales.

Después siguió con otros libros de literatura universal, especialmente de los escritores rusos, y ya pasó a las novelas de Galdós que le recomendó una compañera de trabajo cuando era mayor de edad y empezó a trabajar en la empresa Betancor.

El escritor también es aficionado a la filatelia y ha expuesto su colección

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Cuando se fundó la Asociación de Amigos de Galdós, en los noventa, se inscribió, y volvió a hacerlo otra vez cuando se fundó por segunda vez, y ahí sigue hasta la fecha. Con ellos ha leído otra vez todos los Episodios Nacionales, para él la obra «gigante» del escritor grancanario, y hasta en tres ocasiones ha leído su preferida. A lo largo de su vida ha devorado todos sus libros, ya sean novelas o teatro, al comprar las colecciones completas, tanto las que editó Aguilar como las del Cabildo de Gran Canaria. «Galdós ha sido parte de mi vida literaria», asegura.

Pero Galdós no solo está presente por sus libros, sino que la unió con otra de sus aficiones desde niño, la filatelia. De hecho, fue socio fundador de la filatelia La Pintadera hasta su jubilación. Así que se hizo con la colección de matasellos especiales del escritor con los personajes españoles que novelizó en los Episodios Nacionales. Esa colección fue expuesta en la Casa de Colón durante un congreso galdosiano y después la donó a la Casa-Museo Pérez Galdós.

Y su devoción por el escritor también le llevó a hacer las rutas que hizo Galdós por Europa.

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