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Amalgama

Un catedrático en Jabalpur

Un catedrático en Jabalpur

En una de las veladas peripatéticas con Markus Gabriel y Ernesto Castro, en los días durante los cuales celebramos el encuentro sobre Filosofía y Ética, hablamos de Peter Sloterdijk, el filósofo alemán, catedrático de Estética y Filosofía en la «Staatlichen Hochschule für Gestaltung Karlsruhe Philosophie und Ästhetik», donde posteriormente dio clases Byung-Chul Han, en 2012, y de cuya Escuela, Peter ha sido rector. Sloterdijk, algunas de cuyas vacaciones las pasaba en Fuerteventura, de incógnito filosófico, es un controvertido pensador influido originalmente por la Escuela de Frankfurt que, en los años noventa del pasado siglo, polemizaba con sus intervenciones televisivas en Alemania. Pero dos décadas antes, en los setenta, Sloterdijk vio algo más allá, advirtió que la ciencia occidental es melancólica, y decidió ir a India a ver al entonces prometedor filósofo Acharia Rajneesh.

A su regreso de India se enfrentó al clásico dialéctico Juergen Habermas, llegando a advertir Peter, en 1999, en sus famosas Normas para el parque humano, que la humanidad es un humanero, y el humanismo es más mecánico y menos subjetivista y libre de lo que parece. Burbujas, globos, espuma y esferas son conceptos para definir la existencia humana, que hacen pensar en el more geometrico demonstrata de Spinoza, por la vía de la transferencia (Übertragung) de los afectos a personas extrañas y de los espacios primarios, como el útero, a nuevos lugares y escenarios lejanos. Por ese camino se sigue, hasta que, como dice Sloterdijk, llegamos al desfondamiento (Entgründungen), y nos preguntamos «¿Dónde estamos cuando estamos en lo inmenso?» (Burbujas, p. 644), y ya la geometría no ayuda, es más, si descendemos a lo geográfico nos hace topar con la esfera llamada Globo, y consecuentemente, con la globalización. O con el patio de los calladitos, es decir, el cementerio.

Pero vamos a Rajneesh. Peter Sloterdijk lo reivindicó como un gran pensador-espiritual, acaso el «Wittgenstein de la religión», por lo cual ha sido Peter enormemente criticado, escapando, gracias a su germánico enciclopedismo, del ridículo en Occidente, donde sólo se sueña con «ovejas eléctricas». El profesor tras el cual fue Sloterdijk, se llamaba originalmente Chandra Mohan Jain, conocido desde joven como Rajneesh, nombre que acuñó para su carrera intelectual. Chandra Mohan Jain comenzó sus estudios universitarios en 1951, en la Universidad Hitkarini, en Jabalpur, los cuales siguió luego en el Colegio Jainista D.N., también en Jabalpur, al ser expulsado por comportamiento inmoral, y a la vez que estudiaba también trabajaba como asistente en un periódico de la ciudad. Desde 1951 a 1968 participó en los encuentros inter-religiosos de Jabalpur, auspiciados por los jainistas. A partir del 21 de marzo de 1953 Rajneesh tuvo un episodio de iluminación, episodios comunes en India, donde son manifestados y respetados, o sea, una experiencia mística, de desfondamiento, de Entgründungen, por ponerlo en palabras de Sloterdijk, mientras Rajneesh estaba sentado bajo un árbol en el jardín Bhanvartal.

Rajneesh terminó su Bachelor of Arts en Filosofía en 1955, en el Colegio Jainista D.N., ingresó en la Universidad de Sagar y, en 1957, obtuvo su M.A. en Filosofía, con honores, comenzando a enseñar como profesor en el Colegio de Sánscrito de Raipur, donde se le tildó de peligroso por amoral, y pasó a dar clases a la Universidad de Jabalpur, donde se convirtió en catedrático en 1960. A partir de entonces dio conferencias por toda India contra el socialismo, el cual consideraba que solo socializaba la pobreza. También Rajneesh discursó contra Gandhi, que asimismo veneraba la miseria desde una experiencia religiosa carente de voluntad, una industria del victimismo. Rajneesh predicaba que India necesitaba capitalismo, ciencia, tecnología y planificación de la natalidad. Criticó con dureza a las religiones (el socialismo es una religión), sustituyó las creencias religiosas por actos de introversión meditativa y creó una escuela que, todavía hoy, perdura, con independencia de una serie de eventos de su comunidad mezclados con evasión de impuestos, ataques bioterroristas y otras historias tan propias de los críticos como de los revolucionarios, como en el ejemplo, por la misma época, del filósofo Guy Debord, el situacionista francés, que hizo pinitos con tráfico de armas, o al igual que Felix Guattari entremezclado con los terroristas de las Brigadas Rojas italianas. Rajneesh, ya en 1970, cambió de nombre y pasó a llamarse Osho, presentó al efecto un método de Meditación Dinámica, cuatro años más tarde abrió escuela-monasterio en Pune, y por esas fechas, años de despertar, de hartazgo con lo dialéctico, Sloterdijk fue a visitarlo y vivió en la comunidad, o «ashram» de Osho. Rajneesh eludía la figura de maestro religioso, y expresaba que él era un agente que producía la catálisis en los discípulos, como «un sol incitando a que la flor se abra». Khushwant Singh, historiador indio, y director del Hindustan Times, lo describió como un «librepensador agnóstico», y lo piropeó como «el pensador más original que la India ha producido: el más erudito, el más lúcido y el más innovador», ridiculizador de dioses, profetas, escrituras, prácticas religiosas y dador de una nueva mirada sobre el interior del ser humano. Sloterdijk señala a Osho como deconstructor de las religiones del mundo, pero, si estudiamos sus enseñanzas, no se trata de una deconstrucción sin más, sino de la depuración de esas escrituras para sacar de ellas el tesoro oculto, la sabiduría de miles de años tras la que no hablan simples individuos humanos. La historia es mucho más larga, pero la terminamos aquí en lo que es un enfoque entre filósofos, y eso explica muchas de los discursos de Sloterdijk sobre el mundo, una vez retornado del «desfondamiento» ontológico que vivió en Oriente. Volvemos a los paseos de Markus, Ernesto y yo sobre el tema, que terminó, cómo no, girando acerca del problema de la conciencia abordado al modo occidental, y ahí tropezamos con el «Hard problem of consciousness», definido por David Chalmers, y es más, con el «Pretty hard problem of conciousness», provocado por la IIT de Giulio Tononi. Pero eso, amigos, es otra historia.

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