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Un género musical en sí mismo

Tyler, The Creator, se reafirma en el hip-hop con un álbum que fusiona el rap más furioso, el paisajismo exótico y la sensualidad del r’n’b

Tyler, ‘The Creator’. | | LA PROVINCIA/DLP

Del hip-hop han salido algunas de las pistas más innovadoras de la música en los últimos tiempos, y ahí se sitúa Tyler, The Creator, erigiéndose en tercer vértice de la vanguardia encarnada por Kendrick Lamar y Kanye West. Hip-hop y algo más: su última obra, Igor (2019), con Earfquake como esbelto rompehielos, rebasaba las categorías genéricas rozándose con el soul, el r’n’b y la textura bastarda, con trasfondos psicodélicos, y combinando el rampante rapeado con la melodía cantada.

Pero, si bien aquel disco era ideal para los oídos entrenados en el rock y la música negra clásica que se sintieran intrigados por los novedosos lenguajes urbanos, el nuevo, Call me if you get lost, es un paso al lado que combina aquella actitud exploradora con el rap hardcore de sus inicios. Obra de síntesis, quizá más pensada para gratificar a sus seguidores históricos que para ampliar contornos, si bien con entidad propia para alzarse como uno de los puntos cardinales de 2021.

Tyler, The Creator muta en una identidad colateral y con connotaciones poéticas, Tyler Baudelaire, que asoma en la tarjeta de identificación plasmada en la portada del disco y en la breve pieza de apertura, Sir Baudelaire. Pórtico en el que Tyler despliega un flow introspectivo, contrapuesto a las gritonas voces secundarias, los ad libs, de Dj Drama, todo ello sobre un fondo celestial, camino del rap furioso de Corso. Esos fuertes contrastes marcan la pauta en el disco, siempre matizados por transiciones muy elaboradas, en las que Tyler se crece como productor y biblioteca andante de sonidos.

El álbum que acaba de sacar al mercado suministra información en cada secuencia y cada beat, encadenando las canciones como en una obra unitaria y creando climas y anticlimas. Hay que hablar del viaje de la amenazante Lemonhead al r’n’b sensual de Wusyaname, con parada en una soleada bossa nova con tejidos de easy listening (donde Frank Ocean cuela un monólogo no acreditado en las plataformas de streaming). Y del airado rap de Lumberjack, tema lanzado como primer sencillo, y de esa inquietante mirada a la esclavitud llamada Massa, donde la gravedad se impone con brusquedad a la postal tropical.

Tyler retoma toda la invasiva verborrea de los viejos tiempos, fundiéndola ahora con escenas imprevisibles donde tanto pueden colarse metales triunfales como flautas exóticas: ahí están los casi 10 minutos de Sweet / I thought you wanted to dance, en torno a un r’n’b amable y ensoñador. En fricción con tanta suavidad, el sofocante Juggernaut (con featuring de Pharrell Williams) y ese largo Wilshire con pensamientos en voz alta, en el que fantasea con levantarle la novia a su amigo. Tyler, The Creator, tan chulo como siempre, haciendo de su tupida amalgama de sonidos y rimas un género propio.

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