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Discos

Marisa Monte, irresistible hechicera

Exquisita propuesta acompañada de Arto Lindsay, Seu Jorge y Arthur Verocai

Marisa Monte  | | LA PROVINCIA/DLP

Marisa Monte | | LA PROVINCIA/DLP

Marisa Monte, la artista que lo tiene todo: voz celestial, dotes como autora y productora, carisma y buena agenda. Lo suyo ha sido siempre una bonita rareza, ya que muy pocos artistas brasileños, y en portugués, y más aún de su generación postropicalista, han gozado de su predicamento, también en países como el nuestro. Localista y mundana, popular y refinada, dada al hit y a la pulsión vanguardista, la estilosa carioca ha establecido una manera propia de hacer que refresca ahora en su nuevo disco, sin cambios de fondo y con hermosa caligrafía.

Portas es su primera obra en solitario con canciones nuevas en una década (desde O que vocêquer saber de verdade, 2011), si bien en este tiempo ella no ha estado parada: disco y gira con Tribalistas (entente con Carlinhos Brown y Arnaldo Antunes), conciertos con Paulinho da Viola, una antología (Coleção, 2016) y aportaciones a álbumes de Antunes, del guitarrista CézarMendes o de la fadista Carminho. Con ella, siempre parece que las cosas suceden de un modo desprendido, como si urgencias y tempos promocionales le fueran extraños. Y así, como caído del cielo, nos llega Portas, disco generoso (16 canciones), de complexión aromática, bellos contornos y selectos arreglos, que da un renovado esplendor a su arte de la canción. El carril de entrada lo puso días atrás "Calma" (single y vídeo), una canción compuesta, como otras cuatro, con Chico Brown (hijo de Carlinhos), que nos alerta de las «tormentas en un vaso de agua» valiéndose de tejidos acústicos y de una elegante producción compartida con Arto Lindsay, el arquitecto sonoro de sus álbumes clásicos.

Lindsay la acompaña también en la pieza titular, donde nos habla de puertas hospitalarias y de pasillos que es preciso airear. Puede parecer que hablamos de una obra inofensiva, de calma chicha, pero Portas embruja con sus pliegues de resonancias mágicas y su diversidad de tonos. "Medo do perigo" fluye bañada en coros ensoñadores, "Totalmente seu" es una impepinable balada al piano y "A lingua dos animais" se crece a golpe de swing, influjo del norte que se insinúa, con vistas a Tin Pan Alley, en otra pieza de nota, "Em qualquertom". Entre los cómplices de composición tenemos también al habitual Antunes y a Marcelo Camelo (exLos Hermanos).

La Marisa Monte más enraizada nos entrega una vibrante samba en "Elegante amanhecer", y el arreglo orquestal con trasfondo exótico, a cargo del venerable Arthur Verocai (autor del homónimo álbum de culto de 1972), envuelve con tacto de seda "Dèjàvu" y "Para melhorar" (esta, de la mano de Seu Jorge). Cancionero que deja un rastro belleza vivificante a su paso y que no termina aquí: una canción no incluida, "Vento sardo", compuesta con Jorge Drexler, queda pendiente para su futura publicación en single.

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