Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Arquitectura

La arquitectura como experiencia emocional

Algunas ciudades como Venecia han optado por dejar en manos privadas obras de rehabilitación de su patrimonio

La arquitectura como experiencia emocional

La arquitectura como experiencia emocional

Si las cosas no suceden tenemos que provocarlas nosotros. Eso decidió Venecia en 2006, cuando enfrentándose a la imposibilidad de acometer la ciudad por sí sola todas las obras de rehabilitación arquitectónica de su bellísimo patrimonio, y no teniendo la ayuda que se había solicitado a Roma, determino que manos privadas pudieran acometer algunas de ellas siempre y cuando mediara, como se requiere en toda la Unión Europea, un concurso que garantizara la concurrencia competitiva y la calidad.

La arquitectura como experiencia emocional

Una de las más emblemáticas es la que resultó vencedora de uno de esos concursos: una propuesta de Tadao Ando para la restauración del edificio de la Punta della Dogana, situado a orillas del Gran Canal de Venecia, frente a la Iglesia de San Giorgio Maggiore.

La arquitectura como experiencia emocional

¿Quién pagó la rehabilitación y ahora disfruta de una concesión? El gran coleccionista de arte contemporáneo François Pinault.

La propuesta del arquitecto japonés Tadao Ando recuperó la imagen original del edificio del siglo XVII tras deshacerse de todos los volúmenes que se le habían añadido con el paso de los años (aquí nos da Ando una lección más: un edificio porque sea BIC no tiene por qué conservar los añadidos posteriores que desmerecen del conjunto, debate ahora muy de moda en algunos enclaves de las Islas Canarias).

Tadao Ando propone, inteligentemente y con un gran respeto a los espacios históricos, series de yuxtaposiciones entre lo contemporáneo y lo histórico que respetan en todo momento la esencia de la historia y que a la vez consiguen dar un nuevo uso —el de ser recinto para colecciones de arte contemporáneo— y poner así en valor un edificio histórico que ahora, con el paso de los años, ya más de 13 años desde que se abrió al público en junio de 2009, se ha convertido en uno de los productos culturales de calidad del turismo de Venecia.

Cuando comenzó la rehabilitación de la Punta dela Dogana el edificio llevaba varias décadas de abandono. Originalmente fue proyectado en el siglo XVII por el arquitecto italiano Giuseppe Benoni y era, como su propio nombre indica, la aduana de Venecia, donde se sucedían los controles de entrada y salida de materiales a la ciudad.

El edificio sufrió muchas modificaciones parciales y poco brillantes, hasta que, siguiendo la corriente de rehabilitar antiguos edificios industriales, como sucedió en Canarias con el Espacio Cultural El Tanque, y también en la propia Venecia con la utilización de los grandes espacios navales del Arsenale, que hoy son sede de la Bienal de Arquitectura, se convocó el concurso para su remodelación y se produjo la misma de la mano de Ando.

La intervención de Ando fue tremendamente respetuosa con el edificio preexistente, recuperando su volumen original, tratando de recuperar la imagen del proyecto de Benoni. Y el edificio deja ver todas esas huellas, de colisiones, fricciones de unos y otros momentos históricos, de manera que surge una mezcla que proporciona una nueva fuerza a un edificio histórico que cambia de función.

Por supuesto la rehabilitación no estuvo exenta de problemas. Tuvieron que llevarse a cabo trabajos de consolidación de la estructura para evitar posibles daños surgidos por filtraciones de agua. También se rehabilitaron todas las fachadas y la escultura que corona el campanario de 28 metros de altura situado en el vértice del triangular edificio, la conocida como Estatua de la Fortuna de Venecia esculpida en el siglo XVII por un escultor barroco llamado Bernardo Falcone.

En el interior el proyecto de Ando vuelve a la disposición original del edificio, compuesta por nueve naves perpendiculares al Gran Canal veneciano y paralelas entre sí que, de forma progresiva, van adaptando su tamaño a la forma triangular del edificio.

La única parte que no constaba en el edificio original que Ando mantuvo fue el espacio cuadrado del centro del edificio. Ando dispuso en este espacio un gran cubo de hormigón armado del ancho de dos naves que sirve como nexo organizador de los recorridos artísticos en el edificio ahora que está abierto al público como museo de arte contemporáneo, y son esos recorridos los que te llevan a tener una experiencia emocional única.

Dulce Xerach Abogada y doctora en Arquitectura. Investigadora de la Universidad Europea

Compartir el artículo

stats