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Crítica | 37º Festival Internacional de Música de Canarias

Finaliza la edición con una concertino implacable

Debido a un “accidente doméstico” (v.o.), el director titular de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria canceló su participación en el concierto de clausura del Festival dos días antes de la fecha anunciada, y fue sustituido por una concertino invitada, la coreana Barennie Moon. Sentada de espaldas a media orquesta y dirigiendo a base de flexiones del tronco, revoloteos del arco y rebotes en el asiento, desempeñó la dama el doble rol de directora y concertino. Al menos este crítico no había visto jamás nada parecido en el espacio de la sinfonía. Con la Quinta de Beethoven, base del programa, consiguió una notable unidad de ataque en todas las secciones pero apenas bajó del forte y el fortísimo (salvo prescripción ad hoc del autor) y las oscilaciones de tiempo y volumen que construyen el fraseo musical estuvieron ausentes en casi toda la velada).

Beethoven sonó a marcha militar implacable en la mayoría de los temas, con tiempos rígidos sin una sola inflexión. Difícilmente puede adquirir vida una sinfonía genial cuando los brazos del director están ocupados por un violín y su arco en plena faena y el semblante facial queda oculto para media orquesta.

Beethoven sonó a marcha militar en la mayoría de los temas, con tiempos rígidos, sin una inflexión

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¿De quién fue la brillante idea: del titular, que se supone director de los ensayos hasta dos días antes del concierto; de la concertino, que hizo cuanto pudo, hasta la extenuación, en la confianza de que la orquesta sinfónica es lo mismo que un conjunto de cámara; o de la propia orquesta en un temerario arranque de optimismo?.

La diferencia ya estaba en el programa, que empezó con una obra para arcos, el precioso y popular Divertimento en re, K136, para cuarteto u orquesta de cuerdas. Aunque un poco pasado de volumen, sonó en tempo, muy limpio en todos los instrumentos, luminoso y amable en zu elegante mundanidad.

Muy curiosos los Tres equali para cuatro trombones (sin orquesta) de Beethoven, Wvo 30. Espléndidamente tocados por los intérpretes, encabezados por Bernard Doughty, solista de la Orquesta.Escuchamos por vez primera en las Islas una estructura inèdita, cuyos elementos iguales (no la forma final) difieren en el tratamiento. Sonaron con una bella melancolía, incluso tristes, y leales al uso funerario que tuvieron.

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