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Poesía
Manuel Díaz García Poeta y activista cultural

Manuel Díaz García: «Este homenaje poético a mi madre pone en palabras la ausencia»

El escritor Manuel Díaz García en la Feria del Libro de Las Palmas. | | LP/DLP

El escritor Manuel Díaz García en la Feria del Libro de Las Palmas. | | LP/DLP

El poeta y activista cultural Manuel Díaz García, panadero de profesión y escritor de vocación, publica ‘Equipaje para un largo trayecto de dolor’ (Ed. Garoé, 2021), su poemario más íntimo.

Su nuevo poemario, Equipaje para un largo trayecto de dolor, dedicado a su madre, nace como un ejercicio poético que convierte la herida de la pérdida en arte. ¿Cómo afrontó su proceso creativo?

El proceso fue bastante doloroso. Siempre digo que este poemario nació el 14 de mayo de 2019, que es cuando mi madre muere, y uno de mis recursos fue utilizar el latín, donde conté con un profesor especializado que corrigió y revisó todos los versos traducidos dentro del libro para que fuese absolutamente riguroso. Este recurso se debe a que el latín es lengua madre y lengua muerta, pero siempre la tenemos presente. Y este es el símbolo que quise utilizar como un homenaje poético a mi madre que pone en palabras la ausencia, pero que también es un homenaje a todas las mujeres, a todas las madres, como ya me han hecho saber muchas personas que lo han leído y que me han dado las gracias, porque han encontrado las palabras que necesitaban para despedirse de sus madres.

Entre 2018 y 2019 ya transitó los senderos del duelo por medio del verso en Nostalgia del olvido. ¿Se produce algún tipo de catarsis, liberación u homenaje en ese viaje interior que luego traduce en poesía?

El día que murió mi madre descubrí, aunque ya lo tenía claro, que necesitaba la literatura y que, sin poesía, no podía seguir. Pero, como anécdota, acabo de recordar la paradoja que me señaló este profesor de latín en el sentido de que soy una persona muy vitalista y, sin embargo, tiendo a escribir casi de forma obsesiva sobre la muerte. Lo que sucede, precisamente, es que yo me libero por medio de la literatura, que es donde vacío todas mis miserias, temores, frustraciones, complejos y amores. En eso consiste mi búsqueda poética. Además, la muerte nos aterra, pero es la única verdad que tenemos y el poeta, sobre todo, se nutre de nostalgia.

Y sobre este último poemario, ¿destacaría otros giros o experimentos estilísticos desde el punto de vista literario?

En Equipaje para un largo trayecto de dolor le escribo por primera vez a mi madre, porque antes no me acuciaba esa necesidad que ahora me imponía su ausencia. Luego, no solo le escribo por primera vez a ella, sino que también incluyo dentro del poemario mi profesión de panadero, que es algo que no había hecho nunca, así como tampoco había puesto títulos a mis poemas hasta ahora. Lo que sí tiene en común este poemario con el resto de mis trabajos es el grado de investigación y profundización en otras voces y tiempos literarios, en otras tradiciones y corrientes.

Esa conciencia de universalidad de la poesía siempre ha estado presente en su obra con múltiples referencias clásicas, mitológicas y simbólicas. ¿Cuáles atraviesan este libro?

En este caso me he remitido a la poesía clásica -Virgilio, Catulo, Ovidio-, pero también he recorrido otras coordenadas que van desde el romanticismo gótico, con nombres como Edgar Allan Poe, a referencias a poetas como la argentina Alejandra Pizarnik y su reflejo del dolor en el cuerpo. También me imbuí de la obra de la poeta francesa maldita Marceline Desbordes-Valmore, de los sonetos a la muerte de Gabriela Mistral y de los versos de Jaime Sabines y Miguel Hernández, entre otros. Aunque solo son 21 poemas, el resultado es un poemario muy duro y durante mucho tiempo pensé que nadie querría publicarlo hasta que María Ibaya, de Ediciones Garoé, lo leyó, se enamoró de él y quiso arriesgarse. Luego, Noelia Sánchez, mi mujer, se encargó del diseño de la portada.

«La muerte es la única verdad que tenemos y el poeta, sobre todo, se nutre de nostalgia»

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¿Se sale indemne de un poemario como este?

Para mí ha sido una manera de romperme y reconstruirme a través de todo el amor que mi madre me dejó. Como si ese amor me «pariese» de nuevo después de expulsar el dolor, aunque el camino siempre es largo, tanto en la vida como en la poesía.

En cuanto a su trayectoria general, su pasión es la poesía pero su oficio es el de panadero: ambas facetas comparten una naturaleza artesanal y creativa en el sentido de amasar harinas como moldear palabras. ¿Se identifica con ese paralelismo?

Creo que el mayor paralelismo que puedo identificar entre una profesión y una afición -porque no me gusta considerarme un escritor profesional del sector; eso lo dejamos para los grandes, que tenemos muchos en Canarias- es la voluntad. Yo trabajo como panadero desde los 6 años y hay que tener mucha voluntad, mucha constancia, y en la literatura sucede igual. En otras palabras, creo que las claves son: trabajo y pasión.

Para terminar, también es conocido por su intenso activismo en la gestión y promoción cultural. ¿Este verano se celebrará una nueva edición de Artebirgua Literario. Letras en la Cumbre, uno de sus encuentros más queridos, que el pasado 2020 se celebró en formato digital?

Por supuesto. Este año volverá a celebrarse vía online, pero confío en que el próximo 2022 vuelva a celebrarse de forma presencial, así como espero retomar muchísimos proyectos que ahora mismo están parados, porque Canarias y su panorama cultural lo merecen. En cuanto a Artebirgua Literario, este año volveremos a contar con cuatro mesas de debate que, en esta ocasión, dedicaremos al dialecto canario, al ensayo en Canarias, al mundo editorial en las islas y al universo de Natalia Sosa Ayala, que este año ha sido la protagonista del Día de las Letras Canarias. Además, también presentaremos a una joven cantautora canaria muy prometedora, Salomé Moreno, que estoy convencido de que va a ser un grandísimo descubrimiento.

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