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La Provincia - Diario de Las Palmas

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AMALGAMA

Una nevada en Brasil

Juan Ezequiel Morales

Para enfocar el tema por su parte cultural, vamos a la novela de Ayn Rand, de 1943, The Fountainhead, llevada al cine seis años después por King Vidor, y con Gary Cooper de actor principal. En el alegato ante los jueces, el protagonista definía a los humanos-parásitos: «Es inconcebible que exista un cerebro colectivo, el hombre que piensa debe pensar y actuar por sí solo. La mente razonadora no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción. No puede estar subordinada a las necesidades, opiniones o deseos de los demás. El creador se mantiene firme a sus convicciones, el parásito sigue las opiniones de los demás. El creador piensa, el parásito copia.

Gary Cooper.

El creador produce, el parásito saquea. El interés del creador es la conquista de la naturaleza, el interés del parásito es la conquista del hombre. El creador requiere independencia, ni sirve ni gobierna, trata a los hombres con intercambio libre y elección voluntaria, el parasito busca poder, desea atar a todos los hombres para que actúen juntos y se esclavicen. El parásito afirma que el hombre es solo una herramienta para ser utilizada, que ha de pensar como sus semejantes y actuar como ellos, y vivir la servidumbre de la necesidad colectiva prescindiendo de la suya… es un conflicto antiguo, que tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo.

Casualmente, repasando este texto, oía en una radio al director de un hospital, explicando los enfermos de la pandemia y sus ubicaciones en las unidades de cuidado intensivo o en las camas, y de cómo los vacunados tenían un porcentaje respecto a los no vacunados, que implicaba que el mensaje era vacunarse, y el corolario: «Hay que pensar menos en el individuo y más en el nosotros». Evidentemente, hoy día, las decisiones no son decisiones científicas, determinadas por una discusión libre entre los partidarios de una hipótesis o de otra. Estamos en un momento Lysenko, el científico agrónomo de Stalin al que había que seguir porque lo decía Stalin, y gracias al cual hasta la estadística y la mecánica cuántica, resultaban ser ciencias burguesas.

El lysenkismo provocó millones de muertos. Todo es una acción, dirigida por el miedo social, del nosotros, que aplasta cualquier opinión contraria, contra todo método científico que debe considerar absolutamente todas las hipótesis, a fin de contrastarlas. No hacerlo ya no es ciencia, es política. Cuando a los discrepantes a la vacunación se les denomina irresponsables por el presidente del Gobierno regional, o «ratas» por un periodista, o «señoritismo negacionista», «memo que gruñe con babas sulfúricas», «patán», por otro periodista, etcétera, estamos ante mera propaganda sesgada, un abuso que pretende la esclavización de las mentes y de los cuerpos.

Una actitud abyecta por parte de quienes estaban para defender la libertad, valor en horas bajas desde que resulta obligatorio pensar en el nosotros y prohibido pensar en el individuo. Alguna prestigiosa y solitaria opinión periodística va en contra, como la de Juan Manuel de Prada, que denomina «tragacionistas» a todos éstos, porque tragan con todo lo que se dicta desde el gobierno contra los llamados negacionistas de las vacunas, categoría difusa en la que se engloba a cualquier persona que albergue dudas razonables ante las terapias génicas experimentales que se están inoculando masivamente a la población.

Y a medida que los fallos de estas terapias se hacen más evidentes y clamorosos, más histéricos y groseros son los miedos que instilan entre los esclavos… Ninguna persona que no estuviese completamente invadida por el miedo y reducida a la esclavitud aceptaría que tales evidencias fueran negadas o maquilladas. Efectivamente, los informes de muertes y lesiones graves por las inyecciones contra el Covid-19, a 11 de junio de 2021, según el Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas de EE UU habían sido de 358.379 eventos adversos, incluidas 5.993 muertes y 29.871 lesiones graves. En la base de datos de reacciones adversas a medicamentos de la Unión Europea por vacunaciones contra el Covid, llamada EudraVigilance, se informaron 1.509.266 lesiones, incluidas 15.472 muertes al 19 de junio de 2021.

El sistema británico de tarjetas amarillas, al 9 de junio de 2021, informaba de 276.867 eventos adversos después de la vacunación de Covid, incluidas 1.332 muertes. Se vulneran todos los derechos de consentimiento informado, y se vacuna a la población como ovejas en un corral, imponiendo una obligatoriedad moral multiplicada por los medios informativos sin atisbo de ninguna crítica, la cual se considera inadmisible, irresponsable y peligrosa, con independencia de que sea la actitud anticientífica más feroz. La tasa de muertes informadas por las vacunas anti-Covid va superando a la de más de 70 vacunas combinadas durante los últimos 30 años, y es aproximadamente 500 veces más letal que la vacuna contra la gripe estacional que, históricamente, ha sido la más peligrosa.

Las expulsiones de sus Colegios de los médicos que contravienen esta corriente político-moral, y acientífica, indica que se trata de una lucha feroz, y repetimos, política. Terminemos con el mejor ejemplo de lo que es la ciencia en manos de un político partidario del nosotros frente al individuo. Ione Belarra, de Podemos, actual ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, ante una nevada en Brasil, en la localidad de Gramado, en Porto Alegre, a 3.270 kilómetros hacia el sur. Belarra tuiteaba: «Imágenes inéditas como estas demuestran que los negacionistas de la crisis climática cada vez tienen más difícil negar la evidencia de un mundo que nos está avisando a gritos que no hay planeta B».

Rafael Gallego le llamaba la atención pícaramente ante su desconocimiento de que el invierno austral coincide con el verano europeo: «La líder de Podemos se convirtió con esa frase, en realidad, en una negacionista de la inclinación del eje del planeta y su efecto sobre las estaciones por el movimiento de traslación de la Tierra». Este es buen ejemplo de que la ciencia en manos de los políticos, se convierte en un instrumento peligroso. Los necios han secuestrado a la ciencia y llaman patanes, memos y ratas a quienes discrepan en libertad y quieren conocer los pros y los contra, quieren conocer sin sesgos. Como decía Bertolt Bretch, malos tiempos para la lírica.

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