Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Albert Camus, «conciencia de la humanidad»

Santiago Araúz de Robles rinde homenaje al celebérrimo escritor francés de origen argelino

Junto a estas líneas, Albert Camus, novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1957.

El escritor Santiago Araúz de Robles ha publicado aproximadamente 28 libros de diferentes géneros, a saber: novela, relato corto, poesía, ensayo y teatro. Ha recibido, entre otros, los premios Tigre Juan, de Novela, Ámbito literario, de Poesía, Hucha de Oro, Carta de Oro o Pedro Antonio de Alarcón y fue finalista en el Premio Nacional de Literatura de Ensayo, Miguel de Unamuno.

Su obra dramática ha visto la luz de la mano de la editorial Fundamentos en Mi nombre, Albert Camus (2009), Trece cartas (Encuentros con Graham) (2010), ¿Qué hay, Marilyn? / El Corpus Chico (2012), Nadie abate el muro y cuatro relatos breves (2015), El hombre en la isla / La agonía florida de Carlos Brito (2017) y Simone (2018). En esta última, al igual que el libro que nos ocupa, nuestro escritor guadalajareño elige como personaje a Albert Camus, quien nos da a conocer a su amiga Simòne Weil, de la que dice que es el único gran espíritu de nuestro tiempo.

Mi nombre, Albert Camus homenajea al celebérrimo escritor francés de origen argelino. Nos parece oportuno destacar algunos datos del protagonista para esbozar al protagonista de este texto teatral. Novelista, dramaturgo y ensayista francés, su infancia y gran parte de su juventud transcurrieron en Argelia. Empezó la carrera de Filosofía en su país natal y este dato es relevante, ya que es patente la influencia que ejerció en él el existencialismo y la visión del destino humano como absurdo, ya que la vida humana es intrascendente para el universo que nos rodea; pensamientos que se reflejarán en las conversaciones de los personajes de la obra, así como en sus primeras obras de teatro, El malentendido y Calígula.

Se implicó en los acontecimientos del momento: militó en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, y de 1945 a 1947, fue su director y editorialista. Tradujo al francés La devoción de la cruz, de Calderón de la Barca, y El caballero de Olmedo, de Lope de Vega.

En Mi nombre, Albert Camus, Araúz de Robles nos presenta a un Camus apabullado por la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1957. Jean R, profesor; Helen Seurat, su esposa, ambos amigos de Albert Camus; y el reverendo Howard Mumma son los personajes que acompañan a Camus en este periplo en el que busca salida a esta pesadumbre de «conciencia de la humanidad» que siente por el galardón concedido. El volumen se compone de una introducción titulada La noche de un buscador a cargo de Luis Mateo Díez, quien escribe: «Una pieza que pertenece a ese teatro que tiene en el texto su don primordial; en las palabras que construyen el espacio dramático e imaginario como sustancia de su propia expresividad, y que lo hace además con una eficaz imaginación escénica». Le sigue el texto teatral de Mi nombre, Albert Camus y, por último, Deudas y agradecimientos.

El texto dramático está concebido en cinco cuadros y un epílogo. Todos los cuadros se componen de una escena excepto el cuarto, que abarca siete. El primer cuadro que transcurre en la casa de campo de Jean R y Helen Seurat lo componen las conversaciones del matrimonio, aproximadamente en 1960 (año de la muerte de Camus), en el que recuerdan que hace 17 años lo conocieron, es decir, en 1943. Esta fecha da lugar al segundo cuadro, en el que conversan Jean y Albert recreando el momento en que se conocieron en el sótano de una casa parisina y donde manifiestan el motivo de su lucha, detalles de su vida y referencias a intelectuales de la época, como Bretón. Se repite escenario en el cuadro tercero (el mismo que el primero), pero el año es 1958 -recordemos que en 1957 se le concede el Premio Nobel- y los diálogos son emitidos por los tres amigos. Aquí también se citan a autores como Antonio Machado, Pablo Neruda y Juan Ramón Jiménez.

Siete escenas componen el cuarto cuadro, testigo de las confesiones laicas, profundas conversaciones (a veces, disimulados monólogos) entre Albert y el reverendo en la iglesia americana en París -por lo que el escenario es su despacho parroquial-, nos muestran el lado humano, su pensamiento y los interrogantes de este escritor universal. Le habla de su amiga Simòne Weil, fallecida de forma prematura a los 34 años, y que le servirá a Araúz de Robles como asunto dramático a través de la obra de Weil anteriormente citada.

Un gran automóvil deportivo inunda el escenario en el último cuadro que sirve de telón al monólogo del premiado escritor francés (excepto algunas frases de una voz salida de una gasolinera). El primer cuadro guarda relación con el final del quinto, cuyo desenlace y el de la escena primera proporciona a la obra una estructura redonda en el clímax dramático. El epílogo cumple la función de justificar la obra a través del monólogo de Jean ante un auditorio, de tal manera que se convierte en un personaje metaficcional. El uso del recurso del metateatro, así como el marco temporal no lineal, pero sí argumental, indica la habilidad del Araúz no solo con el uso preciso de la palabra, sino también con el código teatral. Por último, debemos destacar que, aunque las acotaciones son bastantes precisas y amplias en algún momento, el autor indica en varias ocasiones que deja a la elección de los directores algunas de ellas.

Sin duda alguna, Araúz de Robles conoce a fondo a Albert Camus y de su mano nos guía en la profundidad de su pensamiento filosófico, humano. Mi nombre, Albert Camus, obra merecedora de ser leída y de llevarla a escena, que muestra la lucha por el ser humano a la que se entregó Camus, miembro de la Academia estadounidense de las Artes y de las Ciencias, filósofo, escritor, «conciencia del siglo XX», un hombre preocupado y ocupado por el mundo que le tocó vivir.

Compartir el artículo

stats