Miguel Campos Delgado, nacido en Güímar en 1912, había atesorado una fuerte experiencia de combate durante la Guerra Civil española. Tras su exilio se sumó a las tropas de la Francia Libre y desde ahí a La Novena del general Leclerc, con la que protagonizó gestas heroicas por las que recibió varias condecoraciones. Desapareció en extrañas circunstancias en diciembre de 1944 durante la batalla de Las Ardenas.

Pasadas las nueve de la noche del 24 de agosto de 1944, después de cinco años de guerra y dos de ocupación nazi, las tropas aliadas entraban finalmente en la ciudad de París. Al frente, La Nueve, formada en su mayoría por republicanos españoles exiliados, entre ellos el canario de Güímar Miguel Campos Delgado, que formaban parte de la 2ª División blindada, bajo el mando del General Philippe Leclerc, unidad de vanguardia cuyo objetivo era ocupar el centro de la ciudad y de esta forma abrir paso al resto de las unidades francesas y también estadounidenses.

Las crónicas de la época relatan cómo los hombres de La Nueve llegaron al centro de la ciudad, hasta la plaza del Ayuntamiento, donde el semioruga Ebro realizó los primeros disparos contra los soldados de la Wehrmacht, que finalmente acabaron retirándose. Fue en ese momento cuando los parisinos salieron en tropel a las calles cantando La Marsellesa y, en el momento en el que se acercaron a sus libertadores, cayeron en la cuenta de que hablaban francés a duras penas. ¡Eran españoles!

El francés Raymond Dronne, jefe de la compañía, dio orden de dirigirse hacia los edificios gubernamentales en busca del comandante nazi de París, el general Dietrich von Choltitz, para apresarlo y exigirle la rendición de la ciudad y sus tropas. Ya en las horas siguientes fueron tomadas al asalto la Cámara de los Diputados y la plaza de la Concordia, momento en el que Dronne se dirigió al despacho de Choltitz para exigir su rendición incondicional, acompañado por sus subalternos españoles.

Finalmente, Choltitz se rindió de forma oficial a las 15.30 horas del 25 de agosto, siendo arrestado por tropas españolas, mientras iban ocupando la ciudad otras unidades de los ejércitos aliados, que en unas pocas horas controlaron los escasos focos de resistencia alemana. Al día siguiente, el 26 de agosto, el general Einsenhower ordenaba entrar en París al grueso de las tropas, y el propio De Gaulle se dio un gran baño de multitudes, siendo aclamado como liberador de Francia y como héroe nacional, pero siempre rodeado por los hombres de La Nueve, quienes habían tenido el honor de recuperar la capital gala.

Sus compañeros y mandos lo definen como un hombre rebelde y guerrillero de primera categoría

Posteriormente, la compañía participó por méritos propios en el desfile de la victoria recorriendo los Campos Elíseos, enarbolando banderas republicanas españolas y conduciendo los jeeps y semiorugas que los soldados españoles habían bautizado con nombres como Guernica, Teruel, Don Quijote, Ebro o Guadalajara. Poco después eran condecorados por el general Charles De Gaulle.

Su historia comenzó en Normandía, donde los miembros de La Nueve desembarcaron en la playa de Utah dos meses después del Día D, el 4 de agosto de 1944. Posteriormente a la liberación de París, la compañía también participó en la toma del Nido del Águila, el refugio privado de Adolf Hitler en Berchtesgaden, en los Alpes bávaros.

Un documento histórico

La escritora Evelyn Mesquida, en su trabajo La Nueve. Los españoles que liberaron París, rescata y documenta las proezas de estos españoles, tomando como referencia las entrevistas personales que ella misma realizó a los propios supervivientes y también los diarios escritos por el capitán francés Raymond Dronne.

La investigadora relata en su libro que Campos había atesorado una fuerte experiencia de combate durante la Guerra Civil española. Al parecer, fue obligado a acudir al frente con las tropas de Franco, pero se pasó al bando republicano, donde fue jefe de una sección. En 1939 partió en barco desde Valencia hacia Argelia, y conducido junto a otros compatriotas a campos de concentración franceses, de donde consiguió huir e integrarse en las tropas de la Francia Libre de De Gaulle y, posteriormente, en el norte de África hasta que recaló en La Nueve.

Los supervivientes entrevistados hablan de él como un hombre rebelde, pero con un gran sentido del compañerismo. El capitán Dronne definía a Campos como «un guerrillero de primera categoría» que protagonizó gestas heroicas de un enorme mérito, que lo hicieron merecedor de varias condecoraciones, entre ellas la que le impuso el mismísimo Charles De Gaulle en persona.

Mesquida destaca que pocos franceses recibieron las medallas que le concedieron a Campos por su probado coraje y sus estrategias de lucha, propias de un verdadero guerrillero al que apreció, sobre todo, el medio centenar de hombres que estuvieron bajo su mando. «Cuando estaba en Normandía, antes de llegar a París, hizo una incursión con su sección, apresó a ciento veintinueve soldados de las SS y liberó a nueve americanos que mantenían cautivos».

En la plaza del Ayuntamiento, el semioruga ‘Ebro’ dio los primeros tiros contra los alemanes

También relató otra hazaña de este oficial que describe su valor. «Su compañía era capaz de hacer las cosas más difíciles, como guardarse granadas en los bolsillos y llegar con un pequeño grupo hasta los mismos tanques alemanes y lanzarlas al interior de los carros. Esto lo hacía siempre yendo delante de sus hombres. Él salía en cabeza y sus hombres lo seguían adonde fuera».

La investigadora descubrió en los archivos franceses que la primera tanqueta que entró en la plaza de la alcaldía de París se llamaba Guadalajara, de La Nueve y a continuación apareció la de Campos. «Estaban en las fotos y esa fecha había sido totalmente olvidada, porque hasta entonces se consideraba que las tropas libertadoras tenían que ser francesas».

Desaparecido en combate

Miguel Campos Delgado desapareció en diciembre de 1944, en extrañas circunstancias, durante la batalla de Las Ardenas. Su cadáver nunca se encontró. El Gobierno francés le escribió una carta a su esposa en la que le comunicaba su muerte en combate.

El conocido escritor de cómics Paco Roca, premio Nacional de Cómic en 2008 por Arrugas, rescató su figura en la obra Los surcos del azar, editado por Aztiberri en 2013. En ella, Roca ficciona e imagina a un Miguel Campos Delgado que sobrevivió a la guerra, se exilió de España y que es entrevistado en la época actual por un periodista que ha logrado dar con su paradero.