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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Literatura

Dolores de la Fe, el corazón isleño

Tal día como hoy se cumple el centenario del nacimiento de la gran escritora y periodista, un día antes del centenario de su gran amiga Carmen Laforet

La escritora y periodista Dolores de la Fe, en su última residencia en Gran Canaria | | LP/DLP

María Dolores de la Fe: casi un nombre oxímoron, entre el pesar y la esperanza, aunque, en este caso, designa a un corazón ancho como una sonrisa que aún late en las páginas y recuerdos. María Dolores de la Fe. «Oye, ¿de verdad ese es tu nombre? Parece como de judío converso, o algo así...», exclamó su amiga Gloria Fuertes el día en que se conocieron, en una sesión poética en el Teatro Lara de Madrid. Hasta entonces, María Dolores de la Fe no había reparado en su propio nombre. Luego, se puso de moda la novela Cien Años de Soledad. «Todo el mundo vivió ese siglo página a página», escribió la autora. «Y de repente, alguien me dijo: ¿Te has fijado que tienes nombre de cura de Macondo?». «Pero ese es mi nombre: María Dolores de la Fe».

Así lo narra la escritora y periodista en su libro Happenings para Jacob (1972), que dirige su dedicatoria «a la olla a presión, sin cuya ayuda este libro no se hubiera cocido». Cuántas revelaciones encierra una sola línea acerca de su autora: no solo por su agudísimo sentido del humor, sino también por su empeño por abrirse paso en la escritura en plena brecha del mediosiglo donde, incluso, se sintió compelida a enmascarar su nombre bajo seudónimo.

Al igual que a Laforet, su obra ha quedado parapetada en el silencio de la desigualdad

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Este año, tal día como hoy, se cumple el centenario del nacimiento de María Dolores de la Fe (Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2021), justo un día antes del centenario del nacimiento de Carmen Laforet (Barcelona, 1921-Madrid, 2004). Magníficas escritoras e íntimas amigas, sus caminos se cruzaron por primera vez en verano de 1932, en la ventanilla de la secretaría del Instituto Pérez Galdós el día en que iban a matricularse en Bachillerato. Ambas iniciaron entonces una amistad en la que trenzaban sueños, literatura, playas y travesuras hasta que Laforet puso rumbo a Barcelona para pergeñar su obra cumbre, Nada (1945), que, antes de alzarse con el primer Premio Nadal de la historia, le desgranó a su amiga De la Fe en una larga correspondencia.

Periodismo

Por aquel entonces, María Dolores de la Fe dio sus primeros pasos literarios en el periodismo, con colaboraciones en numerosos medios de comunicación como Falange, El Eco de Canarias, Diario de Las Palmas, La Gaceta de Canarias y LA PROVINCIA, donde también publicó un memorable folletín encuadernable titulado Una vaca con satélite. También fue corresponsal de La Vanguardia y del diario madrileño Ya durante su estancia en la capital, donde firmó bajo el seudónimo de Luis Bonilla. El periodismo conformó su casa hasta el final y su singular impronta supera el millar de artículos en las hemerotecas de las islas.

Hija menor de ocho hermanos, su imaginación infinita en una «infancia abatadada», como la definía con ternura, despertó su amor por inventar historias y crear personajes con las ropas de la jerga isleña, en la estela de su admirado Pancho Guerra, a quien Laforet rebautizara como el «Quijote canario, revolviendo ese caldo de la tierra del lenguaje que entremezcla el habla costumbrista, la socarronería y el doble sentido.

De la Fe durante el acto de nombramiento de Hija Predilecta de Las Palmas de Gran Canaria. | | LP/DLP

Su cuadrilla de amigos, en la juventud, también transitaba el campo de las letras, desde la imprenta del poeta Pedro Lezcano en Tomás Morales hasta la rebotica de Antonio de la Nuez en la calle Malteses, donde agotaban las horas en tertulias literarias improvisadas a las que también se sumaban Ventura Doreste, Arturo Sarmiento o Luis de Vegueta. Corrían tiempos de escasez y compraban libros y revistas por turnos para luego intercambiarlos.

Afincada en su isla natal y distinguida en los circuitos de literatos y plumillas, De la Fe es autora de los libros Happenings para Jacob (1972), Las Palmas casi ayer (1978), Isla espiral (1982) o Tiempo en sepia (1988), galardonado con el Premio de Novela Ángel Guerra, toda vez que también ejerció como traductora en piezas como La saga de los Miller y como investigadora. A menudo destacó que la asignatura que nunca se atrevió a cursar fue la poesía. Pero la gran protagonista de su obra, tanto literaria como periodística, fue su identidad canaria a través del rescate y la reivindicación constante del léxico canario, las maneras isleñas y el pasado histórico del Archipiélago que transpira en los rincones. Su escritura sigue una trayectoria que desentierra la raíz del árbol de la vida cotidiana en las islas para convertirlos en literatura cosida con el hilo de los canarismos. En este sentido, el anecdotario que atesoran sus libros y artículos se erige en una suerte de crónica creativa de detalles en torno al pulso diario de las islas, con aroma a caldo de millo y la brisa cálida del cine de verano.

«De la Fe ha sido más reconocida por la gente que en los círculos literarios», apunta su sobrino

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Sin embargo, al igual que le sucediera a su amiga Laforet, la proyección de su obra quedó parapetada en el silencio de la desigualdad que marca la historia de las letras, aunque siempre, desde su consabida y extrema modestia, agradeció el cariño de sus lectores de prensa, que fueron legiones, aunque haya sido más leída y respetada que justamente valorada.

Su sobrino, Juan Antonio Martínez de la Fe, pone el acento en la falta de reconocimiento a su vertiente literaria. «Aunque fue ampliamente reconocida por sus artículos, también tiene una bibliografía que, si bien no es muy amplia, también me parece bastante importante», sostiene. «Por ejemplo, en sus monografías y novelas, planteaba cuestiones que no solo son anecdóticas, sino que son reflexiones más trascendentales sobre la existencia y su actitud ante la vida, aunque siempre las revistiese con algo de ironía».

De la Fe con un ejemplar de LA PROVINCIA en su domicilio. | | LP/DLP

Con todo, Martínez suscribe que su nombre -de judío converso y de cura de Macondo- merece destacarse hoy en el lugar que le corresponde en los anaqueles de la historia de Canarias. «Ella ha obtenido más reconocimiento entre la gente y la sociedad que en los ámbitos literarios, a pesar de que es bastante unánime el criterio sobre la calidad de su obra». En este sentido, señala que quizás la naturaleza efímera de sus centenares de artículos y secciones han dificultado las tentativas de reunir toda su obra. «Es una pena, porque ahí hay un gran volumen de conocimientos e, incluso, de aspectos de su propia vida que son bastante desconocidos, y que nunca ha sido rescatado ni divulgado», explica. «Lo interesante es que, si se reunieran todos, veríamos que esos artículos eran, en el fondo, su propia autobiografía». A esto, Martínez añade que todavía existe «bastante obra inédita» de su tía y que «quizás merezca más la pena investigar esa trastienda que seguir reeditando sus obras».

Poco entusiasta de los premios y vainas similares, De la Fe fue nombrada Hija Predilecta de Las Palmas de Gran Canaria en 2008. También formó parte del Museo Canario y de la Orden del Cachorro Canario, y recibió el título de Bombera Honorífica del Cuerpo de Bomberos de Las Palmas de Gran Canaria a raíz de un artículo sobre este cuerpo profesional. La biblioteca del colegio público Fernando Guanarteme, en su ciudad natal, luce su nombre, pero rechazó entrar en la Academia Canaria de la Lengua: «Cuando me llamó Manolo Padorno para decirme que me iban a nombrar y me entero de que había gente de una gran categoría intelectual y universitaria, creí que no estaría a su altura».

Por otra parte, su vida y obra ha sido objeto de varias investigaciones, como la que capitaneara el filólogo e investigador David Pulido, toda vez que en el año 2015, se presentó en la Casa Museo Pérez Galdós el libro María Dolores de la Fe. Tres calas bibliográficas (Mercurio Editorial), editado por Victoriano Santana Sanjurjo, en torno a su trayectoria. Y además, la reciente iniciativa del Gobierno de Canarias de equilibrar su muy desigual colección de autores y autores de la Biblioteca de Autores Canarios (BAC) incorporará en sus filas la vida y obra de De la Fe.

Con todo, las puertas siempre abiertas de su corazón le garantizaron plaza en el de cientos de amigos y amigas que hoy destacan, sobre todo, el color de su optimismo y alegría de vivir, tal como refleja este extracto de uno de sus artículos: «Todo tiene sus ventajas, absolutamente todo: lo único que hace falta a veces es saber cómo se miran las cosas, para no enfocarlas solamente por el lado negro. Hay otros colores divinos».

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