Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Stanislaw Lem, vocación de pionero

El centenario del nacimiento del escritor polaco propicia la publicación en España de su biografía y la recuperación de ‘El invencible’

Stanislaw Lem. | |

Stanislaw Lem. | |

«El ser humano ha emprendido el viaje en busca de otros mundos, otras civilizaciones, sin haber conocido a fondo sus propios escondrijos, sus callejones sin salida, sus pozos o sus oscuras puertas atrancadas». Este célebre pasaje de Solaris sintetiza, de forma ejemplar, la manera en la que Stanisław Lem afrontaba la ciencia-ficción. Más allá de su proverbial intuición, que le llevó a anticipar numerosos avances tecnológicos y a explorar con especial tino las posibilidades de la cibernética, es su profunda mirada sobre la condición humana lo que permite que la obra de Lem se mantenga vigente quince años después de su muerte y cuando va a cumplirse, este próximo domingo, el centenario del nacimiento del gran maestro polaco.

Esta redonda efeméride es la que propicia que Impedimenta, la editorial que está recuperando la obra de Lem en español, publique la esperada biografía del escritor: se trata de Lem. Una vida que no es de este mundo, escrita por Wojciech Orlinski, y publicada en Polonia en 2017, y a la que el lector en lengua española apenas podía acceder a través de una onerosa edición argentina (cuesta el triple que la de Impedimenta) editada en 2020 por el sello Godot bajo el título Lem. Una vida fuera de este mundo.

Orlinski, que pasa por ser uno de los mayores expertos en la obra de Lem, ha construido una completa biografía del autor de Ciberíada a través de testimonios y documentos inéditos que prometen arrojar nueva luz sobre un autor fundamental que logró escapar al Holocausto nazi, esquivó como pudo la censura comunista y se enfrentó al statu quo literario imperante, sin perder nunca una independencia radical y completando una trayectoria crucial no ya en el género, sino en el conjunto de la literatura del siglo XX.

Para desentrañar la trayectoria vital del polaco, al lector en lengua española le quedan aún varias semanas de espera. Lem. Una vida que no es de este mundo no llegará a las librerías antes del día de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Pero esa demora no tiene por qué ser baldía. Unas semanas antes, el 11 de octubre, Impedimenta liberará una obra satírica de Lem, inédita hasta ahora en español: El profesor A. Donda. De las memorias de Ijon Tichy. Y, desde abril, se puede uno sumergir en otra obra del maestro polaco que, si bien había gozado de una primera edición en español a cargo de Minotauro (en 1978), no había tenido el alcance que su calidad y relevancia dentro de la producción de Lem merecen: se trata de El Invencible.

La novela se sitúa en un período crucial para el escritor. Editada originalmente en 1964, vio la luz tres años después de Solaris y otros tres antes que Ciberíada, y justo el mismo año que vieron la luz Fábulas de robots y la colección de ensayos Summa Technologiae. Hablamos, probablemente, de la época más fecunda del autor.

El inicio de El Invencible plantea un escenario recurrente dentro del género de ciencia-ficción. Un crucero estelar acude a un planeta desconocido, en busca de otra nave gemela, El Cóndor, que desapareció sin dejar rastro a las pocas horas de aterrizar en un planeta en apariencia desierto, Regis III.

Desde las primeras páginas, El Invencible asombra por su vigencia. Lem presenta una nave manejada por robots mientras su tripulación hiberna hasta completar el viaje estelar. El escritor se detiene, con especial interés y una prosa fluida, en todo el procedimiento de aterrizaje, con la tripulación tomando progresivamente el control de la nave al salir de la hibernación, hasta que la nave toma tierra en un entorno desértico. Toda esa escena, como también los primeros pasos de la tripulación en Regis III, tiene un aroma familiar. Una vez en el planeta, los astronautas se encontrarán con un entorno inusual, en el que las leyes de la física no parecen funcionar igual que en la Tierra, y con indicios de civilización, como los restos de una ciudad.

Tanto la premisa de partida como ese desarrollo inicial han sido muy trabajados por la ciencia-ficción posterior, tanto literaria como audiovisual. Sin ir más lejos, en la serie Alien y, en especial, en su entrega más reciente, Alien: Covenant (Ridley Scott, 2017), cuyas concomitancias con la novela de Lem parecen ir más allá de las simples coincidencias. Pero es el desarrollo de ese escenario, y la profundidad que el gran escritor polaco alcanza en el desarrollo de sus personajes y en la exploración de las implicaciones, incluso metafísicas, de los hallazgos que hacen en el planeta Regis III lo que eleva El Invencible hasta unas cotas no siempre alcanzadas dentro del género, en sus diversos formatos.

Esta componente filosófica que atraviesa El Invencible no quiere decir que la novela carezca de dinamismo o acción. Antes al contrario, Lem reviste la epopeya de una satisfactoria envoltura en forma de novela de aventuras espaciales, centrando el foco en Rohan, el segundo al mando del crucero estelar.

Su difícil relación con Horpach, el comandante de la nave, genera una tensión entre ambos que Rohan debe sobrellevar a medida que penetran más y más en Regis III y comienzan a vislumbrar la naturaleza del fenómeno que domina el planeta, desafortunadamente (y éste es el único pero que se puede poner a la edición de Impedimenta) desvelada en parte en la contraportada del volumen. La cuestión, sin entrar en más detalles, es que hay una nube autónoma capaz de atacar a otros organismos, biológicos o cibernéticos.

La reacción primera de los astronautas ante esta amenaza pasa por la violencia, especialmente tras descubrir el destino de El Cóndor. Esta es precisamente la primera de las reflexiones filosóficas que Lem desliza, de forma natural y efectiva, en su texto: la pulsión destructora del ser humano ante todo aquello que no es capaz de domeñar o comprender.

Pero, a través de la peripecia de Rohan y el resto de los astronautas, Lem va perfilando otra lectura de la epopeya de El Invencible: ante el progresivo conocimiento de la naturaleza del fenómeno que impera en Regis III, en la mente del protagonista, que goza de una inexplicable inmunidad a los ataques de la nube, comienza a perfilarse la idea de que la humanidad no tiene por qué ser dueña de todo el universo, de que quizá hay espacios en los que deben florecer otros tipos de vida. «No todo, ni en todas partes, es para nosotros», llega a pensar Rohan, en su viaje final para encontrar una solución, una salida, al atolladero en el que se ha convertido Regis III para la tripulación del crucero estelar.

En su hondura psicológica y en su determinación para afrontar lo que debe hacerse, Rohan recuerda a algunos personajes de Joseph Conrad. También a Cooper, el protagonista de la magna Interstellar de Christopher Nolan (2014). «La gente ha olvidado quiénes somos: exploradores, pioneros, no cultivadores», se lamenta Cooper, al inicio del filme. Y este mismo espíritu es el que guía los pasos de Rohan y la prosa de Lem, el polaco universal con vocación de pionero que este próximo domingo hubiera cumplido cien años.

Compartir el artículo

stats