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El Novaceno

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En 2019 escribió James Lovelock, creador de la hipótesis Gaia, su último libro, recientemente traducido al español por Pablo Hermida como Novaceno. La próxima era de la hiperinteligencia. Repasamos dos pilares de este libro finalista de Lovelock, quien cuenta hoy día con 103 años casi cumplidos. Primero el calentamiento, aclarando que el planeta Tierra prefiere un estado de glaciación continua: “Una Tierra fría tiene más vida”. Lovelock revela: “En la década de 1940, como parte de nuestro trabajo en tiempos de guerra, mi colega Owen Lidwell y yo medimos experimentalmente la temperatura a la que las células de la piel resultaban dañadas de forma irreparable por el calor. Para hacerlo, teníamos que quemar la piel de conejos anestesiados. Aquella petición me pareció repugnante, así que decidimos quemarnos a nosotros mismos en su lugar. Lo hicimos utilizando una llama grande y plana de vapor de benceno en combustión”.

A 50º C se producía una quemadura de primer grado en un minuto, a 60º C en un segundo (les curaba luego el Dr. Hawking, padre de Stephen Hawking, a quien Lovelock tuvo en brazos de bebé, en esa época). Es cierto, dice Lovelock, que determinadas formas de vida altamente especializadas llamadas extremófilos pueden vivir con temperaturas de hasta 120º C, pero con capacidades biológicas cercenadas. En resumen, superados los 47º C, según Lovelock “hasta la inteligencia basada en el silicio se enfrentaría a un entorno imposible… Deberíamos estar asombrados y agradecidos por el extraordinario logro del sistema de Gaia al bombear dióxido de carbono a niveles tan bajos como ciento ochenta partes por millón, el nivel que alcanzó hace 18.000 años”. El problema es que, señala Lovelock, “Todo esto está envuelto en política y, al igual que ciertas partes del cristianismo se transformaron en socialismo, la política izquierdista contemporánea está tendiendo a transformarse en una religión verde… hemos de abandonar la idea política y psicológicamente contaminada de que el Antropoceno es un gran crimen contra la naturaleza… lo cierto es que, pese a estar asociado con las cosas mecánicas, el Antropoceno es una consecuencia de la vida en la Tierra. Es un producto de la evolución; es una expresión de la naturaleza”.

El segundo eje de la propuesta de Lovelock es el de que los humanos no son principales, sino un mero escalón evolutivo que dará paso a los ciborgs. El razonamiento de Lovelock sigue al señalar que “la auténtica amenaza consiste en que, aunque por el momento se encuentra estable, el Sol está aumentando gradualmente su emisión de calor. De hecho, durante los últimos 3.500 millones de años, su producción se ha incrementado en un veinte por ciento. Esto debería haber bastado para elevar la temperatura superficial de la Tierra hasta los 50º C y provocar un efecto invernadero desenfrenado que habría convertido el planeta en estéril. Pero no ha sucedido tal cosa”. ¿Por qué? Es la hipótesis Gaia de Lovelock, porque la Tierra es un ser vivo que se autorregula, y eso implica concebir la Tierra como un sistema dinámico, no lineal y en el cual se van explicando las cosas no secuencialmente, sino globalmente. Lovelock cree que los humanos son un pueblo elegido, pero no por un Dios, sino que “somos una especie que ha sido seleccionada naturalmente, seleccionada para la inteligencia”.

Aquí surge entonces el siguiente escalón, que nos lleva a los cíborgs, que se habrán diseñado y construido a sí mismos, a partir de los sistemas de inteligencia artificial que ya hemos construido los humanos, y “estos serán pronto miles y luego millones de veces más inteligentes que nosotros”. Pero estos seres inorgánicos nos necesitarán a nosotros y necesitarán de todo el mundo orgánico para seguir regulando el clima, manteniendo fría la Tierra para defendernos del calor del Sol. Es esto es lo que Lovelock designa como “Novaceno”. La ley de Gordon Moore, de 1965, respecto al crecimiento exponencial de la capacidad de los chips, indica la velocidad que ha adquirido la evolución, porque ya tocaba: “sí que sabemos cuánto más veloz que un humano podría ser una máquina semejante: un millón de veces. Esto se debe simplemente al hecho de que la velocidad de transmisión máxima de una señal por un conductor electrónico, un hilo de cobre, es treinta centímetros por nanosegundo, comparada con una conducción nerviosa máxima a lo largo de una neurona de treinta centímetros por milisegundo (un milisegundo es un millón de veces más largo que un nanosegundo). En todos los animales, las instrucciones para pensar o para actuar se envían mediante enlaces bioquímicos a lo largo de las células que llamamos neuronas. La información contenida en las instrucciones ha de ser convertida de señales químicas a señales electrónicas mediante procesos bioquímicos, lo cual hace que el proceso sea muy lento en comparación con las instrucciones enviadas en un típico ordenador”. Sigue Lovelock considerando que si la hipótesis de Gaia es correcta y la Tierra es, en efecto, un sistema autorregulador: “entonces la existencia continuada de nuestra especie dependerá de la aceptación de Gaia por parte de los cíborgs. Por su propio interés, estarán obligados a sumarse a nuestro proyecto de mantener frío el planeta. También se percatarán de que el mecanismo disponible para lograr ese objetivo es la vida orgánica. Por eso, se me antoja sumamente improbable la idea de una guerra entre los humanos y las máquinas, o simplemente que estas lleguen a exterminarnos”. Ahora bien, “el precio que tendríamos que pagar por esta colaboración sería la pérdida de nuestro estatus como las criaturas más inteligentes de la Tierra. Seguiríamos siendo humanos que vivirían en sociedades humanas y, sin duda, los cíborgs nos proporcionarían una fuente interminable de entretenimiento imaginativo e ilustrado. O bien nosotros podríamos suministrarles entretenimientos a ellos, del mismo modo que a nosotros nos encantan las flores y las mascotas… Las negociaciones entre ambas especies son casi imposibles de imaginar. Es probable que ellos nos viesen tal como nosotros vemos las plantas: como seres encerrados en un proceso extraordinariamente lento de percepción y acción. De hecho, una vez establecido el Novaceno, bien puede que los científicos cibernéticos exhiban colecciones de humanos vivos”. Todo lo que está pasando contemporáneamente, con las vigilancias cibernéticas invadiendo el planeta después del 11S, con los confinamientos y vacunas globales después de 2020, con el asfixiante conteo de cada humano por el ser superior, el proto-mega-ciborg, todo esto y más es el inicio del fin del tiempo más libre y bucólico del que hemos disfrutado los humanos como seres libres.

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