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Música

George Harrison, el 'beatle' que odiaba la 'beatlemanía'

'I Me Mine', el libro que recoge los recuerdos y las letras de las canciones de George Harrison, se publica por primera vez en castellano en una imponente edición

George Harrison, convaleciente de una amigdalitis, en Londres en 1969.

La última vez que los Beatles entraron en un estudio a grabar una canción como grupo en activo lo hicieron para despachar una pieza de George Harrison que habían decidido incluir en el elepé ‘Let it be’ (entonces todavía titulado ‘Get Back’) y de la que no tenían ninguna toma medianamente buena. Se trataba de ‘I Me Mine’, una quejumbrosa composición que cabalga a ritmo de vals y cuya letra, un lamento por el egocentrismo que gobierna la vida moderna, fue escrita por George después de un viaje de LSD en el que experimentó una revelación del Yo universal. Con John Lennon de vacaciones en Dinamarca, los otros tres miembros de la banda y el productor George Martin completaron el trabajo de forma algo rutinaria en una sesión de 10 horas el 3 de enero de 1970 en los EMI Studios de Abbey Road. El 2 de abril, Phil Spector remató la canción añadiéndole una orquesta de 30 músicos sin decírselo a su autor. Solo ocho días después, Paul McCartney anunció el final de los Beatles.

Harrison recuperó el título ‘I Me Mine’ al cabo de una década para dar nombre a un libro muy especial en el que recogía extractos de una larga conversación con su amigo Derek Taylor, periodista y publicista que había trabajado como jefe de prensa para el cuarteto de Liverpool, así como las letras de muchas de sus canciones comentadas por él mismo y una extensa selección de imágenes que recorrían toda su vida hasta entonces. El volumen era en el momento de la publicación, y lo sigue siendo hoy, lo más parecido a una obra autobiográfica realizada por alguno de los Fab Four (los libros de fotografías de Ringo Starr le siguen a cierta distancia).

El artefacto original se puso a la venta en 1980 en una exclusiva tirada limitada, numerada y firmada por el autor, a 335 libras el ejemplar. Hubo ediciones posteriores a precios bastante menos disuasorios, pero en todas ellas desapareció buena parte del material gráfico a color que ahora se ha recuperado en una despampanante nueva versión de 640 páginas que ha publicado en castellano Libros Del Kultrum, con una traducción de los textos a cargo de Eduardo Hojman.

El lamento de Lennon

En una entrevista concedida a la revista ‘Playboy’ en septiembre de 1980, John Lennon se mostró “dolido” al ver que su nombre apenas tenía relevancia en el libro de Harrison. “Lo considero una omisión flagrante -señaló-. Mi presencia en su vida brilla por su ausencia”. Paul McCartney, que aparece aún menos, se abstuvo de comentar nada. Se diría que Lennon no acabó de entender bien la naturaleza de ‘I Me Mine’, que no debe ser considerado tanto un volumen de memorias al uso (no lo es en absoluto) como una colección de recuerdos y reflexiones en la que el paso del autor por el grupo de pop más influyente de la historia no tiene más peso que su pasión por la jardinería (el libro está dedicado “a todos los jardineros del mundo”), la música de sitar o las carreras de automóviles, asuntos estos que eran capaces de convertir al ‘beatle callado’ en el más locuaz de los hombres.

Aun así, resulta fascinante (y muy revelador) leer los párrafos en los que George Harrison habla de sus años en los Beatles con el tono hastiado y desdeñoso de quien da cuenta de un error de juventud. No hay ni una brizna de nostalgia en sus palabras. “Beatlemanía. Por nada del mundo querría volver a vivir algo semejante. […] Es como ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, ya sabes, tú estás cuerdo en un sitio en el que todos los demás están chiflados”. No es el único símil brutal que emplea para definir la vida en el grupo. “Estábamos condenados porque no teníamos [espacio]. Es lo mismo que les ocurre a los monos en el zoológico. Se mueren”. Y en otro momento escribe: “Ninguna de las experiencias ‘beatle’ fue tan buena; terminé cansándome hasta de las emociones extremas. En realidad, nadie se ríe dos veces con el mismo chiste, a menos que te vuelvas realmente estúpido”.

Palabras de afecto

Todos estos juicios de Harrison sobre su famosísima banda pueden resultar desalentadores para los fans de los Beatles, que tal vez hallarán un pequeño consuelo en un pasaje de raro sentimentalismo en el que el autor de ‘Here comes the sun’ admite que ser uno de los Fab Four tenía también sus cosas buenas: “Si uno de nosotros no las tenía todas consigo, los otros lo cubrían. Nos protegíamos mutuamente […]. A veces los echo de menos. Nos teníamos muchísimo cariño”.

Son las cuatro frases más afectuosas que George dedica en el libro a sus excompañeros, a quienes, por otra parte, tampoco hace reproches de consideración. Probablemente, los años transcurridos habían contribuido a atemperar la carga de resentimiento que Harrison acumuló en la última etapa de los Beatles, en la que se sintió personalmente ninguneado por Lennon (sentimiento que creció de forma exponencial con la aparición en escena de Yoko Ono) y artísticamente mangoneado por McCartney. Como es sabido, su contundente respuesta al vórtice de mal rollo en que se convirtió el final del grupo fue la explosión creativa de ‘All things must pass’ (deslumbrante triple álbum en solitario que acaba de celebrar el 50 aniversario con una imponente reedición) y la consolidación de un viaje espiritual que se había iniciado en un encuentro con el ‘swami’ Vishnu Devananda durante el rodaje de ‘Help!’, en 1965.

Meditación y carreras de coches

Pero Harrison era dueño de una personalidad compleja que hacía bueno ese aforismo de Nietzsche que dice que uno es productivo solo a costa de ser rico en contradicciones. El apóstol de la luz interior y la reverberación cósmica que se extasiaba contemplando los jardines de su mansión gótica de Friar Park podía pasar de la meditación profunda al desenfreno cocainómano sin despeinarse la melena. Tras esa imagen apacible, mística y un tanto inescrutable se ocultaba un Mister Hyde bromista, fiestero y ruidoso que disfrutaba en compañía de los Monty Python y de los mejores pilotos de Fórmula 1 de su tiempo.

Consciente de lo paradójico que podía resultar ese abanico de intereses, él mismo intentó dar en ‘I Me Mine’ alguna explicación que conciliara sus pasiones, aunque lo hizo empleando argumentos no del todo convincentes. “Para mucha gente, las carreras son algo absurdo desde un punto de vista espiritual -apunta-. Los coches a motor contaminan, matan, mutilan y hacen ruido. Sin embargo, ser un buen corredor implica alcanzar una percepción más elevada. Y aquellos que brillan entre los mejores han experimentado algún grado de expansión de conciencia”.

Más allá de sus debilidades y sus contradicciones, Harrison se revela en el libro como una persona lúcida, apasionada y generosa. Continuó siéndolo hasta su prematura muerte el 29 de noviembre de 2001, a los 58 años. Nunca fue un hombre soberbio, y acaso no hay prueba más palmaria de su proverbial humildad que el comentario que dedica en el libro a la maravillosa ‘Something’, la segunda canción más versionada de todo el catálogo de los Beatles, solo por detrás de ‘Yesterday’: “Es probable que tenga un rango de cinco notas que encaja muy bien con la mayoría de los cantantes. Supongo que es mi canción más conocida, puesto que se hicieron más de 150 versiones. Mi favorita es la de James Brown, que es excelente”. Es difícil darse menos pisto después de haber creado algo tan excelso.

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