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Cine | Festival de San Sebastián

La revolución imposible

Fernando León de Aranoa y Javier Bardem presentan, 19 años después de ‘Los lunes al sol’, el reverso de aquella historia de trabajadores en ‘El buen patrón’

Javier Bardem en 'El buen patrón'

Es innegable que la pandemia y el uso de mascarillas ha traído cosas muy positivas. Por ejemplo, en los aviones: la gente sale ordenada sin que ningún desesperado de las filas de atrás te atropelle y monte monumental atasco en el pasillo. En ascensores, por ejemplo, está bien visto no esperar amablemente a otro vecino para subir con él, puedes cerrarle el ascensor en toda la cara que incluso va a pensar bien de ti. También puedes hablar solo por la calle sin necesidad, como antes, de aparentar una conversación por el móvil. O en el gimnasio, puedes retorcerte de dolor con los abdominales sin que nadie vea de ti nada más expresivo que tus ojos como iluminados por Dios.

Cartel de ‘El buen patrón’ | | LP/DLP Luis Roca Arencibia

También para el cine ha sido en parte bueno. Las butacas precintadas nos impiden tener que estar literalmente pegados a extraños. ¿Cómo era posible que en tiempos pre pandémicos hubiera 2.000 personas en la sala grande del Kursaal de Rafael Moneo, apretados los unos con los otros como sardinas del Cantábrico en lata? Es verdad que para el negocio es insostenible, pero la sensación de espacio e intimidad de ahora es para disfrutarla, así hasta antes de que otra vez anochezca.

Con Antes que anochezca (Julian Schnabel, 2002) el palmense Javier Bardem fue nominado al Óscar por primera vez. El mismo año había interpretado a Santa en la exitosa Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa. 19 años después, la misma pareja de amigos presenta en el 69 festival de cine de San Sebastián el reverso, o la contraportada, de aquella película, El buen patrón. Ambas son películas de denuncia, aunque la primera desde el drama y la segunda desde la comedia. Si la primera aspiraba a cambiar el mundo, la segunda, más nihilista, aspira nada más que, «en todo caso, a molestar», como expresó en la rueda de prensa el único buen patrón que había en esa sala, el todopoderoso productor catalán Jaume Roures.

Y es que ha habido crisis mucho mas graves que la de la reconversión naval que en su momento retrató Los lunes al sol. Dos, sin ir mas lejos. El mundo se ha vuelto mucho más cínico, los hombres más miedicas y las mujeres, por fortuna, más valientes. La convulsión, que antes golpeaba en nuestro planeta solo a los países del Segundo y Tercer Mundo, hoy boxea también en nuestro ring.

Dos son los principales puntos fuertes de la película: su guión y la interpretación de Javier Bardem como don Julio Blanco, el boss de Básculas Blanco que tendrá que superar todo tipo de conflictos (también consigo mismo) para cumplir con lo que le toca, hacer más grande la empresa heredada de su padre. El nuevo filme del director de Familia (1996) se sustenta sobre esquemas narrativos clásicos, es cine comercial sin complejos que tiene como logro más difícil mantenerse en el tono de comedia negra sin caer ni en lo panfletario ni en la astracanada. Y sí, El buen patrón es una película juguetona y lúcida. Directa, pero también sofisticada.

Frente a los medios, el revolucionario Fernando León de Aranoa citó al italiano Ettore Scola como principal referencia. «Su cine interpela a la acción política, pero siempre haciéndolo desde las vidas íntimas de los personajes que retrata. No he pretendido ni hacer un ensayo ni un tratado», expresó. «Hoy ya no existe ese sentido de clase que había cuando rodamos Los lunes al sol. Fíjense cómo el trabajador explotado de El buen patrón grita sus consignas totalmente solo. La lucha se ha vuelto individualista». Y concluyó: «El humor, al menos para mí, es una forma de exorcizar lo que no me gusta. Reírse de ellas, de alguna forma, es vencerlas».

Alejandro Amenábar, Fernando León de Aranoa, Manuel Martín Cuenca, Paco Plaza, Daniel Monzón e Icíar Bollaín son directores principales del cine español que estrenan sus nuevas propuestas en este festival. Si sumáramos a la lista a intérpretes, productores, distribuidores y técnicos, sería interminable.

«Espejo de nosotros mismos»

Este año, entre las celebridades, Penélope Cruz, Ángela Molina, Antonio Banderas, Raphael, Luis Tosar, María Valverde y Blanca Portillo. El Zinemaldia es, todos los años, el cine español. Aparte de en secciones competitivas, nuestro cine tiene aquí su sección Made in Spain, donde se exhiben a modo informativo otras películas del año que el festival considera relevantes. Entre ellas, El vientre del mar del mallorquín Agustí Villaronga.

«El mar es un espejo de nosotros mismos», reflexionó Villaronga mirando el Mediterráneo todos los días desde su casa durante el confinamiento. Así nació su película, que fue la gran triunfadora, con seis premios, del pasado festival de Málaga. El vientre del mar es una película de bajo presupuesto, 500.000 euros. Pobre pero honrada. Filmada principalmente en blanco y negro, parte de un relato sobre el naufragio de 150 personas a expensas del mar sobre una balsa en el siglo XVII. Solo dos sobrevivieron. No es una película de narrativa convencional. Su puesta en escena teatral le permite ahondar en lo discursivo, aunque distancia al espectador de la historia y lastra mortalmente su interés como película para un público amplio. Su principal acierto es el paralelismo que establece con los actuales naufragios por las migraciones a través del mar, tragedias de las cuales sabemos los canarios un rato.

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