Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Rafael Guerrero Detective privado

«La condición humana es terrible si se padece y magnífica como inspiración»

Rafael Guerrero. | La Provincia

Detective Privado con casi tres décadas de trayectoria profesional. Director de Grupo Agency World Inv, experto en investigación internacional. Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Experto Universitario en Servicios  de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. 

Rafael Guerrero ha publicado cuatro novelas: Un Guerrero Entre Halcones, Muero y Vuelvo, Ultimátum y Yo, Detective. Así como el ensayo Elemental, Radiografía del Detective Privado. Acaba de recibir el premio de novela negra Wilkie Collins por La verdad no hace amigos. Acaba de recibir en el Festival Internacional Tenerife Noir el X Premio de Novela Negra Wilkie Collins por La verdad no hace amigos. ¿Qué siente?

Una alegría inmensa, un honor por la lista de premiados que me precede, un chute de estima que haya gustado y destacado entre otras muchas, un acicate para continuar escribiendo, una oportunidad para llegar a más lectores y una excusa perfecta para viajar a Tenerife a recibirlo, agradecerlo y disfrutarlo. Tenerife Noir siempre me ha tratado muy bien, desde mis inicios y tengo muy buenos recuerdos.

Una esposa que quiere deshacerse de su marido, un amante asesino, un detective que empieza a dudar de su moral… Parece que ni la verdad ni el amor hacen amigos.

La condición humana es terrible si toca padecerla y magnífica como fuente de inspiración. Todos tratamos con el mal a pequeña o gran escala, todos lo sufrimos y lo ejercemos consciente o inconscientemente. No creo en buenos y malos, cada persona es un abismo en sí misma. A veces cae en él y otras se agarra con uñas y dientes al precipicio. Ahí entra la épica si existe, ahí sí la literatura redime a la prosaica realidad. Dicho esto, una vida sin amor y sin verdaderos amigos es un completo fracaso.

La profesión de escritor es muy solitaria y con el confinamiento lo fue aún más. Vuelven los festivales de literatura y el contacto con los otros: lectores y escritores…

Escribir novela negra es como crear una maquinaria de relojería que busca la precisión para que todas las piezas encajen y lo hagan en el instante preciso, ni antes ni después. Para eso, necesito soledad y silencio. Durante el confinamiento pude escribir una novela a cuatro manos. La vuelta de los festivales y encuentros de novela negra es motivo de celebración, es volver a sentir la vida en todo su esplendor. Han sido meses muy duros y tenemos ganas de disfrutarlo con colegas del oficio y demás tramadores del noir.

Cuéntenos un poco más sobre esa novela a cuatro manos

Siempre he querido escribir sobre el amor, el sexo y las pasiones humanas desde un género distinto al negro. Estar encerrado en casa fue la excusa perfecta para crear una novela junto a la escritora balear Xisca Font. Se titula, El amor dura tres meses y se trata de una novela narrada en primera persona a dos voces durante los tres primeros meses de confinamiento y que se adentra en los géneros romántico y erótico. No puedo contar mucho más, queremos que los lectores se pregunten... ¿Estás seguro de conocerte?

«Escribir en un arte laborioso que jamás dominas, cuanto más insistes más dudas de tu talento»

decoration

Cuando escribe, ¿realmente quién tiene más peso el escritor o el detective?

Lo que hago cuando compongo una historia basada en hechos y personas reales es cultivar cierta autocensura. He de preservar la privacidad de quienes aparecen en ella y también la mía propia. Descartar los datos potencialmente dañinos y tapar esos huecos con las técnicas narrativas de la ficción y auto ficción. Además, un detective privado debe ser por definición discreto dentro y fuera de su traje, en el trabajo y después de él. Resultaría contraproducente que lo contase todo de todos, empezando por mí. Me guardo, pues, muchas cosas y trato de compensar esas lagunas voluntarias con imaginación. Eso no quita que si mi protagonista, mi álter ego, se equivoca o falla lo maquille para que no se note o siempre reluzca, al contrario, ante todo persigo la verosimilitud y no me duelen prendas en ese sentido: me doy tanta caña como masajes.

Habrá quien diga que su trabajo casi le pone las novelas en las manos…

La escritura en un arte laborioso que jamás alcanzas a dominar, cuanto más insistes más dudas de tu propio talento, más pudor sientes por mostrar lo narrado. Es verdad que mi profesión me aporta una serie de ventajas y un acceso privilegiado al quehacer real de un detective privado, conozco de primera mano los casos que describo porque trabajé en ellos, sé cómo y dónde documentarme, tengo una paleta amplia de experiencias y recursos que quizá a otro autor le cueste elucubrar y plasmar pues solo tira de imaginación y lecturas (que no es poco, ni mucho menos). Pero haber vivido lo que después narro no es un aval para que la novela resulte convincente o atractiva al lector, en ese salto al vacío me la juego como cualquiera que vaya enlazando capítulos y tejiendo tramas.

Alguna vez ha dicho «Los detectives existen porque alguien tiene que hacer el trabajo sucio». ¿Podría explicarnos un poco más a qué se refiere?

Digamos que los detectives estamos donde nadie quiere estar, muchas horas dentro de un coche, muchos viajes a terrenos que no dominamos, investigaciones a personas que no sabemos el trasfondo que tienen, hay que saber manejar la vida personal con ciertas medidas de seguridad… la verdad no hace amigos.

Por tanto, vivimos rodeados de maldad.

Lo primero que uno aprende agazapado en el asiento de un coche o tras el objetivo de una cámara fotográfica es que el mal y la mentira se encuentran en cualquier sitio («la mentira es necesaria para la vida»), y que no llevan disfraces sino al contrario, se empastan en los trajes de cualquiera, pobre o rico, loco o cuerdo y por supuesto, también en los nuestros y la violencia puede producir sangre o no. En mis novelas no aparece el típico cadáver, hay más muertos “vivos” de lo que creemos.

Es, quizá, la literatura antídoto…

Ojalá lo supiera con certeza, podemos pensar que, contra la incultura, la mala educación y la ignorancia, pero ya sabemos que esta última es atrevida y así estamos.

Compartir el artículo

stats