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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Música

Rolling Stones, sin tiempo para llorar

El ‘No Filter Tour’ de los Stones arrancó en San Luis con un homenaje al fallecido batería Charlie Watts y con indicios claros de que no piensa bajar la persiana

Concierto de los Rolling en San Luis. | | Reuters

La lengua sigue asomando roja. El cuerpo de un hombre de 78 años se mueve desafiando las leyes de la vida. Esos movimientos, su voz, la música que sale de las guitarras de otros dos septuagenarios y el trabajo de una banda estelar acompañada por una superproducción eléctrica absorben a cerca de 40.000 personas, enmascaradas la mayoría, aunque aquí no sea obligatorio. Y sí, hay luto, un momento para la emoción y el sentido homenaje, pero hay, sobre todo, rock and roll, un recorrido de algo más de dos horas por 19 canciones que en la mayoría de los casos son historia de la música, una historia en la que los Rolling Stones no dejan de escribir capítulos. Están de vuelta. Y a juzgar por lo visto este domingo en San Luis (Misuri), sin intención de dar un paso atrás.

Quedaban 14 minutos para las nueve de la noche cuando sonó una batería en el Dome. En las cuatro pantallas apareció entonces la imagen de Charlie Watts, tocando la batería como había hecho su satánica majestad desde 1963. Y se le vio mayor y joven, en color y en blanco y negro, riendo con Mick Jagger y riendo con Keith Richards y riendo con Ron Wood y tocando, tocando, tocando...

Ese vídeo, un minuto coronado con una ovación enorme, un estallido de pirotecnia y Street fighting man fueron el arranque del No Filter Tour 2021, la gira que la pandemia obligó el año pasado a postergar y que ha llegado demasiado tarde para Watts. Ya a principios del mes pasado se anunció que sería sustituido en los conciertos por Steve Jordan, un viejo conocido de la banda, y especialmente de Richards como sus baquetas en X-Pensive Winos. El 24 de agosto Watts moría a los 80 años.

Jagger y Richards, de la mano

Las imágenes nunca iban a ser suficientes para expresar lo que representó y lo que representa su pérdida. Después de interpretar It’s only rock and roll Jagger, chaqueta plateada con cintura y puños rojos, reconoció lo «fantástico» que era estar de vuelta pero también lo «emocional» que resultaba para ellos ver en las pantallas a su antiguo compañero. «Vamos a echarlo mucho de menos, en el escenario y fuera», dijo. Un gesto, no obstante, habló más que las palabras: Richards y Jagger cogidos de la mano mientras el cantante lanzaba ese mensaje y antes de dedicarle a Watts Tumbling dice. Sutil y fuerte.

Llegaron después una estupenda Under my thumb, el debut en una gira de 19th nervous breakdown y luego, por votación, Wild horses. Con la balada, luego con You can’t always get what you want y después con otro debut en gira, Living in a ghost town, bajó el ritmo pero la energía volvió a dispararse con Start me up y Honky tonk women.

Fue entonces el momento de presentar a esa banda que envuelve, acompaña y sustenta la magia de los Stones en directo, incluyendo a ese Jordan que durante todo el concierto mantuvo el listón de Watts y, a la vez, no buscó ningún protagonismo. Y hubo guiños al público local, de una camiseta de los Cardinals (el equipo de béisbol local) a la mención a Chuck Berry, icono de una ciudad donde los Stones ofrecieron su primer concierto allá por 1966 antes de dar paso a que Richards, camisa de seda azul, se pusiera al frente con Happy y Slipping away.

A continuación fue el turno de una espectacular versión de diez minutos de Miss you y otra también mágica de Midnight rambler para enfilar una de esas rectas finales que hacen difícil entender cómo los estadounidenses, aunque la mayoría del público en San Luis pintara canas (y piel blanca), pueden ver conciertos como este sin levantarse de sus asientos: Paint it black, Sympathy for the devil y Jumpin’ Jack Flash. Y tras casi dos horas de concierto supuestamente llegaba el final pero aún quedaban 15 minutos con dos bises para culminar el éxtasis: Gimme shelter y (I can’t get no) Satisfaction. Los Stones se marcharon entonces y una foto de Watts volvió a las pantallas. Era el último adiós pero el mensaje para el público aparecía poco después del fundido a negro sobre un fondo azul: «Nos vemos pronto».

Mientras el cuerpo aguante

Lo que habían dejado claro los Stones, 229 años entre los tres, es que, mientras el cuerpo aguante, van a seguir. Y a pocos tras ver el concierto les quedan dudas de que lo harán. «La energía es una locura, no actúan como la edad que tienen», decía entusiasmado Brad, un hombre de 50 años que había llegado desde una localidad del vecino Illinois y los acababa de ver por primera vez. «Esa energía, el nivel musical, la forma en la que siguen disfrutando, dejando espacio para el jamming... No creo que lo hagan por el dinero, obviamente no lo necesitan».

También Jeremi Lambuley, un joven de 24 años de Mallorca que había hecho de este su primer concierto de los Stones corazón de un viaje de una auténtica peregrinación (pasando incluso 15 días en Colombia para poder entrar en EEUU, aún sellados a europeos por la pandemia), se declaraba rendido. «Era muy posible que por expectativas y por tantos vídeos que había visto de ellos cuando eran más jóvenes y más explosivos me pudiera llevar una decepción pero me han dado más de lo que esperaba», decía tras haberse reventado a gritos y, él sí, a bailes, cerca del escenario y hasta haberse hecho «una herida en la mano de aplaudir». «No pensé que habría tanta energía. Mick Jagger tiene 20 años. Se nota que disfrutan en el escenario», decía. «Voy a seguirlos por el mundo».

Es lo que hacen seguidores acérrimos como Kevin Crain, que los vio por primera vez a los 17 años en Oakland allá por 1978 y desde entonces ha acumulado más de 100 de sus conciertos, «como un niño que vuelve a la heladería a por otro helado». Llegado desde Los Ángeles, no había querido leer ni mirar nada sobre la preparación del concierto de este domingo («solo puedes abrir tus regalos de Navidad una vez», explicaba) pero lo que vio fue especial. Muy cerca del escenario, a sus 61 años, Crain lloró en cuanto sonó la segunda canción. Porque, diga lo que diga el título, «no es solo rock and roll». Son los Rolling Stones.

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