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CRÍTICA

Mosaik, un alarde de maestría vanguardista

El famoso ensemble berlinés Mosaik ha dado una lección de contemporaneidad genuina con un programa de tres autoras y dos autores que sin duda suman las ideas y sonidos más avanzados de cuantos aquí recordamos en vivo. Dos compositores canarios, Daniel Roca y Gonzalo Díaz Yerro, tradujeron ante el público los comentarios en alemán del pianista del conjunto sobre las piezas programadas. Díaz Yerro habló en castellano de la suya, que era estreno absoluto, y la comentó en alemán con los berlineses.

Obviamente, estas músicas no son programáticas ni descriptivas. Los autores mencionan un relato como tema «inspirador», pero lo que suena es pura abstracción, cuyos paralelismos y contradicciones se ajustan a la materia sonora como universo totalizador. Dicho de otra manera, es imposible encajar un «argumento” en lo que oímos, impecablemente sonorizado en los planos y volúmenes que marca el director, el noruego Magnus Loodgard, con atril y partituras.

El orgánico suma muy pocos instrumentos convencionales a las cuerdas y el piano. En el viento y las percusiones domima un instrumentario de tesituras inhabituales, generalmente fabricado para emitir los registros más graves. En pocas palabras, todo denota la libertad de los creadores para sonorizar un cosmos personal y ajeno a corsés estructurales.

La velada ha sido fascinante por la entidad y subjetividad de los sonidos. De la australiana Liza Lim escuchamos The turming dance of the bee (algo así como La danza circular de las abejas, que hacen el amor en vuelo), con alusiones a los mitos y los iconos de su país. De la croata Sara Glognaric, un poético y atmosférico Sugarcoating. Y de la granadina Irene Galindo Quero, Si callado pude sentiros, inspirada en los correteos de dos hermanos, con segunda parte armada en un poema de Angela Segovia,recitado en alemán y difundido en eco por la megafonía de la platea mientras la presencia instrumental cede lentamente hasta el silencio.

Del neoyorkino Joshua Mastel, Spread in lobes like lichen on rock, una sátira del volumen de las músicas pop, que crece hasta hacerse ensordecedor, efecto reproducido por los intérpretes y casi obliga al público a tapar los oídos. Muy interesante en esta pieza el dispositivo electrónico que absorbe los sonidos y los devuelve transformados. Así acabó la velada.

Pero antes había sonado el estreno absoluto de una de las mejores piezas del programa: B-Faceday, del grancanario de adopción Gonzalo Dìaz Yerro. Es la presunta imagen en seis cuadros de un ciudadano que el día de su cumpleaños recibe miles de felicitaciones por todos los medios imaginables. De la satisfacción al agobio, Incluso la angustia de tener que responderlas, escuchamos un admirable dominio instrumental, nada descriptivo en sí mismo pero repleto de vivacidad y humor.

En suma un gran concierto, que perdurará en la memoria y en el deseo de que vuelva pronto Mosaik, un colectivo sensacional.

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