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Letras | 33ª Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria
María Oruña Escritora

«Hago un guiño a las novelas de misterio de habitación cerrada del siglo XIX y XX»

La escritora viguesa María Oruña, ayer, en la Feria del Libro capitalina donde presentó su nueva novela. | | JUAN CARLOS CASTRO

La escritora viguesa María Oruña, ayer, en la Feria del Libro capitalina donde presentó su nueva novela. | | JUAN CARLOS CASTRO

María Oruña (Vigo, Galicia, 1976) presentó ayer su libro ‘Lo que la marea esconde’ en la jornada de clausura de la Feria del Libro que «se corresponde con todos los parámetros de intriga policiaca».

Su novela Lo que la marea esconde, ¿es una intriga policiaca?

Corresponde a todos los parámetros de intriga policiaca, de misterio y del famoso quién y cómo lo hizo. Es sobre todo un guiño a las novelas de misterio de habitación cerrada de mediados-finales del siglo XIX y comienzos del XX donde Edgar Allan Poe había empezado con su famoso Los crímenes de la calle Morgue. El reto era crear una intriga policiaca, pero que contuviera este componente clásico, aportando visión del siglo XXI.

¿Refleja en forma literaria algún hecho real?

Todo el contenido y la trama de la novela son inventados, pero sí es cierto que en mis relatos hay algo que explica el crimen imposible con fundamento en un hecho real e histórico que me hizo mucho más fácil construir la historia y darle solidez porque sabía que si no muchos lectores dirían: esto es imposible. 

Dado el carácter de los personajes y el lugar de alta burguesía donde sitúa la acción, ¿se trata de crítica social?

No es una crítica social sino un espejo de la sociedad. Cada lector tendrá que decidir hasta qué punto es una crítica o está conforme con ese modelo y estructura social que tenemos. Los buenos libros, en mi opinión, no tienen que dar respuestas, directrices ni moralismos de moda, sino ofrecer preguntas para que sea el propio lector quien responda. El hecho de que se enfoque a una sociedad de alto nivel como el Club Hípico, Náutico, de Tenis o Palacio de la Magdalena obedece también a un guiño más a esas novelas de misterio de habitación cerrada en que siempre el criminal y la víctima eran de alto nivel social. Esto fue un cambio muy importante en su época porque, de pronto, los maleantes ya no tenían que ser vagabundos ni gente perdida de la sociedad, sino que también se descubría que todos en la base éramos iguales, con ambiciones, odios o rencores, independientemente del nivel social. En esta novela trato monarquía, república, feminismo, y me meto en otros jardines, sin embargo, la voz narrativa es neutra. No obstante, los personajes discuten muy vehementemente, dando argumentos de peso los unos contra los otros sobre estos mismos temas, pero no se dice la solución y el eje real de sus vidas. Cada lector decide, no solamente, qué posición social o política tiene sino si ese personaje, además, es tan bueno como él se cree o un hipócrita. 

«Hay que ver quién cometió el crimen, pero también disfrutar la musicalidad del texto o el ritmo»

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El relato de puerta cerrada parece inspirado en la novelística de Agatha Christie o en el cine de grandes catarsis morales a través de la conversación confinada en un solo espacio…

Más bien es de ámbito literario. Me gustó mucho El misterio del cuarto amarillo de Gastón Leroux que me hizo retomar confianza con este tipo de misterios. Lo publicó dos años antes que El fantasma de la ópera. Se trata de una historia con una complejidad que plasmaba, por un lado, el juego, averiguar quién lo hizo y cómo y, por otro lado, analizabas todos los personajes viendo qué catadura moral real tenían, porque, por ejemplo, en este tipo de misterios, como decía con Poe, hay un crimen de habitación cerrada que sucede por azar con, incluso, animales de por medio. Tenemos también a Conan Doyle con su famoso investigador, Sherlock Holmes y el relato de La banda de lunares donde otra vez un animal está implicado en el misterio de habitación cerrada, pero ya juega aquí la maldad humana, sobre todo, algo que ya es muy revolucionario con Poe que publicó en 1841 Los crímenes de la calle Morgue donde por fin abandonamos todo lo que eran las maldiciones, la oscuridad o cómo puede ocurrir un crimen imposible. Llega por fin el raciocinio en que se reflexiona de axioma en axioma y aparece una explicación lógica para todo porque es el momento en que llega la Ilustración a Europa, entre otros acontecimientos. Yo quería aplicar todo esto, pero con un punto de vista racional del siglo XXI, que hubiese también ese punto de magia de: es imposible empezar la novela así y que luego volviese el raciocinio y abandonásemos las explicaciones absurdas, que no hubiese trampa en la novela ni un fantasma o un delfín volador que se coló por la ventana… Algo que pudiese ser creíble, sólido y que, aún de esta forma, siguiese despertando en nosotros la curiosidad, algo difícil porque estamos ya entrenados a todo y recibimos impactos audiovisuales todo el tiempo.

¿Utiliza la técnica de la novela de asesinatos, cada vez más intrincada y desconcertante en la búsqueda de culpables?

No se trata de plantearle al lector una yincana a ver cómo eres de listo y si lo resuelves más rápido que el otro. La parte lúdica es ver quién cometió el crimen, pero se trata también de disfrutar la musicalidad del texto, el ritmo, los diálogos o la potencia de las palabras, ese juego con el que provoco también al lector. Al comienzo de cada capítulo hay una cita de un autor que escribió también novelas de habitación cerrada y da una pista de lo que va a suceder en ese capítulo. Es una provocación constante al lector, un juego y una aventura sin más pretensiones que entretener y hacer soñar. Los libros no son soluciones a nada, pero sí hacen que te plantees preguntas y decir: en esto puedo cambiar de perspectiva o no.

Su tierra natal, Galicia, tan bella como misteriosa, ¿ejerce alguna influencia en su obra literaria?

Es muy posible. Tenemos muchas influencias de las que, a veces, no somos conscientes. Un corrector de Planeta en Barcelona me decía: cómo se nota que eres gallega por la musicalidad del texto. Se nota también que eres abogada porque usas muchos gerundios. No me había dado cuenta. El homenaje a Galicia, realmente, se lo hice con un libro fuera de la serie, El bosque de los cuatro vientos, el único que no he dedicado a una persona sino a mi tierra. 

«Esta obra es una provocación al lector, un juego con la pretensión única de hacer soñar»

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Su profesión entonces, ¿cuál es, la de escritora o de abogada?

Soy escritora. Estuve ejerciendo 10 años como abogada y entre medias redacté mi primer libro que resultó un boom y se empezó a traducir en varios idiomas. Sufrí hasta hace poco el síndrome de la impostora porque me veía en eventos con narradores de relevancia donde yo pensaba que no debía estar, pero se comenzaron a vender miles de ejemplares, así que aparqué el derecho y me considero ya escritora porque sé el trabajo que me lleva, lo muy en serio que me lo tomo y el gran respeto que tengo hacia los lectores. Puedo decir con suerte que me dedico solo a esto.

Lo que la marea esconde, ¿es el cuarto de la serie?

Sí, escribí los tres primeros y la gente pensó que era una trilogía, pero son como los de Agatha Christie, que da igual coger un libro que otro para empezar, pero Poirot es más estático que mis investigadores que son fijos en cada novela, sin embargo, evolucionan en sus vidas aunque las historias sean independientes de una obra a otra. Como se trata de misterios muy distintos, empleo técnicas narrativas muy diferentes. Por ejemplo, el tercero, que habla de fantasmas es una novela tipo Rebeca, corte gótico. En la actual hago un guiño a las novelas elegantes de comienzos del siglo XX. La segunda, es de arqueólogos e historiadores. Siempre comienzo con algo aparentemente imposible, una noticia que sería espectacular en un periódico, pero que siempre se resuelve con sentido común, ciencia, historia y raciocinio. Nunca hay explicaciones porque para mí sería hacer trampa. No quiero que el lector se sienta defraudado, que por ejemplo diga: ah, el asesino fue esta señora que solo salió un momento en la página 47. La narración tiene que estar clara desde el principio y el juego al nivel del lector que es muy listo y bien entrenado. Me planteo también el reto de concentrar la atención en esa aventura y que sea más fuerte el estímulo que los otros que tienen hoy en día más fáciles, como esperar a que se haga la película. Se trata de disfrutar la lectura, que valga la pena adentrarse en el ambiente que se crea. 

«En este libro quería algo que pudiese ser creíble, sólido y, aún así, despertara la curiosidad»

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Galicia ha dado a España grandes mujeres escritoras que, en su mayoría sufrieron un largo olvido. ¿Es una realidad machista?

Los hombres suelen leer más a hombres porque piensan que su literatura es de cosas serias e importantes, como hablar de guerra o política, mientras que las mujeres escriben novelas más introspectivas o de sentimientos. Si hay un crimen se incluyen recetas de cocina. Se trata de una visión muy simplista, sobre todo si se tiene en cuenta que una de las más leídas del mundo se llama Agatha Christie que sigue cerca de la Biblia de los más vendidos. Hay que pasar por encima de todas estas estadísticas y en vez de pelear con argumentos pasados de moda centrarnos en escribir buenas historias. No se trata de crear una súper heroína sino un personaje creíble y real y que haya hombres y gente de todo tipo y condición sexual, donde esta, dentro de la historia, llegue a ser terciaria. No se debe dar tanta importancia a que un personaje sea homosexual o que una teniente sea mujer, sino ir más allá y buscar afinidades.  

Es posible que una escritora insigne como la Pardo Bazán alcance ahora gran popularidad por la serie televisiva que se está realizando sobre Los pazos de Ulloa, su obra maestra. ¿Le parecen bien estas transferencias de género cien años después?

Me parece bien todo lo que sea rescatar grandes autores que han sido justa o injustamente olvidados, como en este caso por su condición femenina, o por situaciones políticas, entre otras causas. Pardo Bazán fue brillantísima. Hay una obra de teatro muy breve que puede leer cualquiera, Vestido de novia, donde se ve su ingenio, determinación y la ironía de sus palabras, donde piensas que una conversación con ella tenía que ser chispeante. Me encanta que se rescate su figura, pero me preocupa que sea hueco, por modas porque ahora vamos de feministas y ni siquiera, a lo mejor, conocemos la obra de la autora. 

«Los buenos relatos, pienso, no tienen que dar respuestas, directrices ni moralismos de moda»

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¿Lee con frecuencia a Rosalía de Castro, o no es la poesía el género que más la seduce?

No es el género que más me seduce, sin embargo, sí la he leído y mi libro dedicado a Galicia, El bosque de los cuatro vientos, comienza con una cita suya donde refleja gran humildad y profundidad al hablar de su tierra. Autores contemporáneos la admiraron, como fue Bécquer con quien se carteaba y había un respeto mutuo. Muchos hombres le reconocieron su mérito y trabajo literario, lo que era de valorar en la época. 

¿Cuál es su trayectoria estilística desde que empezó a escribir para editar?

He intentado mejorar la técnica leyendo críticos literarios, sobre todo, norteamericanos e ingleses, pero mi base permanece intentando pulir y mejorar, pero así como en Puerto escondido, el primer libro de la serie, manejaba un corte muy intimista, el segundo, Un lugar a donde ir fue mucho más técnico, con muchas localizaciones y personajes; el tercero fue una novela tipo gótico, con pocos personajes y un único escenario y el cuarto lleva un trazo elegante. El quinto libro de la serie ya está en marcha.

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