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Arte
Ana Lilia Martín Artista

«Muestro un cuerpo híbrido que hace perceptible la experiencia sensorial»

Imagen de la escultora Ana Lilia Martín en el Espacio Cultural S/T junto a una de sus obras. | |

Su exposición es original y estéticamente impactante. ¿En qué tendencia se sitúa?

Pues la verdad es que nunca me lo he planteado y ni siquiera es un tema que me preocupe. Si se refiere a si sigo algún estilo o moda, le puedo decir que mi trayectoria se ha orientado siempre en la dirección que yo misma me he ido marcando, sin importarme ir contracorriente o no hacer lo que está de moda. Toda mi obra se desenvuelve en un lenguaje que pretende colocar la figura humana en el centro de la experiencia. Como todo lenguaje, la finalidad principal es la comunicación. Represento la imagen que quiero transmitir para que finalmente termine dentro del espectador, como decía Cezanne, y sea éste quien, en última instancia, haga una lectura de la obra según sus preceptos y condicionantes. Dentro de este proceso de comunicación me valgo de una serie de recursos, digamos que son signos de un sistema codificado, que se reiteran en toda mi obra: la maleabilidad palpable de la materia, el fragmento como totalidad, las resonancias clásicas y el desnudo como seducción…Intento decir lo que quiero de la forma más clara que puedo. Estoy convencida de que en este sistema de comunicación que es el lenguaje artístico, el espectador juega un papel importantísimo y primordial, porque es quien finalmente extrae la lectura de la obra y es el que en última instancia oye la voz personal e intransferible del autor. Si le soy sincera, nunca he sentido el deseo de pertenecer a alguna tendencia o estar conectada con alguna corriente artística. Pienso que la búsqueda de ese lenguaje personal, de ese estilo propio, no se debe forzar; es algo que llegará, o no.

Los fragmentos del cuerpo femenino prolongados en ramificaciones vegetales resultan intrigantes. ¿Cuál es su propósito?

La fusión de elementos de distinta naturaleza para dar lugar a otros nuevos de características mixtas por lo general suele producir un resultado intrigante precisamente por lo poco habitual e inesperado. En esta muestra, el cuerpo, tanto femenino como masculino, se fusiona con elementos vegetales y también de otra índole. De esta unión se generan nuevas formas cuyo propósito es invitar a la reflexión. Formas mutantes que invitan a desprenderse del propio cuerpo e imaginar otra realidad. Estas formas híbridas nacen de la voluntad de entender lo que me rodea e intentan cuestionar las percepciones.

«En el arte el espectador es primordial, al hacer la lectura de la obra y oír la voz del autor»

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El cuerpo infinito, una metáfora muy ambiciosa ¿Qué quiere decir…?

El cuerpo infinito es mi universo particular, en el que el cuerpo se revela ante su cosificación y deshumanización y reivindica ser una entidad holísticamente constituida. Actualmente vivimos un momento complicado y el arte no se puede desvincular de ello. Todo sucede a una velocidad pasmosa, estamos rodeados de ruido por todos lados, el auge de las nuevas tecnologías es asombroso, la cultura de la imagen hace que nos distanciemos cada vez más de la realidad, diseñamos nuestros cuerpos a medida, vivimos prácticamente detrás de una pantalla… Por eso, el cuerpo se muestra aquí como un agente de transformación, un cuerpo híbrido que hace perceptible la experiencia sensorial. Un discurso que aborda la condición humana, su vulnerabilidad frente a la naturaleza que resurge una y otra vez, a pesar de todo, y la recreación de esta dualidad en un nuevo cuerpo eterno e infinito. El cuerpo se presenta como una herramienta válida para transmitir mensajes acerca de lo que somos. Es lo más cercano. Su representación me induce a una reflexión permanente. Cada vez que lo veo me sorprendo descubriendo nuevos significados, nuevos detalles, desgranándolo de tal forma que me da la sensación que cada vez estoy ante algo nuevo. Recuerdo ahora un comentario de Antonio Zaya que decía que el cuerpo y la escultura están tan indisolublemente asociados como el ser humano a su deseo. Su representación es un aprendizaje vivencial que me hace tomar conciencia de lo que siento. Me obstino en mirarlo en profundidad, responder a todos los interrogantes que me plantea, pero cuanto más trabajo en él, más dudas me invaden y más me atrae. Es ese lugar donde puedo refugiarme e interrogarme, es un lugar de reflexión permanente y de experimentación, un lugar de introspección que de alguna manera me pone en disposición a una relación con lo infinito. De ahí el título de la exposición.

Parece un compromiso del arte conceptual con el puro esteticismo. ¿Qué experiencias han impulsado la concepción de esta idea?

En cierta manera reta la definición de arte conceptual y esteticismo. Como ya le comenté al principio, mi obra no surge en el seno de movimientos artísticos concretos y soy reacia a que la adscriban a -ismos. Aunque entiendo que el arte contemporáneo vea la necesidad de hacerlo, pues de alguna manera hay que hacer agrupaciones entre tantas tendencias. En mi obra el objeto es reivindicado y mantiene un equilibrio con la idea. En tiempos tan convulsos pienso que es una exigencia volver a retomar lo material, volver a lo manual y afianzar el trinomio ojo-mano-mente porque al fin y al cabo esta conjunción es la que hace posible que la fusión entre la obra y su creador sea completa. Mi estudio se convierte en un laboratorio de hibridación en el que investigo y experimento con las formas y con los materiales y sus cualidades intrínsecas. Pero me estoy refiriendo a la experimentación en el sentido más amplio y no reduciéndolo a lo puramente material. Estoy hablando de hacer un ejercicio de comprensión de las cosas, de reflexión y de introspección. Me refiero a potenciar la conciencia corporal, desarrollar una percepción multisensorial, defender lo original y algo que es muy relevante en la existencia humana: lo sensible. Tampoco en mi obra se persigue como fin último la belleza. No me ajusto a cánones establecidos. De hecho, en la representación del cuerpo la anatomía se modifica, se fragmenta, se altera en busca de la expresión y con el único propósito de expresar intenciones y pensamientos. Por eso insisto tanto en celebrar el cuerpo en mi proceso creativo, porque el cuerpo es al fin y al cabo donde se traduce y se forma la identidad humana. Hoy en día creo que no se puede establecer qué es lo bello y qué es lo feo. Los límites son difusos porque están sujetos a las diferentes percepciones.

¿Cómo son sus proyectos de desarrollo artístico?

Si lo que me pregunta es cómo es el proceso de realización o cómo se desarrolla tengo que decir que no difiere mucho de cualquier otro proyecto. Se desarrolla por etapas cuyo orden no necesariamente tiene que ser el mismo siempre e incluso a veces puedo llegar a omitir pasos. Empiezo con una fase de investigación y exploración; veo cuáles son mis necesidades; genero ideas, bocetos y dibujos para estudiar y evaluar el concepto; desarrollo maquetas de estudio, aunque no siempre lo hago; y llego a la realización física de la obra en la que exploro con los materiales, las técnicas y los procesos. En realidad el resultado final del proceso no está predeterminado. Intento representar el cuerpo con la intención de comunicar un pensamiento y me enfrento siempre a cuestiones relacionadas no sólo con los procesos técnicos sino también a aquéllas relacionadas con el concepto que hay detrás de la obra que diseño; me esfuerzo en buscar “el alma” de lo que hago porque estoy convencida de que es ahí donde habita la emoción que pueda transmitir una obra.

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