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Tomás Morales, centenario 1921/2021 | Una voz con horizonte

Vigencia de Tomás Morales

No era un egotista, sino un hombre con una clara empatía con la clase obrera, los trabajadores del Puerto, los campesinos y los enfermos

Tomás Morales, Saulo Torón y Alonso Quesada, de derecha a izquierda Casa Museo Tomás Morales

Llegado el momento de conmemorar el Centenario del fallecimiento de nuestro poeta moyense y universal, se impone una reflexión sobre si su obra poética sigue viva. En una conferencia que impartimos hace semanas en su Casa-Museo de Moya, dentro de la programación que dicho centro organizó con motivo del Centenario, se expuso un análisis de su obra y una evaluación de su trascendencia dentro de la Literatura escrita en castellano. La extensa bibliografía existente sobre Morales pone de manifiesto que se trata del escritor canario sobre cuya obra se han volcado más los estudios críticos, tratando los diversos aspectos de su proteica obra cumbre, Las Rosas de Hércules, en una rigurosa analítica que ha desvelado las claves de una poética deslumbrante, profunda y de aliento hercúleo, humanista y de segura raigambre canaria.

Para las generaciones actuales, perdidas en la digitalización compulsiva y banalizante de las nuevas tecnologías, que les ocupan el tiempo que debieran dedicar a su formación humanista, la lectura de nuestros clásicos ( y de la Literatura en general) siguen siendo un tiempo perdido, en gran parte achacacable a su ausencia en los programas de la Enseñanza Secundaria y al ninguneo sistemático que sufre la Cultura en una sociedad perdida en ocupaciones que mantengan su mera subsistencia. Y siempre insistimos en que se normalice este aspecto, porque es notoria mucha presunción de canariedad, cuando realmente no se conocen las figuras más relevantes de este supuesto ideológico que nos caracteriza diferencialmente. Un ejemplo sangrante de esta ignorancia es justamente Tomás Morales, pero ahí están las ediciones sucesivas que ha hecho Oswaldo Guerra para contar con unos volúmenes cuya lectura los profesores deberían recomendar al alumnado, poniendo en valor su alcance, que es fundamental para entrar de lleno en la Modernidad de la cultura archipelágica. Pues se trata de que Tomás Morales es la figura primordial en el extenso repertorio de los mejores escritores nacidos en esta parte del mundo. Sus versos son una polisemia simbólica entre el recurso mitológico – por lo demás habitual en el movimiento modernista – y la ontología; esto es: el conocimiento de su propio ser, la continua introspección que destilan sus versos, con ritmo musical, desplegando pensamientos, sentimientos, afanes mundanos, afectos familiares y la indudable inquietud social. Pues no era nuestro hombre un egotista, sino muy al contrario, un hombre con una clara empatía con la clase obrera, los obreros que construyen el Puerto de La Luz, los campesinos ocupados en sus cosechas, los enfermos a los que iba a atender gratuitamente en los barrios de Agaete donde ejerció como médico rural. Ubicuo personaje que compartió su gloria con el más selecto Parnaso de sus contemporáneos en Madrid y un menester curativo con los enfermos más pobres de aquel momento tercermundista que vivían las Islas, y que estaba despertando gracias al Puerto y a la exportación a Europa de nuestra producción agrícola de plátanos y tomates. Amantísimo esposo de Leonor,y padre dedicado a la crianza de sus hijos, la figura de Tomás Morales se agiganta también con su cercana amistad con dos grandes vates del momento: Alonso Quesada y Saulo Torón, hasta conformar una triada ya indisoluble en el periodo histórico que les tocó vivir. Amigos y complementarios en tertulias y opiniones, sus poéticas guardan apreciables distancias. Nada tiene que ver el brillante esplendor mayestático de Morales, su extraordinaria capacidad para adjetivar, sus refererencias grecolatinas, con el decaído y pensieroso fluir metafísico de Quesada, o con el sentimentalismo elegiaco de Torón, pero juntos dan forma a una brillante generación poética que inicia el s. XX con fuerza y calidad.

Hoy en día, incluso aquellos y aquellas que hemos practicado el género poético rompiendo los convencionalismos y rotando por nuevos senderos expresivos reconocemos en Tomás Morales a un gigante poético inigualable que sigue vivo, porque la Belleza y la Verdad siguen siendo nuestra farola de ese océano Atlántico que Morales llevó al mito, y que no es sino uno de sus motivos. Cantor del Mar, ciertamente,pero también cantor de sí mismo, de los cuatro elementos fundamentales de la Naturaleza y, en definitiva, un poeta que creo que sigue y seguirá vivo mientras quienes tienen la obligación de inclinar a los jovenes a la lectura decidan incluirlo como la dovela mágica que sostiene nuestro edificio literario.

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