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Literatura

El origen del fenómeno 'Carmen Mola'

La trilogía de los ganadores del Premio Planeta es un buen ejemplo de novela policiaca basada en modelos cinematográficos o televisivos que consigue sobrecoger al lector

Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, los hombres detrás de Carmen Mola.

Es indudable que la maldad nos interesa, y esto explicaría el éxito editorial que tienen las novelas criminales. La prueba está en el último Premio Planeta con una inversión de 1.000.000 de euros para el ganador (en los negocios solo se invierte si se espera obtener beneficios) que ha ido para una novela de este tipo; en concreto, para Carmen Mola. Así se desvelaba uno de los secretos publicitarios más importantes del campo editorial español, al conocer que tres hombres, Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, estaban detrás del pseudónimo femenino de Carmen Mola (menos mal que nos queda para fantasear quién estará detrás de Elena Ferrante).

Aunque suelo huir de los fenómenos mediáticos literarios, a mí, particularmente, también me gusta la buena novela criminal en sus diferentes versiones. Una de ellas es la novela policiaca, cuyo núcleo temático es el esclarecimiento de un caso (casi siempre un asesinato) mediante la aplicación de métodos policiacos cercanos a la realidad; y cuyo protagonista es un policía algo "especial" sobre el que revertirán consecuencias negativas para su vida. Y es en la novela policiaca donde se encuadran los relatos de Carmen Mola. 'La novia gitana' (Alfaguara, 2018) fue la primera, el origen. En su momento no la leí, pero uno es débil y curioso y, ante el éxito de dos novelas más, claudiqué. Comprobé que era una novela de género policiaco, de las que se leen para pasar un buen rato con mucha soltura. Ahora, con la actualidad mandando, la he releído para extraer cuáles son sus bases y, consecuentemente, entender su gran éxito editorial.

La novela consta de 78 capítulos en menos de 300 páginas, divididos a su vez en cinco partes, las cuales comienzan con un fragmento de la letra de una canción de la cantante italiana Mina, seguida de unas pocas páginas, en letra cursiva, en la que se cuenta una historia (muy parecida a la narrada en el 2º capítulo de la 2ª temporada de 'True Detective') que no se enlaza en el tiempo narrativo con la trama principal aparentemente, pero que tendrá su explicación al final de la novela. Salvo esto, la novela presenta una linealidad temporal que ayuda al seguimiento de la trama.

Aunque en el primer capítulo se diga que "En Madrid se mata poco", como es casi preceptiva del género, se inicia con un asesinato brutal, en este caso el de una joven, la novia gitana. A partir de aquí se inicia el proceso de investigación con una paradoja que todavía hace más enigmático el crimen. Con este comienzo, el lector necesita pasar página tras página con la avidez del conocer. Además, dentro de la línea argumental, se averiguará quién es el asesino, pero seguirá la intriga para conocer cómo se le apresa y cuál ha sido el porqué del crimen. Todo ello mediante una narración muy sencilla, con los datos imprescindibles y con un narrador que valora a la manera realista tradicional y, al modo de las series televisivas de este tipo, con un gran protagonismo para los diálogos.

Y, para que todo se cumpla a la perfección, se necesita un policía especial. En esta ocasión será la inspectora Elena Blanco, jefe del equipo de la Brigada de Análisis de casos de Madrid, quien proviene de una familia pudiente, vive en la plaza Mayor de Madrid, tiene en su casa una cámara para grabar a todos los que entran y salen de la plaza con un propósito, conduce un Lada rojo viejo, es aficionada al karaoke, a las canciones de Mina, bebe grappa, se acuesta con quien le gusta en el parquin y no entiende por qué la vida tiene que ser tan extraña; pero, sobre todo, tiene un pasado trágico marcado por el secuestro y la desaparición de su hijo.

Y, ¿por qué deberíais de leer esta novela? Porque es un buen ejemplo de novela policiaca basada en modelos cinematográficos o televisivos que consigue sobrecoger al lector; en la que todo es un ir hacia adelante, a muy buen ritmo, favorecido por la fragmentación estructural, la crueldad de los acontecimientos y por su final abierto hacia una segunda historia. Lo dicho, nos gusta asistir a esa maldad; pero, en nuestro descargo, a muchos nos gusta que cojan a los malos.

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