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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Canarismos

Tres piedritas en mi fogal y las estrellas del cielo no las atino a contar

Tres piedritas en mi fogal y las estrellas del cielo no las atino a contar

Esta suerte de acertijo antiguo localizado en Tacoronte, Tenerife, rememora el hogar rural tradicional de una época. Las «tres piedritas» son los «tres teniques», que así se llaman a cada una de las piedras grandes que conforman el hogar o fogal. Sobre las que se sustenta la olla, el tostador o cualquier otro recipiente para la cocción de los alimentos. «Tenique» parece ser voz indígena que remonta su origen a las lenguas habladas por los antiguos canarios y a su vez tomada probablemente del bereber. El término «fogal» (’hogar’) es probablemente un portuguesismo (similar a ‘fogalera’) que designa el lugar central en las antiguas viviendas, el punto de encuentro y de reunión entorno al fuego; lo que no en vano ha dado el nombre a la entera casa: el hogar. El término hogar trasciende así de la idea física de la propia estructura arquitectónica que sirve de hábitat para abrazar un sentimiento de pertenencia, acogimiento e identidad. La acogida de cada miembro de la familia que al crepúsculo de la tarde o «allá al solpuesto» se reúnen entorno al fuego a compartir vivencias. El mismo sentimiento nos reporta el recurso al diminutivo «tres piedritas», lo que transmite la sensación de afecto que se manifiesta por ciertas cosas y objetos materiales, y que nos recuerda aquella otra expresión antigua que exclama: «¡Ay, mi casa y mis tres teniques!», que antiguamente se pronunciaba con nostalgia cuando se regresaba al hogar después de una jornada de trabajo o un tiempo de ausencia. Estas expresiones que hoy forman parte de un gerontolenguaje en vías de desaparición, nos precipitan en un mundo rural que ya es casi parte del pasado. La imagen nos evoca a quien, extasiado, reposando frente a la lumbre, pierde su mirada en la danza de las llamas y el silencio, solo interrumpido por el crepitar del fuego mientras centellea. Y en el que uno queda absorto en sus pensamientos y en la fascinación que provocan la visión de las llamas. El enigma contenido en el acertijo no deja de tener su enjundia. Por una parte, las imágenes contraponen y complementan una visión del microcosmos, del fogal y los tres teniques que, como realidad inmediata y tangible, cercana, circunscrita al ámbito doméstico es perfectamente identificable, y hasta cuantificable (tres piedritas). Este microcosmos tiene su reflejo en «las estrellas del cielo» que, como parte del cosmos o macrocosmos, realidad superior e inabarcable, resulta infinita y se pierde ante nuestra vista e imaginación (y «no se atinan a contar»). [En realidad, no tenemos la certeza que esta visión micro/macrocósmica exista como constructo o figura teórica así descrita entre los primitivos canarios. Estamos hablando, pues, de un conocimiento arcano de transmisión intergeneracional en la sociedad maga colonial, en este sentido no parecen nada despreciables los conocimientos astronómicos y una cosmovisión de los antiguos canarios, o quizá solo sea fruto de la pura intuición sapiencial del vulgo]. En este imaginario rural la idea de microcosmos del fogal nos recuerda asimismo que las «piedras de fuego», los teniques, y el fogal tienen un reflejo en lo alto, en el cosmos. Como si las centellas del fuego del fogal ascendiesen hacia el espacio sideral, retornando a su origen ancestral, como para fundirse con las estrellas del cielo en un espacio infinito.

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