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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Intensidad epistolar

‘Emilia, borriquita y unas notas’, de José Ramón Fernández, excava en las cartas de amor y amistad que pudo haber escrito Galdós a Pardo-Bazán

Benito Pérez Galdós. | | LA PROVINCIA/DLP

Estas 173 páginas ilustradas por Gala Fernández Montero se distribuyen en tres partes (A modo de prólogo; Emilia, borriquita y unas notas). En el prólogo se refiere cómo en aquel 2020 -donde quiso la casualidad que se nos cruzase una pandemia inverosímil con el ansiado centenario de don Benito- Juan Carlos Pérez de la Fuente tuvo la feliz idea de contar con José Ramón Fernández para realizar una lectura dramatizada de cartas enviadas -aunque adaptadas- de Emilia Pardo Bazán a Galdós, y las que este le pudo haber escrito más allá de la única real que se conserva. De resultas, el 24 de noviembre de ese año en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, José María Pou y Gloria Muñoz pusieron voz y alma a la pareja de hecho más importante de nuestras letras (una cuarta parte aproximadamente de lo que contiene este volumen). Ingente trabajo de documentación el que ha realizado José Ramón Fernández quien nos lleva a otros libros como biografías, textos de los mismos escritores o propuestas tentadoras como la de leer al mismo tiempo Miquiño mío. Cartas a Galdós editado por Turner en 2020 y el volumen que nos ocupa.

Intensidad epistolar

Intensidad epistolar Gloria Arteaga Ortiz

Las cartas reflejan la evolución de la admiración artística mutua y la amistad literaria hasta el amor más intenso, episodios reveladores de sus vidas cotidianas, los encuentros apasionados en Madrid o Santander, sus producciones literarias, la morriña por las tierras gallegas de la una y la nostalgia insular del otro… Se trata de una correspondencia variopinta en la que las confesiones íntimas conviven con la alusión a figuras contemporáneas como Echegaray, Pereda, Clarín, Lázaro Galiano, Menéndez y Pelayo, Cánovas, Palacio Valdés, José Ortega y otros tantos.

En el epistolario despuntan varias vertientes vitales, sus inicios como dramaturgo, sus hazañas políticas, sus vaivenes con la RAE, su relación con sus hermanas y su madre. Ciertamente, la educación matriarcal de Galdós como su relación con Pardo Bazán están detrás de la carta de 25 de febrero de 1889, donde el canario sufre de desamor, pero abandera la defensa de la mujer libre. En cuanto a otros amores, debemos destacar dos nombres: Sisita, su primer e imposible amor de juventud y una de las causas por la que la madre de Galdós lo enviase a estudiar y cambiar de aires a la villa y corte; y Lorenza, madre de su única hija y trasunto de Mauricia la Dura en Fortunata y Jacinta. Para María, su pequeña, tendrá tiernas palabras en la carta del 13 de enero de 1891.

A partir de diciembre de 1889 nos encontramos a un Galdós cada vez más ciego, nostálgico del Atlántico y abatido por la pérdida de su hermano Domingo y, al poco, de su cuñada Magdalena. Por otro lado, doña Emilia no responde a sus cartas. Por estas nos enteramos de que Emilio Mario quiere llevar a las tablas del Teatro de la Comedia Realidad con María Guerrero y Emiliano Thivillier, nada más y nada menos.

La última carta del libro que nos ocupa es una ficción basada en el homenaje que se le dedicó a Galdós tras su muerte. La escribe Emilia y habla de él como “maestro del pensar y el querer”. Se hace eco de la noticia de que en su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria, después de una reclamación histórica que él hizo suya, el primer instituto de educación pública, cuya primera piedra se colocó el 26 de octubre de 1916 y se terminará en 1925, llevará su nombre. Ha ido cambiando de sede a lo largo del tiempo. Hoy en día el inaugurado en 1925 es la sede del Rectorado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y el que lleva su nombre está situado en el Paseo Tomás Morales (otro gran escritor canario universal).

La obra se cierra con una parte titulada “No sé si son necesarias unas notas…”, que a nosotros se nos antojan más que necesarias y más que justas, ya que nos revelan la intención literaria de Fernández, porque rescata del olvido a ciertos personajes nada tangenciales, porque nos llevan a otros lugares menos tangenciales aún, porque hay hasta un acertijo…

Estamos ante el tópico de un libro que lleva a otros libros, pero, sobre todo -y esto ya no es tan tópico- ante un libro que lleva al teatro, y al teatro que escribió Galdós y al que se ha llevado a las tablas a propósito del centenario de su muerte. En definitiva, José Ramón Fernández, laureado, architraducido y representante de lo mejor de nuestra última dramaturgia (y también autor de narrativa), enlaza magistralmente con el hilo de la palabra teatral los centenarios de la muerte del canario en el año 20 y el de la gallega en el 21. Con una exquisita poética de la sutil consigue que nos hable al corazón Galdós por un oído y Pardo Bazán por el otro, nada más y nada menos.

Lean y disfruten.

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