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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Benidorm Fest, "hagamos una calçotada"

No hubo ni teta ni pandereta, pero sí paramos la ciudad

'Ay, Mama'

Si hay una imagen aún más poderosa que la teta terráquea o globo tetáqueo de Rigoberta Bandini, símbolo del homenaje a las mujeres, a las madres y a los cuerpos femeninos que canta Ay, Mama, es la de los brazos de la artista entrelazados con los de su prima y corista, Belén Barenys, y las bailarinas Mabel Olea y Marta Ros. 

Las cuatro sacan pecho, al puro estilo Delacroix, y rompen a bailar en el escenario. Pero esto ya no es novedad a estas alturas, aunque conviene recordar su fuerza, que es la misma que envuelve los cantos tribales de Terra, cuando Tanxugueiras mira a la cámara de frente y, como una catarsis en la que resuenan siglos de hogueras y de luchas, cantan Veñen pra quedar, veñen pra quedar, veñen pra quedar. Para estupor (o ingenuidad) de quienes fijamos la mirada en un horizonte donde la diversidad, la pluralidad, la riqueza cultural, la menstruación, la maternidad, los ciudados, otros cuerpos, otras miradas, podrían tener representación a escala europea de la mano de un ente público, no hubo ni teta ni pandereta. Pero sí paramos la ciudad. 

El triunfo de Chanel con SloMo solo puso de manifiesto que el sistema supuestamente democrático del asunto jamás transferiría sus hilos de poder para arriesgarse con otros discursos fuera de las fórmulas enlatadas del mainstream y, solo bajo esta premisa, se diseñó el montaje. En definitiva, sí hay fronteras y sí dan tanto miedo nuestras tetas. Pero el eco de estos himnos trascenderá en el tiempo y, sobre todo, en los distintos espacios que cada día conquistan las mamas y las brujas, al igual que Chanel bordará una interpretación de infarto en Eurovisión, como le desearon sus rivales que, antes que esto último, fueron compañeras. Porque la peor España, esa España conservadora y primitiva que se alinea con la ideología más patriarcal, ha mostrado su verdadero rostro en los intentos denodados de enfrentar continuamente a las candidatas, de politizar sus mensajes, de enjuiciar sus orígenes, criticar su aspecto o infantilizar sus propuestas, cuando se trataba de entrelazar los brazos y de sacar pecho ante cualquier resultado, porque una cosa es ir a Eurovisión y otra es parar la ciudad y todo el país. 

Este año, las mujeres ganamos en lo primero y en lo segundo. Y con todo, hay otra tercera imagen poderosa: Rigoberta Bandini y Chanel se funden en un abrazo tras conocer la victoria de esta última, que le dice antes de despedirse: «Hágamos una calçotada». Compañeiriña leal, compañeiriña leal (...). Sin ellas no habría humanidad, ni habría belleza.

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