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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Teatro
Pablo Derqui Actor de 'True West'

Pablo Derqui, actor: «En nuestra condición está padecer y querer nuestras relaciones familiares»

El actor catalán trae junto a Tristán Ulloa el drama de Sam Shepard al Teatro Cuyás hoy y mañana a las 19.30 horas, donde dan vida a dos hermanos atormentados

Pablo Derqui, actor y coprotagonista de 'True West'. Javier Naval

Pablo Derqui saborea el drama True West con calma. Un texto, original de Sam Shepard y adaptado por Eduardo Mendoza, que aborda la relación entre Lee y Austin, dos hermanos que necesitan del otro sin entender cuáles son las razones que los arrastra a odiarse sin opción alguna. Derqui afronta este papel como una de las voces más características y sobresalientes del panorama actual tras hacer Calígula, La danza de la venganza o Pedro Páramo, en compañía de Tristán Ulloa y bajo la dirección presta de Montse Tixé. Una apuesta que llega al Teatro Cuyás este viernes 11 y el sábado 12 a las 19.30 horas que promete no ser condescendiente.

Da igual que una madre críe a dos hijos de la misma forma, siempre serán distintos.  ¿Cómo definirías la relación entre estos hermanos?

En todas las familias cuecen habas. La fraternidad es un tema muy manido, donde el hermano es alguien con quien sientes un apego carnal y, al mismo tiempo, desapego. Estamos en un suburbio de Los Ángeles en el año 80, los hermanos Lee y Austin se ven después de cinco años en casa de la madre, quien está de vacaciones. Mientras que el mayor es un bala perdida que vive de trapicheos, Austin tiene una vida más convencional como guionista de Hollywood. Son dos opuestos que se atraen, y ahí explota todo. Esta es la primera apuesta de Montse Tixé como directora, un regalo para Tristán y para mí como actores.  

Hay tanto crueldad como pasión entre Lee y Austin.

No se saben querer. Son muy diferentes y han seguido vidas muy distintas, por ello se repelen a pesar de estar vinculados casi de manera pasional. Secretamente, anhelan lo que tiene el otro. En torno a toda esa tragedia irresoluble transita la función, donde uno acaba fagocitando uno al otro, ya que la excusa es la escritura de un guion que puede ser la salida de la vida marginal de uno de los dos. 

Casi al estilo de Mr. Ripley. ¿Hasta dónde lleva la insatisfacción humana?

En toda la obra de Shepard es un tema transversal. Aunque, más que insatisfacción, es la desestructuración. Habla de personajes muy desapegados, víctimas de unas familias fallidas y perdedores; le interesaban los claroscuros y tensiones de esos ámbitos, a la vez que siempre rehuyó del reconocimiento y de la fama y de los canales más convencionales del mercado, tanto como actor como dramaturgo. En esta pieza, se vislumbra en cómo puede afectar en uno la ausencia de una madre o un padre alcohólico, que parece ser que Shepard lo padeció, y se habla del mercantilismo del arte, lo que puede ser una pretensión artística termina vendiéndose prácticamente al peso a un productor buitre. 

Shepard y el humor de la desestructura

En ocasiones es necesario desunirse de la familia. ¿Es totalmente posible?

Yo no soy psicólogo. Pero sí es cierto que todos padecemos esto. Está en nuestra condición humana padecer y querer nuestras relaciones familiares. En este caso, dramáticamente es un enfoque interesante para hablar de nosotros. 

El humor es clave en esta obra, lo cual desubica durante el drama. 

No sabes muy bien si parar a reír o no, y esta característica de Shepard me gustó mucho al leerlo, por eso me entusiasmó la propuesta. Hay una mezcla de géneros muy pretendida que te desubica como lector y espectador, por ejemplo, con momentos muy duros entre los hermanos quea vez bordean el absurdo. Esto me interesa, cuando lo que ves no es complaciente ni te masticas lo que has de pensar o sentir. Es una obra desconcertante que no sigue los patrones lógicos de la dramaturgia en la que todavía estamos en proceso de gestación, ya que solo llevamos una decena de representaciones. 

Esta vez su interpretación no casa con su arquetipo. ¿Cómo le ha sentado?

Cada actor y actriz tiene de manera natural un espíritu determinado. La edad determinó la elección de personajes. A mí me encaja más Lee puesto que yo los suelo hacer más coléricos y Austin es alguien muy pausado con ganas de tener una vida ordenada. De entrada no era lo evidente, pero eso es lo chulo. A medida que trabajas, creas ciertas impresiones en las retinas de los demás y quedan ciertos prejuicios inevitables, pero me siento abierto a cualquier tipo de mapa humano. 

¿Tiene hermanos? 

Tengo un hermano menor. Me siento más Lee con él, salvando mucho las distancias con los persoanjes de True West. Mi hermano es físico y yo soy actor, así que la vena bohemia me salió a mí. Pero nos queremos más que estos dos. 

Tristán Ulloa y Pablo Derqui en una imagen promocional de la obra 'True West'. Javier Naval

La primera obra de teatro Montse Tixé

Esta es la primera dirección de Montse Tixé, ¿cómo ha sido acompañarla en este salto?

Para mí, es un gustazo, además es amiga mía desde hace muchos años. Ha estado como ayudante de dirección de Mario Gas, Andrés Lima, Oriol Broggi o Marta Angelat, y conoce el teatro como nadie. Así que, participar en su salto a la dirección ha sido un honor porque sabemos que, como directora mujer, no es tan fácil, requiere un porcentaje de esfuerzo mayor, y ella tiene mucho tesón y sigue aguantando. Esto no ocurre solo en el mundo teatral, sino en nuestro ámbito social. Es así. 

La incapacidad para comunicar los sentimientos es más proclive en los hombres. ¿Cree que, con la vista puesta en el pasado 8M, se están deshaciendo de esas cadenas? 

La sensibilidad masculina está cambiando, eso seguro. Estoy seguro de que si Rusia hubiera sido dirigida por una mujer, esta guerra no estaría ocurriendo, llena de políticas testosterónicas. Todo es muy incipiente, aunque haya señales como las reivindicaciones feministas y la mayor presencia de mujeres en otros ámbitos sociales. 

Su trayectoria se ha centrado en lo contemporáneo. ¿Qué hay del teatro clásico, por ejemplo, del Siglo de Oro? 

No lo he tocado mucho. 

¿No le interesa?

Sí, por supuesto. De hecho, hablaba con un compañero que entiende mucho de verso clásico español y decía que faltaba en este país una buena escuela. Los clásicos de hoy en día se montan con una cierta pátina museística, y el verso está hecho para romperlo y que llegue al público. Darle tantas vueltas para acercar la dramaturgia clásica española a la juventud de hoy en día daría un palo que te mueres porque hay tantísima obra que es pozo insondable para trabajar. A mí, me gustaría hacerlo. 

¿Con qué personaje de su trayectoria se queda?

Hay muchísimos... Todos te dejan algo. Tengo mucho cariño a Ray, el cual me propuso Marta Angelat en la obra Some voices de Joe Penhall. Es un chico esquizofrénico al que todavía tengo conmigo; era un texto precioso. Quizás porque fue la primera vez que soporté el papel protagonista durante toda la función: fue la primera vez que sentí el poder del teatro vivamente.    

Desde dentro, ¿cómo se ha vivido el paso de la pandemia en el teatro?

Ha sido muy extraño. Tuve la suerte de cobrar y hacer gira en plena pandemia. Sin embargo, era desolador, viendo el aforo de los teatros y las ciudades desérticas. Ha afectado muchísimo a la industria, espero que las políticas ayuden y lleguen a las pequeñas compañías, porque lo duro está por venir. Si bien las grandes sobreviven mejor, a las pequeñas les va a hacer más difícil subsistir, de las cuales también depende el tejido teatral del país. 

¿Qué consejo le daría a quien comienza? 

Si empieza ahora es porque tiene muchas ganas. El consejo es poner a prueba la vocación, ya que hay muchos vaivenes y mucho sufrimiento en esta carrera de largo recorrido, ¡y también disfrute!

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