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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Arte

Zulo o el peregrinaje del arte

La galería de la capital grancanaria finaliza su periplo de doce meses con Javier Viera | El espacio nació con la intención de conocer la escena artística local en pandemia

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Galería de arte Zulo José Carlos Guerra

Un año para tomar el pulso de la escena artística canaria. Doce meses con doce propuestas que han abierto un espacio transversal que abre mundos en tan pocos metros cuadrados que los pies tropiezan unos con otros. Esto ha sido Zulo, que entona el adiós después de abrir en plena pandemia con la premisa de averiguar qué sucedía en los entresijos de la ciudad, donde todo parece estar oculto cuando, en realidad, permanece latente. Iñaki Pérez Anzola y Pablo Delgado Núñez, arquitectos, son los artífices de esta locura venida a más y han logrado el equilibrio entre su estudio y este empeño por trasladar sus experiencias vividas en ciudades como Londres, Berlín o Madrid a la capital grancanaria.

«El espacio no solo ha funcionado como una galería de arte sino como un punto de encuentro para la gente de forma segura», afirman el dúo mientras saludan a los vecinos, tanto de los comercios como de a pie, que ya se han familiarizado con ese recoveco donde la imaginación vuela. El número 22 de la calle Cano se ha transformado en doce ocasiones con motivo del recibimiento al universo de Oscar Latuag, Ampi Aristu & Octavio Barrera, Cayetana H. Cuyás, Jonay PMatos, Carlos S. Peña, Saray Ossorio & Carlos Álvarez, Estefanía B. Flores, Capi Cabrera, Luna Bengoechea, Saskia Rodríguez y Sweet Noise Film (Luiso Acosta).

El suelo se ha llenado de sal y ceniza volcánica de La Palma, del techo han colgado las tiras pictóricas y el rectángulo se ha transformado en instalación audiovisual, un cambio continuo en donde los viernes se ha bailado techno en sesiones cuasi privadas que conjuraba el desánimo de esta pandemia. En definitiva, una lista de artistas canarios que transitaron desde la artesanía, la escultura, la fotografía y la pintura hasta el diseño industrial, y que luego se transformaron en jurado para seleccionar en el marco de la convocatoria abierta la obra de Javier Viera / Makerfly en la muestra final de la sala: Tecno-Indigenismo, Anexo 01

Zulo y su apuesta comunitaria

La experiencia ha superado con creces sus expectativas, tanto que planean realizar proyectos venideros que vayan en la dirección de su bebé artístico, aunque con cierta calma, que hacer y deshacer una exposición en menos de una semana deja el pulso atrofiado, y relacionado con su disciplina para confeccionar un espacio de crítica al estilo de lo que ocurría en la revista Basa o plantea el colectivo Bailar La Ciudad. «Zulo nos ha permitido conocer la escena canaria después de llevar muchos años viviendo fuera, de esto han salido amistades, conversaciones y encuentros, aunque es difícil mantener la sala en unas condiciones normales, como hacen Saro León o Manuel Ojeda, porque llevan un sacrificio económico que difícilmente podríamos mantener si no fuera porque es un espacio cedido», coinciden Iñaki y Pablo.

La galería se evaporará después de haber construido unos cimientos físicos entre los que la cultura ha respirado, tal y como resaltaba su manifiesto inicial al defender el intercambio presencial frente a los no-lugares que Marc Augé redefiniría hoy día en esa luz azulada que nunca duerme de las pantallas. El recuerdo quedará en las redes sociales, en las vivencias transmitidas y la posible publicación que mantendrá vivo el relato.

«Creemos que los artistas de aquí están infravalorados, ya que al haber vivido en otras ciudades, vemos que no tienen nada que envidiar, pero lo que ocurre es que no tienen la misma facilidad para recibir ayudas o espacios que allí, ni hay una cultura del coleccionismo implantada en la Isla», reseña Iñaki de lo experimentado, «es una pena que no puedan dedicarse al 100% a su arte y lo tengan que compaginar con otros trabajos»; y termina Pablo: «La cuestión es volver a lo comunitario y entender la sinergia como lo más positivo en nuestra sociedad». Zulo se despide, no sin antes dar alguna sorpresa como colofón a este año de riesgo y compromiso social.   

Última cita con los paisajes tecno-indigenistas del artista Javier Viera 

El espíritu de Felo Monzón se acerca a los cuadros de Javier Viera. Su deseo, rehuir de las imágenes idílicas del Archipiélago para reinterpretar y, sobre todo, ahondar en su origen y expresión ha llegado a una nueva generación. Maker Fly, diseñador transdisciplinar y artista visual, inicia Tecno-Indigenismo, Anexo 01 como como el primer paso de un proyecto que engloba una reinterpretación del imaginario canario a través de lo digital con el fin de «apoyarme en la corriente artística de principios de siglo y plantear nuevos paradigmas y llevarlo a una nueva cultura en la que la tecnología cree cosas únicas».  

La mirada evoca las bandas iridiscentes de la vieja, el mero grisáceo, el crecimiento de un pino en el que se aprecia la resina y la corteza, la grandeza de El Teide y la vista de pájaro por la que entre las nubes asoma La Gomera, un charco con luz de luna en El Confital o al ocre que tizna la playa de Tacorón. «Me iban llamando la atención los colores, las formas y las texturas, por lo que planteo que nos inspiramos en lo que nos rodea y que, aunque últimamente todo se compone de referencias digitales, intento generar una nueva obra que solo te lleve a ese lugar, que sea única», plantea. La forma está hecha a partir de varias fotografías con las que realiza un collage y, luego, compone una textura con programas de 3D. La esfera toma vida y, como un planeta desconocido, atraviesa el marco para evocar el paraje en el que nació.  

Una década fuera ha hecho que Viera «volviera con las mismas ganas con las que hice las maletas para irme», y bajo su brazo trae el último componente del recorrido: Lacrimosa, una colaboración con el fotógrafo Sasha R. Gregor, quien durante dos décadas se dedicó a retratar en un microscopio de contraste interferencial Nomarski miles de lágrimas humanas ampliadas a diez mil aumentos. Navegar por ese mar de células únicas y cambiantes según la persona y el origen del llanto es posible mediante las gafas de realidad virtual. Con ellas, la gruta estalla en tonos y relieves que despierta la sensibilidad endógena. 

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