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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Música | Adiós a una leyenda del folclore canario

Totoyo Millares: El respeto a un legado

El timplista redescubrió y resignificó las raíces del folclore canario en una búsqueda constante de vida

Foto de Totoyo Millares en la década de los 50. Archivo familiar

Totoyo Millares creó escuela, una tal que superó sus expectativas y se encontró con las ansias culturales y pedagógicas de quienes iban al numero 13 de la calle Bravo Murillo para luego crecer y convertirse en discípulos de aquel maestro que rubricó en el traste una melodía infinita. De aquellos años de prueba y error, componiendo y entendiendo qué era el timple para sí mismo y para el mundo que lo rodeaba, donde una sociedad apresada por la dictadura respondía a los estímulos sociales con premura, el músico extrajo los armónicos de un legado que ya es imperecedero a su fallecimiento en el día de ayer.

Nadie es ajeno al hecho de que mantenía un fuerte carácter, adusto, tal vez incluso agrio, han llegado a decir algunos, un rasgo que transmutaba en la absoluta comunicación cuando subía a un escenario y emprendía nuevamente la tarea de enseñar. Pero, al margen de las diferencias que pudieran darse, siempre quedaba el respeto a sus coetáneos y al arte, tal y como recuerda el timplista Domingo Rodríguez, El Colorao.

Elfidio Alonso: "Con la pérdida de Totoyo, el folclore canario pierde un baluarte"

Elfidio Alonso, fundador y director de Los Sabandeños, conoció desde el principio a este hombre que creció en una familia artística y transgresora. En 1967, se fundó la agrupación folclórica tinerfeña con el afán de contrarrestar aquella corriente iniciada por Néstor Álamo y Los Huaracheros de la canción canaria de corte popular, según describe el libro La leyenda del tiempo. Mientras, Totoyo iba y venía a los ensayos que realizaban en la isla vecina con el propósito, cada vez más acuciante, de fundar Los Gofiones con el empeño de Enrique Martín -Quique "El Peta"-, porque "hay que darse cuenta que, en aquellos años hablar de la música canaria, era hablar de una cosa prostituida por tanto desconocimiento, por la ñoñería que habían introducido los Coros y Danzas del Movimiento en esas músicas y por tanto gorjeo y canciones ridículas", manifestó Millares en su día.

Lejos de aquellas polémicas, Elfidio Alonso recuerda el momento en que subió al Teatro Pérez Galdós el 3 de julio de 1969 para presentar Los Gofiones a la sociedad canaria con la dedicatoria de un poema de Agustín Millares. "Con la pérdida de Totoyo, el folclore canario pierde un baluarte", expresa. "Un maestro del timple, sin duda, y uno de sus más destacados creadores a quien las Islas le deben una gratitud imperecedera". Nacidos en el mismo año, ambos estrecharon vínculos y recuerda cómo en una visita a Gran Canaria, tras estar con su amigo Agustín, fue a visitar en el paseo de Las Canteras un domingo de resurrección a Totoyo para hablar en la noche del folclore. Todos somos ramas de un mismo tronco, y yo me siento identificado con lo que hizo", manifiesta, "es una pena que abandonara Los Gofiones por cuestiones internas que, al fin y al cabo, son dolorosas, como también las he sufrido yo, que sigo en Los Sabandeños a pesar de los achaques", ríe al observar el tiempo.

Totoyo y su timple, El timple que canta, El timple canario, Timple y cantos canarios fueron sus primeras incursiones en el mundo discográfico, donde se alentaba a recrear esa atmósfera conocida por el turismo, hasta que cualitativo con la grabación en 1971 del primer disco de Los Gofiones. "En estos momentos de dolor, mando mi más sincero pésame en mi nombre y en el de Los Sabandeños a sus familiares a este indiscutible creador de una escuela pujante", sentencia Alonso, que mantiene su recuerdo.

Feluco Tejera, director de Los Gofiones: "Totoyo puso al timple a la altura de los grandes instrumentos de la música mundial"

Aquel primer álbum fue editado con un texto divulgativo sobre el origen etno-histórico de las canciones firmado por Lothar Siemens mientras que la portada a la cera con el Roque Nublo detrás era obra de Jane Millares Sall. Este trabajo discográfico enmarca un sonido característico que rompía con los esquemas del momento puesto que los arreglos, firmados por Totoyo, mantenían el acompañamiento instrumental sencillo y las polifonías corales no iban más allá de terceras voces buscando una sonoridad que acercara el acervo original de la etnografía canaria. El actual director de Los Gofiones, Feluco Tejera, lo tiene claro: "Totoyo significa el corazón de la idea de fundar Los Gofiones, él tuvo la iniciativa y reunió a la gente que consideró adecuada: gente ilustre y creadora, músicos de primera calidad que reflejaban la alcurnia grancanaria para fundar un proyecto muy sólido dentro de lo cultural y lo social. A Totoyo le debemos todo".

Tal y como remarca, "es maestro de maestros porque acuñó las semillas al ser un visionario y adelantado a su tiempo al apartar al timple de la pachanga o lo buyanguero, porque su posición al principio era ser acompañante dentro de las parrandas, hasta colocarlo a la altura de los grandes instrumentos de la música mundial". Benito Cabrera, Domingo Rodríguez o José Antonio Ramos son algunos nombres que se le ocurren cuando enumera lo que supuso su ejemplo y trayectoria para los más de 50.000 estudiantes que aprendieron a puntear con números sobre el traste.

Domingo 'El Colorao': "Creyó que la música canaria podía ser grandiosa"

El timplista majorero conocía de oídas al maestro. El boca a boca había mitificado la figura de Millares, pero no sabía dónde estaba. Descubrió que en aquella época estaba retirado y, en uno de los tantos cursos de enseñanza musical que hacía, decidió que quería que su alumnado escuchara en el municipio de Guía el relato de quien había propiciado el método del timple a principios de los años 50, cuando abría aquellas dependencias al público. "Me acerqué y le propuse dar unas charlas y, desde entonces, establecimos una relación de timplista a timplista, una amistad que ha durado toda la vida". Fue, en sus palabras, el más prolífico de la época y, sobre todo, "el primer investigador que fue a la raíz y fusionó con el timple el sonido de las chácaras y los tambores: era un gran adelantado a su época".

"Cuando tocaba las folías de Casimiro Camacho siempre recordaba la autoría, así que la juventud tiene que aprender mucho de este respeto, que también mostró al tener la visión de grabar a Camacho y a Jeremías Umpierrez, que son de las pocas que se conservan", añade en un día que muchos son los que lo llaman para conocer la relación entre ambos. "El futuro es prometedor al ver el timple en las escuelas de música y el Conservatorio, siempre y cuando todas estas generaciones se den cuenta que el timple estará antes y después y, para ello, es necesario que se den la mano para seguir".

Cuando se encontró de la mano de Domingo El Colorao frente a aquellos chinijos, recuerda que solo los aconsejaba sin atreverse a tocar el instrumento. Entonces, avanzando en el tiempo, llegó la época en la que regresaron a su vida dos alumnos que lo apoyaron en esa etapa en la que prefería huir de los focos: José Antonio Ramos y, también, Manuel González, quien lo convenció para realizar el concierto, disco y, en parte, libro documental, La leyenda del timple.

Manolo González, fundador de Mestisay: "Si Totoyo hubiera nacido en otro sitio, podría haber vivido solo de sus actuaciones"

A José Antonio Ramos le escribió un hermoso obituario denominándolo "su hijo", pues el maestro, aun lejos de los estilos que marcaba su alumno más aventajado, admiraba lo que realizaba. Con él y con Mestisay, fundado por Manolo González en 1978 y a cuyo proyecto se uniría más adelante la cantante Olga Cerpa, volvería a los escenarios ya entrados los 70 años. "Realizó una recreación de la raíz, pero cuando la recreación trasciende el tiempo es porque conserva su esencia, y él supo hacer eso, coger esas melodías y que siguieran sonando auténticas aun tomando de tradiciones instrumentísticas diferentes las melodías para transmutarlas al lenguaje del timple", describe González.

Las Manos del Maestro y, más tarde, La leyenda del timple, supusieron el reconocimiento de Totoyo Millares por parte de una sociedad que lo admiraba sobre las tablas. "Si hubiera estado en el Lincoln Center habría pasado lo mismo que aquí en Canarias: el público sentía que estaba ante un personaje singular de la cultura en las Islas y no por la barba blanca sino por el carisma que solo tienen los grandes", describe de aquel pasaje que hizo que se reencontrara con quien le enseñó de niño a afinar las cuerdas del timple. Recuerda con cariño las reacciones de un hombre de su época que no entendía por qué las instituciones hacían los pagos tan tarde cuando en su juventud casi que se hacía al término del concierto. "Viajó a Madrid a grabar, pero las músicas tradiciones de los años 60 apenas se conocían puesto que, más allá del ambiente propio cultural, era difícil que trascendiera comercialmente".

"Si Totoyo hubiera nacido en otro sitio donde la dimensión de su trabajo se hubiera visto con el valor que tenía posiblemente hubiera podido vivir solo de sus actuaciones, pero aquí no era posible", y se le viene a la mente cantautoras como Violeta Parra. Después de ocho o diez horas dando clases a diario y en casi 15 escuelas, el creador grancanario seguía teniendo las fuerzas para seguir adelante. "No hemos sido prácticos a la hora de entender a estos grandes personajes de la cultura canaria", expone, "los hemos aplaudido, les hemos dado premios, pero en la práctica del día a día hemos sido incapaces de construir un paisaje cómodo para que vivieran de su arte. Es más, parte de la cierta rabia que tenía dentro creo que tenía que ver con esa frustración, ya que todo fue a salto de mata, merecía mucho más, no reconocimiento, que lo tenía de la calle, sino un ambiente propicio". En las fotos de su juventud se lo ve abrazado a Los Canarios, quienes, como tantos grupos de la época, pudieron saborear el éxito de sus trabajos musicales, pero cuya periferia terminaba por mermar debido a la falta de recursos o a la imposibilidad de expandir sus redes fuera del Archipiélago.

Una de las anécdotas que le gusta recordar a Manolo González es aquella vez en la que, intentando sacar los sonidos de su maestro, no daba con las notas adecuadas. Le preguntó en qué tonalidad tocaba y, con el aplomo de la edad, Totoyo le contestó que como no quería que lo copiaran, lo que hacía era afinarlo de forma diferente. "No solo era una cuestión de agilidad o técnica, sino de sonido. Su sonido es de tierra, de una dulzura enorme", recalca su aprendiz y, algo de lo que se sorprende es de cómo arrancaba esa sonoridad, sobre todo cuando retrocede al pasado y plantea la falta de especialidad técnica de los luthiers de entonces. "Pero sabía sacar un sonido hermoso; de vez en cuando vuelvo a escuchar sus discos y no entiendo cómo supo hacer esto".

Olga Cerpa: "Cuando llegaba la hora del concierto nos hacía crecer para estar a la altura"

La voz de Mestisay, la cantante Olga Cerpa, gran conocedora del mundo folclórico, compartió en aquella gira varios momentos con el timplista Totoyo Millares. Bajo los focos, se transfiguraba y atendía a las notas que le indicaban que estaba a punto de entrar en escena. "Comparto escenario con el en sus últimos años de vida activa el pionero fue él quien elevó al timple a la categoría de concierto, le dio al instrumento solista, tenía un talento muy especial, con ese talento era una maravilla verlo tocar".

Un vídeo que puede visionarse en las plataformas digitales es la celebración de los 25 años del nacimiento del grupo Mestisay. El espectáculo tuvo como atmósfera inigualable el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria el 29 de Diciembre de 2005 con la participación especial de Jose Manuel Ramos, La Parranda de Cantadores, José Antonio Ramos y el propio Totoyo Millares. Tocaron juntos Folías y la intérprete dice sentirse afortunada por aquellos momentos.

Con él, se va parte también del legado de las Islas y del patrimonio que aún quedó por explorar. "Como ocurrió cuando falleció Horario Ferreyra, se va uno de los últimos insignes de esta estirpe que elevó la música canaria", señala y, volviendo a esos conciertos en los que las miradas y las respiraciones son el tempo interno de los músicos en escena, dice, "cuando llegaba la hora del concierto nos hacía crecer para estar a su altura".

Germán López, timplista: "Tocar con Totoyo era muy especial, al mismo tiempo era era exigente y clásico"

El timplista Germán López vuelve de su sexta gira por Estados Unidos. Sabe que le debe al maestro de su maestro, José Antonio Ramos, la apertura a tantos contextos geográficos que ni se imaginaban los parranderos que iniciaban entre copas, mesas y alegría las canciones que alargaban la noche. En los romances y los versos concatenados se atesora una herencia intangible de las penas y las buenaventuras de los campesinos y las campesinas que transmitían su memoria a través de la tradición horal. La Polca Majorera, que ayer publicaba en redes sociales junto a Laura Martel, es su pieza favorita. "Cuando estudiaba con José Antonio Ramos descubrí que aquellos pequeños punteítos siempre eran de Totoyo y fue cuando tomé conciencia de que fue uno de los grandes impulsores del timple moderno, además, fue un pionero al irse a Madrid a grabar su famosa Antología".

Hay una ocasión especial en la que coincidió en el mismo espacio con Ramos y Totoyo. De repente, eran tres generaciones unidas en un mismo son, "imagina cómo era ver a mi profesor y al profesor de mi profesor", rememora.

"Tocar con Totoyo era muy especial, al mismo tiempo era era exigente y clásico, lo cual no era muy habitual del folclore", afirma, "esa exigencia que tenía de tocar con buen tempo, sonido, más propia de la música clásica que de su género". Lo acompañó en varias composiciones de la obra La leyenda del timple, como el Vals Canario, el Sirinoque de las Tricias o la Mazurca, y fueron juntos a la Expo de Zaragoza en 2008, "los conciertos con él tenían un aura emocionante, así que me siento honrado de formar parte de esa etapa y tener, en definitiva, esa formación, es como si hubiera aprendido a pintar teniendo a Picasso". Totoyo, así fue el maestro de maestros.  

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