Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Mireia Tramunt debuta en el Festival Tara: El proceso creativo a través del cuerpo

La artista grancanaria representa su primera performance de pintura en vivo y expresión corporal titulada 'Un ensayo sobre la intención de crear'

La artista Mireia Tramunt en 'Un ensayo sobre la intención de crear'.

Mireia Tramunt, la artista que ahueca las alas en la rotura de la cáscara, mide las posibilidades del lienzo con los pies descalzos. Sus pasos gravitan alrededor de sí misma, tratando de calibrar los límites del marco. Entonces toma asiento en el centro de la hoja, se mira en el blanco infinito y comienza a desdibujarse en trazos como gritos.  

Y empieza un baile en el silencio: su cuerpo sigue el movimiento de las líneas y tachaduras, o quizás sea más preciso decir que es su cuerpo el que dibuja las ondulaciones en el vacío. En realidad, cuerpo y creación son la misma cosa y en ese encuentro respira la verdad de Mireia Tramunt: la búsqueda, el descubrimiento, la transición, bailar y crear más allá de la piel y del marco.

Bajo el título Un ensayo sobre la intención de crear, se trata de la primera acción performativa de la artista grancanaria, donde trenza pintura en vivo y expresión corporal a ras del público, y que se estrenó en el marco del II Festival Tara, entre cuyos principios reivindica la presencia del cuerpo en los espacios del arte contemporáneo, así como la relevancia del proceso frente al resultado. 

En esta línea, Mireia inauguró un viaje íntimo de despojamiento, la pasada semana, bajo la premisa de «transparentar el proceso creativo» y revelar las costuras del ejercicio artístico sin rumbo ni moldes, sino desde la intuición, la fragilidad y el error. Y esto impele a descoserse. «A vaciarme entera», precisa la artista.

Diálogo

El baile de espejos comenzó hacia la media tarde en la azotea caleidoscópica de Plataforma3. Para mostrar las variaciones del diálogo entre artista y obra en ciernes, Tramunt segmentó su acción en tres ángulos dentro del mismo espacio: primero, la catarsis como una telaraña que teje y desteje con las manos; luego, la prueba de resistencia que mide el pulso creador contra el muro; y por último, los colores que elegimos para embellecer el misterio.

En el primer acto, Mireia transcribe la acción de pintar con el vocabulario del cuerpo. La libertad del proceso creativo marca el compás de una danza donde artista y obra se mimetizan, se revuelven, se ensucian. La camiseta blanca como el lienzo de Mireia se mancha con las mismas formas que dibujan el cuerpo y la tiza, y apenas se escucha, lejano, el rebumbio de los coches en Presidente Alvear, su respiración agitada y el chasquido suave y violento de la línea contra el suelo.

Como el tiempo parece detenerse en la azotea de Plataforma3, y la obra de arte es siempre un proceso inacabado, la artista escribe puntos suspensivos en el aire y, tumbada boca arriba, mira al cielo. Para inaugurar el segundo acto amarra una brocha al extremo de un palo de madera, la moja en un bote de pintura azul marino y mide su fuerza a golpe de brochazos contra el muro. 

«En la primera parte de la acción, trabajo a través de impulsos y de las posibilidades expresivas del cuerpo; en la segunda planteo un juego de resistencia, de llevarme al límite, a partir de la repetición; y en la tercera acción ya me siento un poco más libre», explica la artista, que abordó el desafío de su primera escenificación artística «desde la espontaneidad, sin ideas preconcebidas». «Me interesa mostrar el proceso natural del arte, en crudo, sin artificios, ni filtros, ni maquillajes», explica. «Y que el espectador sea partícipe».

¿Hacia dónde nos lleva repetir siempre la misma línea?¿Cuándo damos por terminada una obra de arte?¿Y qué valor tienen estas cuando no hay un otro, una otra, que observa al otro lado? Estos son algunos de los interrogantes que destilan los pinceles de Mireia, impregnados de un posicionamiento crítico con respecto al mundo del arte, en que cuestiona desde la romantización del proceso a las formas de construcción del canon.

Quizás por esto, la tercera y última parte de la acción retrata el conflicto entre creación y descarte, pintar y borrar, combinar colores y errores, alterando la idea de belleza para mostrar que «la belleza es una noción que se construye», indica la artista. «Por eso, lo que buscaba en esta obra era no aferrarme a la belleza, sino, precisamente, romperla», manifiesta.

A medida que hace y deshace amarillos, azules y rosas, que elige, proyecta y borra, Mireia se aleja de su obra para observarla a distancia. Desde un taburete en el centro de la hoja, entre los asientos del público, e incluso, detrás de los ojos que la miran. Y en este juego de reencuentro y desencuentro, de repente, suelta el pincel y desaparece en la puerta de la azotea.

En el eco de sus pasos, el público permanece en silencio, la luz ya es casi crepuscular pero sigue calentando la pintura que derraman las paredes hacia el suelo, como ríos de agua y colores que se abren paso entre otros colores resecos de ensayos anteriores, como un mapa de todos los pasos de baile en Plataforma3 a vista de pájaro.

Compartir el artículo

stats