Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Teatro

Carlos Hipólito: «El espectador va a sentir que estoy actuando para él solo»

El actor interpreta 'Oceanía' en el Teatro Cuyás a las 19.30 horas

Carlos Hipólito durante un momento de la interpretación de ‘Oceanía’. | | LP/DLP

Oceanía es el testimonio póstumo de Gerardo Vera, uno de los nombres más importantes del teatro y el cine de este país que falleció de coronavirus hace dos años. Carlos Hipólito se mete en la piel del prestigioso director para retratar su vida en esta obra que se representa los días 10 y 11 de junio en el Cuyás.

¿Cómo se decidió a interpretar esta autobiografía de Vera?

Gerardo empezó a escribir unas memorias hace tres años que se acabaron convirtiendo en un monólogo teatral. Él estaba muy empeñado en que fuera yo el que lo hiciera. Yo lo conocía desde hacía muchos años porque hice su primera película, Una mujer bajo la lluvia, que es del año 92 donde tenía un papel. Luego hemos trabajado juntos en obras que hemos llevado al Cuyás como El crédito que fue un éxito grande. Pues como te decía, él estaba empeñado en que yo lo hiciera. Y yo le decía todo el tiempo que no lo entendía porque no nos parecemos nada físicamente ni tenemos una vida similar, ni en nuestra historia coinciden cosas. Sin embargo, él siempre me decía ‘no hay otro, no hay otro’. Yo nunca acabé de entender cuál era las razones por las que me decía eso. Pero lo cierto es que cuando él lamentablemente murió por el coronavirus en septiembre de 2020, de una manera muy inesperada para todos, nosotros ya habíamos hablado de ese tema. Habíamos pactado que yo lo iba a hacer. Teníamos incluso pensado algunas cosas sobre el espectáculo y lo iba a dirigir él.

¿Y cómo le afectó el repentino fallecimiento del director?

Cuando él falleció nos quedamos un poco como sin saber qué hacer, pero decidimos llevarlo adelante como un homenaje a él porque nos sentíamos obligados todo el equipo porque en esta Oceanía se ha juntado mucha gente del equipo habitual de Gerardo Vera para llevarlo adelante y todos lo hemos enfocado como un homenaje a su figura.

Tengo entendido que la figura de su padre es una constante en el texto de la obra.

Sí, porque le marcó negativa y positivamente. La verdad es que es una historia muy bonita. Gerardo decidió no contar nada de su vida profesional. No se habla de sus grandes éxitos, sino de su infancia, su adolescencia y su primera juventud. Y todo ese relato está articulado respecto a la figura con su padre. Porque él tuvo una relación complicada con su padre porque fue de la admiración absoluta cuando era un niño a un odio terrible cuando era adolescente por una serie de cosas que el padre hizo y que afectaron a la familia. Y después pasó a un acercamiento total a través del perdón y del amor en la etapa final. Y cuando el padre fallece, que es cuando Gerardo tenía 30 años, ahí acaba el relato. Y es una historia muy muy conmovedora porque lo que nos cuenta Oceanía es la historia de un niño peculiar, un niño que se sentía diferente al resto de los niños por múltiples razones y que nace en el seno de una familia falangista, adinerada, muy tradicional. Y él es un niño al que le gustan otras cosas. Le gusta el cine, dibujar. Cuando va creciendo descubre que es homosexual. Todo esto configura una búsqueda de tu lugar en el mundo sintiéndote diferente a lo que te rodea. Y en ese sentido yo creo que Gerardo consiguió hace un relato absolutamente universal. O sea, quien no sepa quién es Gerardo Vera, o no haya visto nada de él, ni sepa de su existencia, Oceanía lo puede disfrutar igual porque es un relato universal, que nos atañe a todos, y nos puede recordar cosas con las que nos podemos identificar.

¿Cree que el público ha recibido bien el hecho de que se trate de un monólogo teatral de una hora y media?

Afortunadamente, el público que ha venido hasta ahora nos dice que se le hace corta, y yo nunca había hecho un monólogo antes. Y por decisión propia, porque me habían ofrecido alguna vez hacerlos y yo siempre me resistía un poco porque no es un género que me atrajera especialmente. A mí me gusta mucho estar en el escenario acompañado y que pasen cosas entre mis compañeros y yo. Pero ahora en Oceanía estoy descubriendo los placeres del monólogo porque me lo estoy pasando muy bien. Es un monólogo que me permite hacer un ejercicio como intérprete muy bonito porque, al hilo de la historia, van apareciendo muchos personajes de la vida de Gerardo. Yo me dirijo al público como Gerardo, pero luego me voy transformando en su madre, su padre, su tía Andrea, su tía Amalia, la criada Francisca. Un montón de personajes.

¿Y usted mismo interpreta todos esos papeles?

Sí, porque es un monólogo de monólogos porque cada uno de esos personajes tienen parlamentos dentro. Yo los voy incorporando y a veces hago diálogos entre los personajes. Es muy curioso lo que pasa con el público porque ya lo hemos hecho bastante y tenemos bastante clara cuál es la respuesta del espectador. Y es muy divertido ver cómo el público a veces ríe a carcajadas porque hay cosas muy divertidas. Pero también es muy emocionante ver cómo en determinados momentos se crean unos silencios que son sobrecogedores. Se crea una relación de mucha empatía entre el patio de butacas y el escenario. Y eso para mí es precioso porque yo, una de las primeras cosas que le dije al director José Luis Arellano es que quería conseguir con este monólogo que el público que viniera a verme fueran diez o novecientos, sintiera que yo le estaba contando la función a él solo. Y yo creo que hemos conseguido eso. Hemos conseguido un tono bastante intimista que crea una empatía enorme.

¿Qué ha supuesto este trabajo en su carrera profesional?

Yo estoy descubriendo cosas nuevas con Oceanía que me están haciendo sentir que estoy vivo, más joven, sigo aprendiendo, que es lo que más me puede estimular en este oficio.

¿Cómo es la obra estenográficamente hablando?

Es un espectáculo muy sobrio, pero no es un monólogo de silla y un telón detrás. Hay unas proyecciones preciosas que ilustran determinados momentos del espectáculo y que son de Álvaro Luna. La música, que es preciosa, la ha hecho Luis Delgado. Juan Gómez Cornejo ha hecho una luz absolutamente maravillosa o mágica y tenemos muy pocos elementos escenográficos que son una mesa, tres sillas y un elemento que está colgado donde se van proyectando las cosas que se van contando. Visualmente es un espectáculo muy bonito. Pero hemos querido siempre potenciar el texto. Y Arellano y José Luis Collado, que es el dramaturgo que le dio forma, también estuvieron de acuerdo en potenciar sobre todo el texto y el trabajo del actor.

Usted siempre ha estado muy vinculado con Canarias.

Sí, gracias a mi mujer que es canariona, Mapi Sagaseta, una actriz con la que me casé hace 25 años, y por eso vamos mucho a Canarias porque tenemos mucha familia allí. Y he trabajado en el Cuyás muchas veces y para mí siempre es como volver a mi casa.

¿Qué opina de la inestabilidad laboral de la que se quejan muchos actores profesionales?

Es inherente a nuestro oficio porque somos trabajadores intermitentes, trabajamos en obras que duran un tiempo determinado y hasta que llega el siguiente hay un intervalo sin trabajar. Por eso la intermitencia de nuestro trabajo provoca mucha inestabilidad, pero yo estoy teniendo mucha suerte sobre todo con el teatro porque voy encadenando un trabajo con otro. Pero cuando terminamos un trabajo pensamos «¿me volverán a llamar alguien?» porque muchas veces depende del proyecto en si, el físico o el equipo que quiera crear el productor.

¿De qué títulos de su carrera está más satisfecho?

Uno siempre se encariña con todos los personajes. En teatro me resulta más difícil porque es donde más personajes he hecho y han sido todos tan bonitos que se podían hacer a las distintas edades que he ido teniendo. Pero en televisión yo siempre destacaría al personaje del padre en la serie de 2007 Desaparecida que hacía de una especie de padre coraje en busca de la hija desaparecida. Pero también Vis a vis que hacía del padre de la protagonista. Y en el cine yo siempre recuerdo mi primer personaje en la primera película de Mariano Barroso, Mi hermano del alma, y 1898 los últimos de Filipinas que rodamos en Gran canaria. Era muy coral, y yo hacía de un médico, en un papel pequeño. No siempre el mejor papel es el más grande, hay papeles secundarios que son muy agradecidos.

Compartir el artículo

stats