En medio del océano Atlántico, sobre un volcán dormido, está Furnas, pequeña localidad portuguesa situada en el centro de la isla de San Miguel, la más grande de las Azores. Furnas se encuentra en un valle volcánico donde geiseres y fumarolas se levantan en medio del pueblo creando sensaciones únicas y mágicas, por no hablar de sus fabulosos cocidos hechos con el calor del volcán, bajo tierra.

En Furnas se encuentra la mayor concentración de aguas termales de Europa. El primigenio origen volcánico lo invade todo en esa isla que forma parte junto con Canarias, Madeira y Cabo Verde, de la Macaronesia.

Es uno de esos lugares fascinantes y sorprendentes que solo las islas del mundo generan con tanta exuberancia, que permite al visitante unos fascinantes baños termales, donde se siente de verdad, físicamente, la actividad geotermal de la tierra. Todo ello dentro de fértiles y fecundos bosques de laurisilva y jardines botánicos, en definitiva, algo que todos deberíamos visitar, sentir y probar alguna vez.

En el estilo elegante de la mejor arquitectura portuguesa Aires Mateus ha creado allí el Centro de control e Investigación de Furnas (CMIF en sus siglas en portugués) que fue fundado con el propósito de difundir la historia y evolución del Volcán Furnas, para la generación de ideas de intervención en un paisaje volcánico, su lago adyacente y su flora y fauna, así como para vigilar la protección y recuperación de ecosistemas en el área del entorno del volcán, que hoy es un paisaje protegido.

Arquitectura e investigación en las Azores

Arquitectura e investigación en las Azores dulce xerach pérez

La obra de arquitectura que hoy es sede del CMIF ganó el premio Premio Internazionale di Pietra Architetture 2011-XII edizione, el mismo premio que ganó en su día el edificio de la Presidencia del Gobierno de Canarias en Tenerife.

Este centro de investigación funciona como observatorio y a la vez como difusor de conocimientos, jugando un papel importante en la traducción de la información científica a un lenguaje capaz de llegar, instruir y cautivar a los visitantes sobre el ecosistema que rodea e incluye al lago, al volcán y al valle Furnas. Este centro ambiental, así como el lago y el pueblo cercano, están en la caldera, básicamente el centro, del volcán mencionado.

El Centro de control e Investigación de Furnas consta de dos partes: el edificio de investigación, que tiene tres alas que encierran un patio central, dominado por todas las habitaciones, y el edificio de alojamiento, de forma más sencilla, con planta cuadrada y cubierta a dos aguas. Cada fachada está perforada por una puerta acristalada a la altura del techo. El edificio que sirve de alojamiento temporal a los investigadores es un volumen simple dividido en cuatro unidades casi idénticas. El acceso a cada unidad se realiza a través de un vacío canalizado revestido de madera, que llena de luz controlada el interior.

Arquitectura e investigación en las Azores

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El proyecto evoca el paisaje natural y la tradición arquitectónica de las Azores, apoyándose en la forma y la materia que incrustan la memoria colectiva de este archipiélago y que se han convertido, con el tiempo, en una segunda naturaleza de ese territorio atlántico.

Ambos edificios son volúmenes arquetípicos, compactos, revestidos con piedra basáltica local. El Centro de Control e Investigación es el más grande del conjunto, a modo de bloque macizo que se va vaciando para dar coherencia a la función del edificio. El patio central de acceso es un espacio intermedio de enorme importancia entre el exterior y el interior que capta la luz natural y las vistas del paisaje. El proyecto parece, en el paisaje, una escultura, un bloque verde de materia prima que se recorta intencionadamente para captar la luz y las sombras.

Además del volcán y su entorno, toda la isla, la más grande de las nueve islas en las Azores secretas del Atlántico, es un potente y pletórico jardín forestal templado en sí misma, tejido con una formidable energía volcánica que ha creado como paisaje un lienzo natural lleno de sobreabundancia de frescura tropical, enredado de helechos y árboles de enebro, y otras especies botánicas, todo lo cual lo han tenido en cuenta los arquitectos del equipo del portugués Francisco Aires Mateus.

Dulce Xerach Pérez. Abogada y doctora en Arquitectura Investigadora de la Universidad Europea