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Entrevista | Eduardo Galán Domingo Comisario de ‘En torno a las Columnas de Hércules’

«Aún queda mucho por saber del poblamiento de Canarias»

Javier Durán

Javier Durán

Canarias y los confines del mundo  

El protagonismo de las Islas en la exposición ‘En torno a las Columnas de Hércules’, una coproducción hispano-marroquí en el Museo Arqueológico Nacional que aborda las influencias culturales 

La muestra incluye, en el título, «Las relaciones milenarias entre Marruecos y España». ¿Se abre una etapa de fluidez cultural que no existía hasta ahora?

Bueno, en el campo de la arqueología, al menos, esa fluidez ha existido a lo largo de las últimas dos décadas. Hay numerosos proyectos arqueológicos que se desarrollan en Marruecos, realizados por equipos tanto españoles como marroquíes, de lo cual se da cuenta en la exposición. Pero sí que responde esta muestra a una invitación, a un interés de la Fundación Nacional de Museos de Marruecos por colaborar desde el punto de vista cultural con los museos nacionales españoles. Y eso ha dado lugar a otras exposiciones, como una de arte contemporáneo que tuvo lugar en el Reina Sofía, y en el segundo caso la que comentamos y que se presenta ahora en el Arqueológico Nacional.

La imagen de esta muestra es Juba II, el monarca de Roma en Mauritania, vinculado a las Islas por su descripciones y datos

Sí, se han utilizado dos bustos de Juba II, el de bronce procedente de Volubilis, algo así como la pieza estelar, en cierto sentido la Dama de Elche del patrimonio marroquí, y otro probablemente sacado del original, realizado en mármol, que procede del Museo del Prado y que es de las antiguas colecciones reales españolas. Se trata de una cabeza añadida a un busto que viene a ser del siglo XVI o XVII. Los dos constituyen a una idealización, muy a la manera helenística, del monarca mauritano. La razón por la que han sido utilizados como reclamo de la exposición es porque simboliza ese encuentro entre piezas de ambos lados del Estrecho, y también por la representatividad el reinado de Juba II en las relaciones entre ambos países.

«Juba II, más que un gran viajero, fue un gran compilador. La mayor parte de las fuentes antiguas beben de otras»

Haciendo algo de ficción, ¿qué hubiese pasado en el norte de África si se hubiese perpetuado en el tiempo la influencia de Juba II?

Bueno, la ficción en Historia es más novela que otra cosa. No sabemos qué hubiera pasado si se hubiera mantenido. Reinó durante 50 años, pero después su hijo, que no parecía tener las mismas preocupaciones científicas y literarias que su padre, fue eliminado por los romanos unos 15 años después. Por lo tanto, es muy difícil saber qué hubiera pasado. En cualquier caso, Juba II fue un rey vasallo de Roma; es decir, sus intereses por la ciencia o la geografía tenían que ver, pienso, con que había pocas labores de Estado que solucionar.

Pero hay hallazgos, como en Lobos, de los que se deduce que este rey ambicionó una colonización industrial a partir de la explotación del tinte púrpura...

Sí, efectivamente, es ese momento de máxima expansión de los intereses de Roma por el norte de África, que se sitúa en la época de Augusto, coetáneo de Juba II. Tenemos ya documentación de la presencia romana en las Islas. Hay un interés por un recurso muy específico, como es la cochinilla, que era la púrpura, un elemento de alto valor y precio en el Mediterráneo.

Los datos que da sobre Canarias aparecen recogidas en un libro de Plinio ‘el viejo’, o sea que vienen a ser una reproducción de algo que se dice escribió Juba II. ¿Hay constancia de que estuviese en las Islas Canarias?

Bueno, la mayoría de los historiadores y geógrafos de la Antigüedad, no viajaban tanto para contar, sino que se basaban en otras fuentes. Suponemos que el conocimiento de las Islas Canarias a lo largo del primer milenio antes de Cristo ya había empezado a divulgarse en el mundo del Mediterráneo. En realidad, los romanos van un poco a tiro hecho en ese sentido. Es probable que las fechas que ahora se barajan sobre el primer poblamiento de Canarias son ya anteriores a los romanos. No todo el mundo está de acuerdo, pero incluso hay fechas bastantes más antiguas. Eso nos permite pensar que Juba II, más que un gran viajero, fue un gran compilador, como el mismo Plinio, que tampoco viajó a todos los sitios que describía. La mayor parte de las fuentes antiguas beben de otras fuentes a su vez.

Hay una vasija en la exposición decorada por lo que se entiende que podía representar en aquel momento el Jardín de las Hespérides, siempre vinculado a Canarias en lo literaria y también como referencia de una percepción idílica del mundo.

En general, según los confines del mundo van yendo más allá el Jardín de las Hespérides también se va desplazando. Al principio, para los griegos, estaba más allá de las Columnas de Hércules. Por la propia relación familiar, digamos, de las Hespérides con Atlas, el gigantes que sostenía el mundo, se colocó en estas montañas; en otros, se supuso que podía estar en el antiguo Tarteso, en el sur de la Península Ibérica, siempre más allá de las Columnas, a un sitio desconocido. Después, en época romana, dado que ese espacio ya era conocido, se llevó más allá, a un lugar como Canarias que tiene mucho de paraíso, obviamente, para el que lo visita.

«Somos de los pocos países que nos asomamos tanto al Mediterráneo como al Atlántico, con ambas influencias»

¿Cuál es a su juicio, tal como se plasma en la exposición, la etapa más fructífera?

Cada periodo ha tenido unos parámetros diferentes, dependiendo de quién nos ha influido o si hemos influido el uno en el otro. Desde luego, el periodo de mayor cercanía es el del imperio romano, porque durante varios siglos fuimos parte del mismo estado, tuvimos la misma religión, la misma moneda, hablamos la misma lengua -al menos de forma oficial-, tuvimos la misma ley... Todo eso, indudablemente, nos ha marcado, aparte de dejar una gran cantidad de patrimonio, como se puede ver en la muestra, sobre todo con las grandes piezas escultóricas en bronce de las ciudades romanas en el norte de África. Pero cada periodo ha tenido sus momentos álgidos.

Esta riqueza cultural ataca de lleno el estereotipo que identifica a África con un pueblo bárbaro, una visión larvada por el colonialismo, las guerras y hasta propia literatura.

Nuestra imagen histórica siempre es muy actualista. Antes se basaba en lo que se contaba, y en parte la creación de la identidad de España como pueblo común, más allá de los estados, se gesta durante el proceso de la Reconquista, y por la tanto, de la expulsión del otro, que en este caso era el árabe, o racialmente mucho más el bereber, el pueblo del norte de África. Entonces, desde ese punto de vista si que hemos tenido, digamos, ese prejuicio hacia lo que viene del sur, también porque la Edad Media y también los recorridos que cada uno hace de manera diferente de la Moderna son los que nos han separado más a lo largo del tiempo. Pero en realidad lo que la exposición viene a contar es que igual que somos vecinos geográficos lo hemos sido culturalmente desde la más remota prehistoria hasta la actualidad. Y en muchos casos nos hemos influido, intercambiado elementos culturales que se mantienen en nuestra gastronomía, lengua, en la forma que entendemos el mundo... Somos de los pocos países que nos asomamos tanto al Mediterráneo como al Atlántico, y que tenemos esas dos influencias a la vez.

¿Qué se puede decir de la hipótesis de que Juba II fue el promotor de la expulsión de una etnia bereber traída a la fuerza a Canarias? ¿Hay alguna pista en la exposición?

No, la muestra trata muy brevemente, como un elemento de las relaciones, el poblamiento desde el norte de África de las Islas Canarias, pero más basándose en argumentos arqueológicos y genéticos, en las descripciones que tenemos de los antiguos pobladores de las islas, sus diferencias culturales y también los datos que la genómica nos ha dado en los últimos tiempos. Aunque se cita la importancia de la relación de Juba II con Canarias, digamos que dicho vínculo no tiene en cualquier caso el peso absoluto en el poblamiento del Archipiélago. Hoy sabemos que se pueblan en momentos diferentes a lo largo de un periodo muy largo y no necesariamente de isla a isla. En fin, es un tanto más complejo que esa visión un tanto mítica de un poblamiento original que da lugar al poblamiento de todas las Islas Canarias. Por otra parte, Juba II, además de con Canarias, tuvo también se relaciona con la Península, donde fue magistrado honorario en Cartagonova, tuvo relación con Cádiz, es decir, con los grandes centros comerciales y de poder de ese momento en el territorio peninsular.

Ahora mismo tienen la puerta abierta a otros proyectos culturales con Marruecos.

Sí, los trabajos se desarrollan en el marco de los programas de colaboración internacional de los ministerios de Cultura y Ciencia con universidades e instituciones, y que recorren toda la geografía de Marruecos con iniciativas sobre distintos periodos y excavaciones en lugares como Tamuda, el puerto de Lixus o las investigaciones del profesor Onrubia en las instalaciones que los castellanos, usando como base Canarias, hacen en las costas marroquíes al inicio de la Edad Moderna.

¿No afectan entonces los desencuentros políticos con Marruecos?

Normalmente los desencuentros políticos suelen tener una incidencia relativa. Hombre, la tiene a efectos presupuestarios o de permisos, pero normalmente el entendimiento cultural es mucho más fácil que el político.

¿Tiene previsto el Museo Arqueológico algún proyecto relacionado con las Islas?

Sí, proyectamos una exposición con el Museo Canario. Siempre, tratamos de que las Islas estén en nuestras jornadas, en los ciclos de conferencias y de actualidad arqueológica en España...

¿Es un material relevante, aunque aún lleno de enigmas?

Naturalmente, ahí está la propia arqueología canaria, que ha realizado trabajos muy importantes en a lo largo del tiempo, pero a la que aún le queda mucho por recorrer para explicar temas como el poblamiento o el desarrollo cultural diferenciados entre las Islas. De todo ello, el Museo se hace eco , aunque hay que decir que nuestras colecciones canarias, aun siendo las colecciones nacionales por así decirlo, no son extremadamente novedosas. Hay piezas excepcionales como la momia del Barranco de Herques, pero en su conjunto no son colecciones de las que se pueda decir que corresponden a un primer orden ni de volumen ni de representatividad de las islas.

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