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La Provincia - Diario de Las Palmas

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La Escalera del Rey en la isla de Córcega

Un sendero de 187 escalones, tallado a lo largo del acantilado de piedra caliza, una pieza arquitectónica para unir una ciudad sin acceso al mar

La Escalera del Rey en la isla de Córcega LP / DLP

Parece poco comprensible que sepamos tanto de otras islas, como de Cabo Verde, Madeira, Azores, Baleares, islas turísticas como las nuestras, islas con problemas de lejanía como los que tiene Canarias, y que sin embargo sepamos tan poco de Córcega, una isla francesa que está ahí al lado si la comparamos con las miles. Quizás la única referencia que se tiene de ella, al menos, la mayoría fue por estudiarlo en las clases de historia durante nuestra educación, se trataba de la isla donde nació Napoleón Bonaparte.

Sin embargo hace ya casi 2500 millones de años los griegos la valoraban tanto que la llamaban la isla Sublime y actualmente un alto porcentaje de su geografía forma parte del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco 

Para descubrir el Mediterráneo más salvaje hay que viajar a esta isla francesa de crestas montañosas y calas que miran por el Este a la Toscana y por el Oeste hacia la Costa Azul. A mí lo que me fascina aparte de su cultura mediterránea son las Escalera del Rey. Sí, arquitectónicamente las escaleras del rey son espectaculares y además tienen su leyenda y todo.

A veces la arquitectura es una cuestión simple para resolver un problema complejo, como el que tenían en Córcega, en los acantilados de Bonifacio, la ciudad que está encima de los mismos que no tenía acceso al mar.

En la isla de Córcega, que es como un pequeño trozo de paraíso europeo entre la tierra y el mar, te puedes encontrar de todo, hermosos pueblos, paisajes bellísimos, historias de piratas y de épocas ya pasadas, y pequeñas sorpresas por todas partes. Una de esas pequeñas sorpresas es la Escalera del Rey de Aragón (o la Escalier du Roi d’Aragon), una increíble escalera de piedra tallada en la pared de un acantilado en la ciudad de Bonifacio.

La Escalera del rey son una de esas curiosidades únicas que uno tiene que ver antes de morir, situada en una hermosa isla que, quizás, por estar muy cerca, nunca visitamos los insulares de otros lugares de Europa. Por supuesto no cumplen la legalidad vigente pero como son patrimonio histórico así se tienen que quedar, como fueron construidas por los isleños del pasado.

Cuenta la leyenda que el hueco de la escalera fue construido en una sola noche por las tropas del rey español (o catalán, cualquiera se atreve a decantarse por un bando o por otro) de Aragón, Alfonso V, durante un intento asedio de la ciudad Córcega de Bonifacio en 1420 que acabó mal.

Este relato es considerado muy dudoso según los corsos. El acantilado de piedra caliza es tan duro que el mar apenas ha hecho mella en él durante miles de años y esta escalera, casi perfecta, entonces, ¿es posible que se creara en el transcurso de una sola noche, mientras se asediaba una ciudad? Un poco difícil de creer.

La versión que más respetan los corsos es que las escaleras fueron hechas por los habitantes del lugar, que, poco a poco. fueron preparando el camino para llegar a una fuente de agua dulce ubicada en la cueva en la base del acantilado, cerca del mar, ya que necesitaban agua. Agua potable. Sin embargo, es más probable que la escalera ya estuviera de alguna manera formada en la naturaleza por la fuerza de las olas contra el acantilado que generó una erosión propicia que luego fue mejorada a lo largo de los siglos por los lugareños que la usaron, y finalmente por los monjes franciscanos de la zona, que le dieron su forma actual también buscando agua fresca.

En cualquier caso hay que en forma para subirlas y bajarlas o viceversa porque que la subida es empinada y extenuante.

Si bajas, llegarás a las aguas por la famosa escalinata del Rey de Aragón. Este sendero de 187 escalones, tallado a lo largo del acantilado de piedra caliza, con escalones a cuarenta y cinco grados lo que hace que difícil volver a subir pero siempre fascinante. Mejor conseguir que te espere un barco abajo y disfrutar de los acantilados que son acantilados arquitectónicos y blancos tallados por la naturaleza.

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