Canarismos

Durar más que la zanga de El Carrizal

Durar más que la zanga de El Carrizal

Durar más que la zanga de El Carrizal / LUIS RIVERO

LUIS RIVERO

La zanga es un juego de cartas que se juega con baraja española, 32 «piedras» (granos de millo, judías o piedras pequeñas) y en el que participan, generalmente, cuatro jugadores que forman dos equipos de dos. Cada equipo inicia a jugar con 16 piedras y el que se quede con las 32 «piedras o vales» es el que gana la partida. Si bien como juego de azar influye el factor suerte que decide las mejores o peores cartas que le correspondan a cada jugador en el reparto, según los entendidos, la suerte no lo es todo, pues existen otras habilidades que esgrimen los jugadores como pueden ser la picardía, la estrategia seguida, el saber anticiparse a una jugada, el descartarse, echar una carta mala para engañar al equipo contrario y otras argucias para que el rival se confíe y caiga en la trampa.

Todas estas acciones pueden decantar el triunfo hacia uno u otro equipo, incluso a favor de aquellos jugadores a los que el azar no premió en el reparto de cartas. En definitiva, se trata de un juego que suele resultar complejo para principiantes, mientras que para los iniciados puede ser fascinante, si bien exige habilidad y experiencia.

«El Carrizal» es la población del sureste de Gran Canaria perteneciente al municipio de Ingenio. Se trata de un fitotopónimo que rememora la abundante cantidad de «carrizos» que, otrora, crecían espontáneamente en el cauce y aledaños del barranco de Guayadeque, a su paso por esta localidad. El carrizo es una planta gramínea que se da cerca del agua o en lugares húmedos (en las islas crece, generalmente, en los cauces de los barrancos) de la cual se aprovechan las hojas para forraje y la caña para la confección de socos y trabajos de cestería. Se conoce también como «cañavera» o simplemente «caña» (de ahí deriva «cañaveral» o «las cañaveras») que no hay que confundir con la «caña india» o caña de bambú ni con la «caña dulce» o caña de azúcar. Así «carrizo» es epónimo de El Carrizal que significa sitio poblado de carrizos.

Nótese que hemos dicho El Carrizal, con el artículo en mayúscula, pues así resulta de la tradición desde antiguo, no diversa del uso generalizado en Canarias para los topónimos que traen origen en la flora característica o abundante en un lugar (fitotopónimos) que van siempre precedidos del artículo determinado [v.gr.: se dice Las Palmas, y no Palmas; El Palmar, y no Palmar; El Dragonal, El Gamonal, El Madroñal, El Juncal, etcétera].

Los juegos de naipes, en las diversas modalidades presentes en Canarias, pero sobre todo aquellos de mayor arraigo y tradición, han dado pie a la creación de una abundante fraseología y un léxico propio que en ocasiones han trascendido del ambiente lúdico de origen hasta terminar incorporándose al habla popular como expresiones idiomáticas de uso general aplicables a situaciones cotidianas. Sucede con locuciones más o menos de todos conocidas como: «¡Arráyate un millo!», «hacer majo y limpio» o «barrer por sota y malilla»; o quizás menos conocidas como: «¡El cochino se mata gordo!» o «entre más gordo, más manteca», «millo a millo, la gallina llena el papo» o «la gallina picando llena el buche».

Todas ellas expresiones que con mayor o menor implantación han pasado de la concreción del juego a la generalización de su empleo en la vida cotidiana. Un registro quizá menos conocido fuera de los ambientes «zanguistas» es el que nos ocupa: «Duró más que la zanga d(e) El Carrizal». Cuentan que en el pueblo de El Carrizal, pago de gran tradición zanguista (donde los aficionados continúan reuniéndose por las noches en la Sociedad a «echar una zanga»), tuvo lugar una partida de zanga en la que los participantes estuvieron jugando varios días. De manera que interrumpían la partida a cierta hora de la noche para retomarla después «de soltar» del trabajo en la tarde del día siguiente, pues cada jugador tendría sus obligaciones que atender durante el día. Desconocemos con exactitud cuántos jornadas hicieron falta para concluir la partida, así como quiénes fueron sus protagonistas o quien se hizo con la reñida victoria, pero lo que sí ha trascendido es la que se recuerda en toda la isla como paradigma de «zanga pesada», que se dice en el argot de la partida que dura muchas horas o «más de la cuenta».

La expresión ha pasado a ser sinónimo de una partida de zanga o, fuera del ámbito del juego, de cualquier acontecimiento que dure mucho o más de lo previsto. La frase comparativa expresa de manera hiperbólica (hasta casi convertirse en un superlativo) sobre la duración excesiva de un evento o acto que por las razones que sean se alarga más de la cuenta. Valga el ejemplo de cuando el cura se extiende en la plática de la homilía, alargando más allá de lo habitual la duración de la misa, y comenta alguien con ironía a la salida de la iglesia o en el bar de enfrente: «¡Ños, si duró más que la zanga d(e) El Carriza(l)!», pronunciado frecuentemente con la contracción de la preposición y el artículo determinado (d(e) El: del) y la pérdida de la consonante final (Carrizá).

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