Entrevista | Javier Gutiérrez Actor

«Imitar a Alfredo Landa sería poco inteligente por mi parte»

El actor Javier Gutiérrez.

El actor Javier Gutiérrez. / La Provincia

Javier Gutiérrez interpreta al personaje de Paco Bajo en la versión teatral de ‘Los santos inocentes’ de Miguel Delibes que se representa en el Teatro Cuyás los próximos 28 y 29 de octubre a las 19.30 horas. Gutiérrez encarna el papel que inmortalizara Alfredo Landa en el inolvidable filme de Mario Camus.

¿Qué aporta esta versión de Los santos inocentes tanto a la novela de Miguel Delibes como a la película de Mario Camus?

Aunque puede parecer una osadía el plantearse hacer una versión teatral y subir a escena una obra cumbre de la literatura como Los Santos inocentes, sumado a otra cumbre cinematográfica como la película de Mario Camus, yo creo que aporta y suma más que resta. En ningún caso la aportación de Fernando Marías y Javier Hernández-Simón, que a la sazón también es director del espectáculo, intenta equipararse, ni competir con dos joyas de esa envergadura, sino que intenta aportar algo de luz. Y es interesante, sobre todo, para el que no ha tenido la oportunidad de acercarse a la obra ni con el cine ni con la literatura. Yo creo que la versión respeta el espíritu de la novela. Sí es más inteligible y se ve de una forma mucho más sencilla porque, al contrario de la novela de Delibes, en nuestro espectáculo hay un planteamiento, un nudo y un desenlace, y la historia, respetando el espíritu de Delibes, se sigue de una forma más fácil.

Algunos personajes son parte del inconsciente colectivo de este país por las interpretaciones tan brillantes de Alfredo Landa, Juan Diego o Paco Rabal.

Y que han pasado a la historia del cine. Por eso esta versión es un trabajo muy brillante en el que tampoco los actores que interpretamos esos papeles hemos querido competir con esas referencias. Quizás, en mi caso, en el de Paco Bajo, sí he bebido de Alfredo Landa, y hay cierta inspiración, pero para nada he querido hacer un calco de su trabajo porque sería por mi parte poco inteligente.

Llama mucho la atención cómo es escenográficamente.

Hay algo de onírico y simbólico, con esos pájaros que están sobrevolando constantemente en el espectáculo. Y luego, es un espacio casi vacío, con muy pocos elementos, pero muy simbólico que, junto con la luz, invitan a que haya cierta estética parecida a la novela y ayuda a sumar estos elementos para transitar por la novela de Delibes.

«Esta versión es más inteligible que la novela o la película al tener planteamiento, nudo y desenlace»

Esa España desgarradora de la novela, ¿existe todavía?

La novela está situada a finales de los sesenta y, a pesar de haber pasado los años, la brecha social sigue existiendo, y el rico cada vez es más rico y poderoso, esa riqueza le ha hecho gozar de ciertos privilegios, y la invisibilidad del que tiene poco, y del que está en el estrato social más bajo, sigue siendo muy lamentable. Prueba de ellos es el ingreso mínimo vital, los comedores sociales, y lo que hemos vivido, que se ha acrecentado y acentuado con la pandemia. Y en ese sentido, las dos Españas que refleja Delibes, siguen por desgracia existiendo por mucho que no queramos verlo.

¿Qué supone este título en su carrera teatral?

Supone muchas cosas. Supone un reto. Un proyecto teatral sabes que va a tener uno o dos años de vida. Subirse a un escenario muchas noches, si no tienes algo entre manos con enjundia y que sepas que es un caballo ganador como este, se antoja muy difícil. No es lo mismo una película que estás dos o tres meses rodando, se acaba y ya tiene muy poco que ver con el devenir de los acontecimientos. En este caso, una vez que terminas el periodo de ensayo y se sube el telón, tú eres muy responsable de lo que ocurre en escena junto al director. Por lo tanto, en mi caso, elegir embarcarme en un proyecto como Los santos inocentes me hace que sea un auténtico reto, desde encarnar a Paco el Bajo, ya que en la memoria de este país todo el mundo tiene muy presente a Alfredo Landa, que habla de la realidad que existía y que, por desgracia, sigue existiendo. Y también me apetece empantanarme y arremangarme y contar una historia como esta porque creo que el teatro no solo tiene que entretener, sino que tiene que hacernos debatir, reflexionar y dar un golpe en la mesa y sacarnos de nuestra zona de confort y yo creo que con este espectáculo lo conseguimos. No sólo el público se emociona, sino que también me atrevería a decir que se molesta. Sí, es cierto que sigue habiendo en este país ciertos coletazos de los que deberíamos habernos desprendido después de tantos años de democracia. Pero después de 40 años de oscurantismo, que siga habiendo ciertos ramalazos de aquella época, a ciudadanos como a mí nos inquieta y nos molesta. Y en ese sentido Los santos inocentes es una puerta abierta que nos dice ‘ojo con esto, que todavía no hemos superado ciertas formas de actuar’ y deberíamos de estar pendientes de que no se repitan.

Un pasado que elogian ciertos partidos políticos.

Son más de tres millones de votos los que consiguió la extrema derecha y que están representando a muchos españoles en el congreso, con lo cual en este país aún hay muchos señoritos Ivanes a los que les gusta apretar la bota y el cuello del de abajo. Y eso es lo que cuenta la novela de Delibes. Una ley como la de Memoria Histórica yo creo que es necesaria. Supongo que habrá gente dispuesta a olvidar, pero habrá otra mucha que quiere enterrar a sus muertos y es digno que se llegue hasta el final y que podamos vivir por lo menos en paz y de una forma tranquila.

¿En qué terreno se ha desarrollado mejor como actor?

Es complejo. Algún caso ni siquiera es una película, sino una secuencia o un momento. Es estar orgulloso con una forma de hacer o de haber llegado a entender un personaje. Pero, si tuviera que elegir, elegiría La isla mínima. Primero porque fue un salto cualitativo en mi carrera. Yo, que hasta ese momento era un actor muy emparentado con la comedia y la televisión, pues se me abrieron las puertas de un determinado cine y pude acceder a trabajos que tenían que ver con el drama y el thriller, y a directores de prestigio que hasta ese momento no me habían llegado. Y, por supuesto, para mí en el teatro, haber podido trabajar durante tanto tiempo con Animalario me ha permitido acceder a tantísimos textos como el de Hamelin de Juan Mayorga, con el que llegamos a ser Premio Nacional de Teatro. Pero si tuviera que elegir un solo espectáculo sería Alejandro y Ana, lo que España no pudo ver de la boda de la hija del presidente, dirigida por Andrés Lima. O el Argelino seguidor de dos amos que hablaba de la inmigración, que era una versión de Alberto San Juan de Arlequino, servidor de dos patrones de Carlo Goldoni y con la que gané el Max en el 2009 en el Cuyás. Y la televisión, que durante mucho tiempo fue un medio denostado, a mí me ha deparado muchas alegrías, donde hice Águila roja, con un personaje como el de Sátur, que me deparó mucha popularidad y cariño de cara al público.

«Reivindico el producto nacional porque si hay algo bueno en este país, son sus grandes cómicos»

¿A qué actores admira?

Soy admirador de una generación de cómicos, como dijo Bardem al recoger el Oscar, que va de Alfredo Landa a José Luis López Vázquez, Paco Rabal, Fernando Fernán Gómez o José Bódalo. Reivindico el producto nacional, porque si ha habido algo bueno en este país es grandísimos cómicos. Soy un gran admirador del neorrealismo italiano y volver a ver El pisito, El cochecito, El mundo sigue, y tantas obras de décadas anteriores, es un deleite para cualquier apasionado. Y hay parte de nuestro cine desconocido por una gran parte del público que quedaría sorprendido de su gran calidad.

Un cine español que fue denostado hace unos años.

Tuvo que ver más con una intoxicación política, donde el mundo de la cultura se pronunció por la guerra de Irak y hubo una cruzada en contra nuestra, como que somos unos subvencionados, unos parásitos y gente que no trabaja. Algo lamentable a poco que uno mire lo que reciben las arcas del estado gracias al cine español, y lo poco que recibe el cine español de las subvenciones del estado. Y las exenciones fiscales actuales hace que muchas producciones internacionales se acerquen a nuestro país y redunde en nuestra economía. Si le explicamos a esa gente la enorme creación de empleo que genera el cine, tendría otra idea totalmente diferente.

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