Crítica

La Orquesta de Bamberg y una batuta discutible

La Orquesta Sinfónica de Bamberg.

La Orquesta Sinfónica de Bamberg. / LA PROVINCIA / DLP

Guillermo García-Alcalde

Guillermo García-Alcalde

Siempre recibe grandes elogios la orquesta de los festivales wagnerianos de Bayreuth, pero pocos saben que en buena parte está formada por instrumentistas de la Sinfónica de Bamberg.

Esta bella ciudad bávara, en plena Franconia alemana y próxima a la sede elegida y diseñada por el propio Wagner hace casi siglo y medio, cede su orquesta al foso invisible del gran acontecimiento, que permanece cerrado diez meses de cada año.

Comento esta circunstancia porque no recuerdo haber escuchado en vivo a esta orquesta tan prestigiosa antes de su concierto para el FIMC el pasado domingo en el Auditorio Alfredo Kraus, tan rotundamente lleno que hasta se abrieron los proscenios de la izquierda, casi siempre cerrados. Y lo hago porque de su concierto en Las Palmas mantengo ciertas reservas, en contradicción con el entusiasmo de la mayoría de asistentes.

Tuve la impresión de que no se hizo una prueba acústica en el Auditorio, sobre todo en lo que concierne a los volúmenes fortissimo en Beethoven y Dvorak, muy estridentes.

En otro sentido, la dirección del maestro titular, el checo Jakuv Hrusa, tiende a cortar de manera un tanto abrupta el fraseo de los finales no ligados, maximiza los grandes volúmenes y, lo menos molesto, se escucha algún gallo en trompas y notas arrastradas en violines.

Ciertamente, algunas de estas pegas no responden a fallos sino que derivan del concepto un tanto demagógico de Hrusa, joven y algo cortante maestro.

Lo mejor del programa fue lo más difícil, el Concierto para violín y orquesta de Stravinsky, lleno de aristas en la inestabilidad de los tempi, agresivo en los ritmos que se cambian y suceden de manera fulminante y magistral en la conformación de las medidas.

Dirigido con exacto criterio, tuvo como solista a la moldava Patricia Kopatchisnkaja, tañedora potente y segura, simpática en gestos y como poseída por una movilidad mercurial con su vestido nacionalista y los pies descalzos en toda la obra. Se dirigió al público con una voz inaudible para anunciar un folklótico duo con el concertino.

Respecto a la Obertura Leonora 3 y la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, sonaron literalmente bien tocadas, pero siempre con el estilo de un maestro que ama los cortes en seco, los fortes y pianos extremados y una visión global discutible.