La sinfonía eterna de Juan Hidalgo
Este domingo 26 de febrero se cumplen cinco años de la muerte del artista que rompió y polinizó todos los géneros

El artista Juan Hidalgo en su casa en Ayacata.
La sinfonía artística de Juan Hidalgo, referente de la vanguardia y la poética subversiva, no puede describirse en movimientos, sino acaso en happenings, en lenguas más que en lenguajes, que se cuelan por el oído y perforan la corteza de lo que es el arte en la partitura de lo posible. Su melodía no comienza con un allegro en la sala oscura del tardofranquismo en los 60, sino que se expresa a través de un grito: ¡Zaj!
La obertura fue el compositor y filósofo John Cage, padre espiritual, que inspiró las variaciones de una mirada expandida y revolucionaria sobre la acción musical, aunque la fuga fuera siempre la performance, con esa polifonía radical vertebrada por el contrapunto de tres voces: Walter Marchetti, Ramón Barce y Juan Hidalgo, con la adhesión posterior de Esther Ferrer, tras el golpe seco de esas tres letras: Z-A-J. Su tempo creativo transgredió los pentagramas, signos y claves para abrir nuevas líneas de experimentación en la contracorriente de la política de posguerra.
«Hay que practicar la vida como arte y después el arte como vida», clamaba el artista
Pero este último, el grancanario, fraguó un universo multimedia propio en el intersticio entre dos sonidos, con un marcado carácter inaugural en el mapa de una generación de artistas sin miedo, donde se erigió en el primer compositor español invitado a los míticos festivales de Darmstadt, en Alemania, así como en el primer artista que firmó una composición electroacústica, etcétera.
Y en ese deletreo lento de la libertad, la trayectoria de Juan Hidalgo rompió barreras y se consagró como una canción de gramática propia, fuera de todos los moldes, donde la música poliniza la acción que es a su vez teatro, plástica y verso, porque la poesía se hibrida con la imagen que se transfigura en textos atravesados por el deseo, el sexo, el desafío, el humor, la ironía, la utopía, la extravagancia, la provocación, la filosofía zen, lo inaudito, lo inesperado.
Etcétera
«Hay que practicar la vida como arte y después el arte como vida». Así resumía el artista grancanario la mímesis o metonimia de su existencia, protagonista de un capítulo fundamental de la historia del arte contemporáneo internacional. Premio Nacional de Artes Plásticas en 2016, Medalla de oro al mérito en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura en 1989, Premio Canarias de Bellas Artes en 1987, y etcétera, como el apéndice de la mayor exposición retrospectiva de su ingente producción artística, Juan Hidalgo & etcétera, que exhibió el centro sociocultural Tabacalera en Madrid.

Exposición 'Juan Hidalgo & etcétera' en Tabacalera.
«Zaj es como un bar. La gente entra, sale, está; se toma una copa y deja una propina», escribió Marchetti en una mítica postal del colectivo, en 1966. Y así es como suena esta canción, como un principio creativo que no tiene coda final, sino que se extiende como una noche o un grito, o como declaró el crítico de arte Fernando Castro Flórez, «se abre con la ambigüedad poética del etcétera».
Y es que Castro fue el comisario de aquella extraordinaria muestra antológica del artista grancanario en Madrid, que abrió sus puertas en septiembre de 2018. Juan Hidalgo murió siete meses antes, a los 90 años.
Silencio
Ahora, esta sinfonía se repliega en el tiempo, lo detiene, lo cuestiona y se vuelve sobre sí misma para escuchar su propio silencio. Imaginemos que esta hendidura temporal dura 4 minutos y 33 segundos de silencio, como la pieza cageana de 1956 que compuso la primera esencia de la música y que en este instante es también la ausencia de Juan Hidalgo.
Este domingo 26 de febrero de 2023 se cumplen cinco años de su muerte en su hermosa casa de Ayacata, que compartía con Carlos Astiárraga, pareja sentimental y actual custodio de su obra.
Carlos Astiárraga conserva un cuerpo importante de su legado de todas las etapas artísticas
Quizás baste afinar un poco el oído para escuchar el rumor de Juan Hidalgo a lo lejos, las reverberaciones de un eco que permea a cada vez más generaciones de artistas, creadores, historiadores e investigadores del arte, que regresan a este referente que reescribió el hecho creativo en los márgenes del arte para resignificarlo. Como suele suceder, el continuo desafío e incomodidad de su obra no obtuvo en su tierra el respaldo y reclamo que merece, así que quizás este sea el tiempo de volver a inaugurar a Juan Hidalgo antes de que el silencio llegue al segundo 273.
Patrimonio
Si arte y vida compusieron su música, su casa en la aldea grancanaria de Ayacata fue el paisaje y refugio. Desde este enclave cumbrero a un millar de metros sobre el mar, Astiárraga, máximo experto en la obra de Juan Hidalgo, ha trazado el rumbo de un extenso legado artístico que, bajo su punto de vista, debe enfilar un camino de reunificación para su acogida y conservación «como patrimonio cultural y artístico de Canarias».
En los puntos suspensivos de aquel Etcétera madrileño, al que el artista no llegó a tiempo, el interrogante sobre el futuro de su obra alumbró distintos senderos alternativos en la mente de Astiárraga, como la creación de una fundación, la reconversión de su residencia tejedense en una casa-museo o el alquiler de la colección a una institución o centro museístico interesado.
La coyuntura de la pandemia abrió un paréntesis en las conversaciones sobre estos posibles derroteros, si bien, entre tanto, el nombre de Juan Hidalgo se abrió camino en la literatura ensayística con su esperadísima incorporación a la Biblioteca de Artistas de Canarias (BAC), con el monográfico número 71, que ponía el broche a publicaciones póstumas anteriores como el libro Juan Hidalgo y Zaj. Arte subversivo durante el franquismo [Etcétera] (Huerga y Fierro, 2018), que ahonda en su vida y obra bajo el prisma de la perspectiva de género y su abierta homosexualidad; y la reedición del álbum Rrose Sélavy (Discos Transgénero, 2018), publicado en Milán en 1977 por el sello Cramps Records e inspirado en uno de los seudónimos de Marcel Duchamp, abuelo espiritual.
Negociaciones
Por fin, después de un largo silencio pero mucho ruido en el entorno del artista, el pasado enero de 2022, Astiárraga reanudó las negociaciones con el Cabildo de Gran Canaria para su consideración como futuro depositario del conjunto de la obra de Juan Hidalgo. A su juicio, «este es el lugar en el que debe estar».
«Yo tenía una obligación moral y sentimental para perpetuar la obra de Juan Hidalgo», confiesa su viudo, que ejerció a su vez como comisario de múltiples exposiciones del artista. «La muerte de Juan, después de tantos años juntos, fue un duelo complicado y le di muchísimas vueltas a las distintas opciones mientras trataba, al mismo tiempo, de volver a florecer yo mismo», continúa.
«Yo tenía una obligación moral y sentimental para perpetuar la obra de Juan Hidalgo», declara Carlos Astiárraga
«Yo tengo un importante cuerpo de obras de Juan de todas sus etapas artísticas, así que la idea es que ese legado no esté disgregado, sino aglutinado y depositado en un mismo lugar que sirva como punto de referencia a escala local, nacional e internacional. Y el Cabildo de Gran Canaria se mostró interesado desde el principio».
Así lo confirma la actual consejera de Cultura de la corporación insular, Guacimara Medina, que se encuentra en conversaciones con Astiárraga desde el pasado verano para cerrar un acuerdo para la compra y adquisición de obras. «Nuestra intención es hacernos con, al menos, parte de la obra de Juan Hidalgo, aunque aún no podemos desvelar más detalles», resume. Astiárraga también se reunió la pasada semana con el presidente del Cabildo grancanario, Antonio Morales, presidente del Cabildo, quien reiteró el interés de la corporación por albergar el legado del artista.

Una de las obras más aclamadas de Juan Hidalgo.
Cuenta Astiárraga que los informes relativos a la relación de obras, su tasación y estado de conservación -que ha contado con la implicación de la conservadora del CAAM Marta Plasencia, la investigadora y comisaria Yolanda Peralta, y una tasadora externa- fueron entregados el pasado enero, así como una relación de los documentos y objetos personales, desde fotografías y cartas a pruebas de artistas o bocetos, que se remitirían como donación.
«Parece que todo va avanzando», sonríe. En cuanto al referente físico donde se alojaría esta sinfonía artística, el sendero se bifurca hacia dos posibles horizontes, que se enmarcan en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) o el futuro Museo de Bellas Artes de Gran Canaria (MUBEA), actualmente en construcción en el antiguo hospital San Martín, en Vegueta, ambos bajo el paraguas del Cabildo.
«Nuestra intención es hacernos con, al menos, parte de la obra», apunta Guacimara Medina
La última performance
Sucede que las vibraciones de una onda sonora que atraviesa el aire conforman esferas radiales que salen de la fuente de perturbación en todas las direcciones. Este centro, de la Isla al resto del mundo, es el CAAM, templo artístico de varias de sus obras y que, bajo la dirección de Orlando Britto, no solo acogió en su anexo en San Martín, futuro MUBEA, la última exposición fotográfica de Juan Hidalgo en 2017, sino que su sede principal fue escenario de su última performance, con su cuerpo inerte en el ataúd situado en el centro del museo.
A su muerte, hace hoy cinco años, la canción armonizó todos los sonidos en una melodía perfecta: Juan Hidalgo como obra de arte, la última performance, la sinfonía eterna. Que lo demás no sea silencio, sino etcétera.
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