Entrevista | Jorge Navarro Bajista y letrista de Biznaga
«Biznaga ha roto un poco la baraja de lo que era ser punk en España»

Los cuatro integrantes de Biznaga: Jorge Navarro, Álvaro García, Jorge Milky, Pablo Garnelo. / LP / DLP
Biznaga actuará este viernes en el Parque Litoral El Rincón de la capital grancanaria dentro de la primera de las tres jornadas del Mojo Music Festival. El cuarteto inicia así una gira que le llevará el sábado al Vulcano Fest en Tenerife y el domingo a Bodegas El Grifo en Lanzarote. Con cuatro excelentes trabajos, Biznaga es de los combos punks nacionales con un discurso más refrescante y de mayor profundidad intelectual.
Lo primero que llama la atención en la música de Biznaga es el alto nivel lírico de sus canciones envuelto en un punk fulminante y sin concesiones.
Estamos acostumbrados un poco a ver esas propuestas de punk en las que el mensaje y la forma en la que se transmite, tanto sonoramente como a nivel lírico, se dan la mano bastante, muy amalgamadas y en la misma línea que es la que has apuntado, directa y sin concesiones. Sí es verdad que, en ese sentido, Biznaga se desmarca un poco de esa tradición en la que la gente entiende por punk. Aunque el punk, desde finales de los años setenta, ha dado tiempo a que haya habido muchos tipos de punks. Y hay algunos que vienen de una tradición un poco más literaria, callejera, política o divertida. Al final, en todas estas décadas, ha habido tiempo de ver bandas punks de todo pelaje. Y yo creo que Biznaga rompe un poco la baraja en lo que creo que solía sonar un poco en España, que relacionamos el punk con el rock radical vasco y la música que se hizo en los años ochenta y noventa.
¿El mensaje requiere ahora, por tanto, de una mayor serenidad para poder valorarlo?
Sí, porque antes ese mensaje formaba parte de una tradición más a la yugular, un mensaje que si muchas veces tenían algo de político estaba rozando lo panfletario y los eslóganes encadenados. Y en ese sentido Biznaga se come un poco más la cabeza y busca decir las cosas de forma no tan evidente, sino buscando nuevas maneras de mandar el mensaje. Aparte de que el lenguaje lírico tiene que adaptarse al siglo XXI. No puedes estar repitiendo «mucha policía, poca diversión» 40 años después. Requiere una cierta evolución. A mí me gustan las letras curradas, que puedan sacarle máximo posible del ropaje sonoro, que tenga que ser un ensayo. Hay letras muy sencillas que pueden ser muy brillantes, pero en realidad es buscar lo que mejor le va dentro de la personalidad del letrista. Nosotros nos lo hemos currado mucho y al final es, sin duda, una de las señas de identidad del grupo.
¿Y cuáles son los grupos punk clásicos que más les influyen?
Nunca hemos sido demasiado dogmáticos y lo del punk lo hemos cogido siempre con pinzas. Sin duda, el punk ha sido una gran influencia en el planteamiento sonoro del grupo, pero no ha sido la única. En ese sentido no hemos sido un grupo punk ortodoxo, que solo escuchaba grupos punks y se movía en ese ambiente. Somos muy inquietos y escuchamos música muy variada, y esas influencias han acabado permeando en las influencias del grupo con el paso del tiempo. Sí que al principio, se nota que es más evidente esa raigambre ochentera con nombres como Parálisis Permanente o Eskorbuto o, en menor medida, Ilegales. Y, más adelante, iban manifestándose músicas que nos gustaban desde siempre. Pero con el paso del tiempo, cuando ves que la gente responde a esas canciones que no son tan punks, rápidas en el sentido de la melodía, uno va dando salidas a esas influencias que también las entiende como suyas que pueden ser pop.
Eso se nota sobre todo en vuestro último disco, Bremen no existe. ¿Cuáles serían esas novedosas influencias?
Hay dos más claramente. Por un lado, The Cure de mediados de los años ochenta, no los tan siniestros del principio. Y los primeros REM. Pero son dos grupos que vienen del punk por los ambientes en los que se fraguan y la música que ellos hacen es lo que se ha venido a denominar postpunk. Los tomamos de referencia como grupos que han sabido perfeccionar el punk y han dado grandísimas canciones pop. Y como nosotros queríamos dar una versión más pop nos fijamos en ellos. Pero un grupo que está desde el principio son los Clash y sigue a día de hoy muy presente en aspectos como la composición, el espíritu de la banda, incluso en la estética. Pero nos interesan cosas muy variadas, y a veces estamos escuchando jazz. A Milky, el batería, su música favorita es el reggae y el dub.
En España, concretamente, Biznaga guarda muchas conexiones con Futuro Terror.
Con ellos hemos compartido mucho y hay admiración mutua. Fíjate que el bajista Néstor fue, con el sello Musagre de casetes, el que sacó la primera referencia de Biznaga, en 2013, nuestra demo y nuestro primer EP. Hace once años que los conocemos y nuestra relación se mantiene. Futuro Terror es otro grupo inquieto en el que pueden rastrearse influencias como Feelies o Wire, grupos que también nos puede gustar mucho. Y eso hace su música más rápida e interesante. Yo lo considero también un grupo hermanado.
En vuestro sonido también se percibe el punk más arty de The Fall, Magazine y Wire,
Sí, nos encanta ese sonido muy inglés, por lo menos en los setenta y ochenta, que salía de las escuelas de arte. Multitud de jóvenes recalaban con inquietudes artísticas y formaban grupos de la misma manera que les daban por pintar. Y yo creo que ese enfoque artístico lo plasmaban en una música inmediata como el punk.
Un ejemplo de que el término punk está totalmente prostituido es observando cómo eran en realidad las cuatro grandes bandas del género: Sex Pistols, The Clash, Damned y Stranglers.
No habría que ser nada dogmático. Al final el punk es una palabra muy conflictiva, que suscita tantas definiciones como personas puedan trata de explicarlo, porque es un término líquido, elástico, que ha salpicado la cultura popular desde su aparición, e incluso a día de hoy resulta confuso. Hay mucha gente que, tras cualquier salida de tono de un político de derechas, se refiere a eso como punk, cuando en realidad no es así. Se ha confundido mucho y puede que ahí esté su personalidad o su interés, que es difícilmente catalogable. A esos grupos que has dicho yo añadiría a los Buzzcooks como grupo de esa primera hornada y que aporta una personalidad propia muy melódica y una herencia muy grande a los grupos que vienen luego y cuya primera piedra puso Ramones.
Lo cierto es que es difícil encontrar nuevos grupos punks con discursos originales. ¿Cómo lo han logrado ustedes?
Buscamos hibridar el mensaje profundo e imbricado de una manera que lo pueda entender la mayoría de las personas, pero sin dejar de ser diferentes. Y todo esto dentro de un contexto en una música contundente, con músculo y pegada. Creo que eso contribuye a hacer el mensaje más potente. De esa mezcla de factores radica la personalidad del grupo y nos ha permitido destacar y aportar al panorama cosas que, yo creo, que no muchos grupos aportan. Esa mezcla de mensaje profundo y sonido contundente.
La portada de vuestro último trabajo podría llevar a equívoco con un disco de música infantil.
Lo que queríamos al principio era algo que transmitiera cierta infantilidad, pero una infantilidad un poco desastrada, triste, inquietante, en el sentido de que no son dibujos amables. Si te das cuenta, por ciertos rasgos de los dibujos, no son infantiles del todo. Queríamos buscar ese punto infantil pero un poco desolador, de tristeza, pero yo creo que lo hemos conseguido porque el artista con el que hemos contado es especialista en hacer dibujos relativamente infantiles y darle la vuelta.
Algo parecido sucedió con el anterior disco Gran pantalla.
Nos gusta probar cosas distintas. Todas las portadas son diferentes. La primera era un collage, un arte hecho por Néstor, el bajista de Futuro Terror. La segunda era una especie de desviación de un cuadro de un pintor surrealista belga del que cambiamos ciertos elementos para situarnos nosotros en él. El tercero era la mosca en una foto y la cuarta era ilustración. Lo de la mosca funcionaba muy bien conceptualmente porque el disco era temático sobre el uso de las pantallas y la tecnología y cómo su impacto marca el ritmo de los tiempos y la manera en la que lo relacionamos con nosotros. Entonces nosotros estamos al otro lado del cristal y vemos a la mosca que se ha estrellado a un pantalla, pero esa mosca puede que seamos también nosotros. Era algo icónico. Puede resultar desagradable, pero deja un pozo, hace que te acuerdes de ella.
La crítica a una época como la actual en la que se accede a todo, pero no se profundiza nada.
Vivimos en la era de la multitarea y hay tanta oferta o, utilizando un poco el término de la tecnología, hay tantas pestañas mentales abiertas que vamos saltando de una a otra sin realmente extraer la sustancia de ninguna de ellas. Estamos en todos los sitios, pero realmente en ninguno. Y eso ocurre también con los productos culturales. Podemos estar leyendo tres libros mientras escuchamos música, contestamos al correo electrónico, etc. y el cerebro hace un grandísimo esfuerzo y eso pasa factura porque el ser humano no está hecho para estar saltando de una tarea al otro. Pero actualmente hay que se hiperproductivo. Y esa es la era en la vivimos.
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